TODOS LOS CUENTOS
¿EL COCODRILO MUERDE?
Había una vez un cocodrilo y si te da una mordida, vaya impacto. ¿A ti te mordió? ¿Te dolió? ¡Sí que me dolió! Sus dientes muy filosos, si se muerde la lengua seguro que le dolerá mucho. Si no fuera por el meteorito el cocodrilo sería como el salón de literatura. ¡Sí, gracias a Dios que el meteorito cayó! Porque a nosotros nos comería de un bocado. Yo saldría corriendo, si el meteorito hubiera caído aunque le digamos “fuchi”. Nos comería, un rasguñón y te corta en tres, un aplastón y quedás planito. ¡Fatal! ¡Sí, fatal! Imagínense que se encuentran con un cocodrilo de la prehistoria. Les ganaría en un segundo. ¡Madre santa! ¡Qué mordida! ¡Hospital, hospital! Ahhh, duele, duele, duele. Un conejo pasa. Cranch. Lo come. Ay, me imagino. ¡Qué dolor! Mucho dolor. Me salvé. Fui a un hospital. Sí, era urgencia, ¡me había mordido un cocodrilo! Un cocodrilo, con un coletazo, ya estás frito. Lo del coletazo es verdad. Sí, claro que es verdad. Si no, el cocodrilo no sería peligroso. Y es peligroso, no se crean que se puede vencer así de fácil, porque puede ser muy agresivo. Pero, capaz que si lo tratan bien, se puede tranquilizar. Pero si ya está tranquilo no les sirven ninguna de mis opiniones y si es así, no valieron la pena mis opiniones. Pero hay más probabilidades de ser feroz para proteger a sus crías. Y si lo molestan, también.
MANUEL DERMIDYIAN
1º A
EL MISTERIO EN TURIKIO
En una mañana muy lluviosa, algo espantoso ocurrió. Había muerto Viviana, la persona más rica del pueblo Turikio.
Nadie sabía qué había sucedido, nadie había escuchado nada, como si fuera poco tenía tres compañías de seguridad, cada una con 18 personas, 13 guardaespaldas, 5 mucamas y por último 1 mayordomo.
Se contrató al mejor detective de Turikio llamado Fernando Vialba y poco a poco salían sospechosos. Sospechosa número uno: Cindy Culefson, la mejor amiga de Vivi y celosa de su fortuna, con la cual había compartido la noche anterior. La cuestionaron así:
F.V. preguntó: ¿Qué hicieron anoche?
C.C. contestó: Nos reímos y comimos.
F.V. preguntó: ¿Qué comieron?
C.C. contestó: Pizza y tomamos coca-cola.
F.V. insistió: ¿Pizza casera o comprada?
C.C. dijo: Pizza casera...la hice yo en mi fábrica!
F.V. entonces dijo: ¡Eso basta! por los próximos 10 días su fábrica de pizzas y pastas permanecerá cerrada.
Así seguía la búsqueda de un culpable.
Al día siguiente del crimen a Fernando se le ocurrió otro sospechoso y así fue que marchó a la casa de Luciano Penclouc, hermano de la víctima y desde hace mucho tiempo peleados por las preferencias de sus padres. Así procedió la charla:
F.V. preguntó: ¿Hace cuánto que no ves a tu hermana?
L.P. contestó: Hace ya 3 días y luego de decir esto gritó con furia, ¿por qué?, ¿qué le pasa a mi hermana?
F.V. respondió: Ella murió anoche y agregó, ¿por qué motivo la viste hace 3 días?
L.P. contestó: La vi hace 3 días porque se cumplieron 2 años de la muerte de mi mamá.
F.V. entonces dijo: ¡Eso basta! Nos vemos mañana a las 12:00 PM en la casa de Viviana.
Luego llamó a Cindy y le dijo lo mismo que a Luciano Penclouc.
Allí se encontraron y Cindy tenía los ojos llorosos y empezó a gritar ¡yo fui! ¡Yo, yo, yo!
Nunca se volvió a saber de Cindy, pero lo que si se supo es que Luciano se quedó con toda la fortuna.
Tiempo más tarde encontraron una carta que decía: “Quiero a mi hermano, entonces, ¿por qué no le puedo dar mi fortuna?.........” Ese es otro caso para resolver.
ALDANA GOLDBARG TAFEL
6º B
EL PULPO CONTRA EL SALMÓN
Había un pulpo de anillos azules que no quiere ser peligroso. Un día jugaba con su amigo que se llamaba Más anillos azules y al final no se preocupó más. Y después se enfrentó a un salmón y le ganó por sus anillos azules.
KEVIN CASERES
2º B
EL TIBURÓN CHICO
Un día estaba un tiburón paseando por el mar, pero vio que todos se escondieron rápidamente. El tiburón se olvidaba de todo; hizo memoria y se acordó: ¡la medusa eléctrica! La medusa era mala, porque al primero que veía lo hechizaba, entonces quiso escapar pero ya era tarde y la medusa ya estaba allí.
La medusa hechizó al tiburón y él se hizo chiquitito. Ja, ja, ja, se reía la medusa y se fue. El tiburón fue nadando rápido a la casa de la morsa. El tiburón tocó la puerta y en un santiamén la morsa abrió la puerta.
– ¿Quién es? –dijo la morsa.
El tiburón intentó que lo viera pero no lo vio. Y así en varias casas. El tiburón, triste, se fue del océano
– ¿Cómo que se fue? –dijo el pez espada.
–Sí, se fue –dijo el pez serrucho.
–Orden, orden –dijo el jefe de los tiburones. Mientras, el tiburón seguía su camino. Luego de nadar se encontró una pequeña pecesita llamada Sofía, y era linda, más bien, una pecesita perfecta. El tiburón se enamoró de ella. Mientras, los demás tiburones decidieron dejarlo de lado. La pecesita le dijo al tiburón:
– ¿Querés casarte conmigo?
–Sí –dijo el tiburón.
El tiburón se elevó por los aires y se convirtió en un pez de verdad.
LUZ ARRASCO
3º A
EL SAPO EGOÍSTA
(Mención especial)
Hace más de mil años existió un sapo muy egoísta que quería y tenía su lago para él solo, pero lo peor era que no se lo prestaba a nadie.
Un día vio que en el lago había pececitos que estaban en su lago y el sapo se enojó y los amenazó diciéndoles que iba a poner un cartel.
Al otro día puso un cartel que decía:
SEÑORES Y SEÑORITAS: SE DECIDE QUE DESDE HOY NO PUEDEN ENTRAR SAPOS
Todos los niños al escuchar eso se pusieron tristes. Ellos amaban el agua del lago que parecía cristalina.
El sapo, al ver que nadie le hablaba y que hubo muchos que se mudaban, entonces decidió sacar el cartel y poner:
ENTREN AQUÍ QUE LA FELICIDAD ES GRATIS
Y desde ese momento las ranitas, sapitos y todos los animales vivieron felices para siempre.
Fin
Cuento contado ya se ha acabado y por la chimenea se va al tejado.
M. VICTORIA SANTILLI
4º A
LA ISLA DE LOS INSECTOS GIGANTES
Había una vez un grupo de exploradores que exploraban las costas raras que veían en los lugares extraños. Una vez vieron que había una isla extraña con animales atravesaron el océano y llegaron a una isla que no conocían se fijaron en el mapa pero no estaba tampoco y fueron a explorar la isla. De repente escucharon un ruido que hacía JJJJJJJJ miraron para adelante para atrás y para los costados miraron para arriba y había un tipo de lechuza con patas de araña gigante. Salieron corriendo fueron al bote y navegaron de repente escucharon una cosa que golpeaba el barco muy fuerte y se escuchaba ¡tum tum tum! Y se asomaron por el bote y vieron una cosa azul. Fueron otra vez hasta la orilla y vieron al mar y en el mar había una ballena gigante y se quedaron mucho tiempo viendo el mar y se quedaron nueve días mirando el mar. Después de esos nueve días vieron que volvía a salir la ballena del agua. Después fueron al medio de la isla y vieron un tipo de pantera con un aro puntiagudo en el cuello. Fueron a otra parte de la isla y vieron un rinoceronte con alas. Se frotaron los ojos y seguían viéndolo. De repente uno de los exploradores sintió algo que le movía el pie miró para abajo y salían unas pinzas de cangrejos se quedaron un rato y vieron a un bicho raro que salía de la tierra salieron corriendo al bote y llegaron hasta su país.
LUCAS FISZMAN
1º D
JULIETA Y LA FÁBRICA ENCANTADA
Había una vez una nena llamada Julieta. Vio que el cielo estaba despejado y decidió salir a hacer una excursión al bosque. Les pidió permiso a sus papás y se fue.
Caminaba mientras sacaba fotos, en un momento vio que el cielo despejado se iba llenando de nubes y más nubes, hasta que se largó a llover.
La joven buscaba desesperada un refugio hasta que encontró una cueva. Esa cueva era de color verde y le salían luces. Julieta no sabía que hacer, si entrar o irse a otro lado.
Notó que llovía cada vez más fuerte así que decidió entrar. Cuando entró vio que la cueva era muy oscura, se acordó que tenía una linterna en su mochila. La sacó y la prendió. Pegó un salto cuando vio una flecha en la pared, miró y vio que apuntaba a la derecha, no creía que fuera una trampa, pero tenía que atravesar la pared.
Julieta se quedó muda por tener que atravesar la pared, cuando pudo moverse la atravesó. Se quedo sorprendida por ver una puerta con el nombre: “La fábrica encantada”. Abrió la puerta y encontró el lugar – de aquí viene la luz – decía Julieta. Desde el fondo de la fábrica sonó una alarma antihumanos, Julieta quiso huir pero un estilo gancho gigante la agarró y la llevó a un lugar con una puerta donde estaba una mujer. Esa mujer estaba vestida de negro y a Julieta le daba escalofríos, muchos escalofríos.
La mujer le dijo su nombre: Mujer Encantada. Julieta vio la mirada de la mujer – se te complicó niña – dijo la mujer a Julieta – te hechizaré por siempre hasta que salgas de la cueva - ¡splan! Julieta se dio vuelta y la mujer hechizó la mochila.
A la mochila le salieron unos ojos y una boca. A Julieta no le pasó nada, por ahora. Los padres se preocuparon por Julieta porque se iba haciendo de noche y Julieta no regresaba, la mujer hechizó esta vez a Julieta y Julieta se hizo chiquita y fue a parar a la boca de la mujer. – Aaaahhhh – gritaba Julieta hasta que llegó al estómago -¡qué asco! ¿Qué come esta mujer?- Pasó días allí y empezó a agrandarse hasta que ¡pom! salió del cuerpo de la mujer. Y la retó a la mujer a un desafío – si me vences yo me quedaré y si yo gano me iré a mi casa – dijo Julieta y… ¡splam! ¡splam! Se peleaban la mujer hechizando a Julieta y ella golpeando a la mujer. Julieta se estaba por rendir y frente a sus ojos apareció… ¡Lucki! ¿Y quién era Luki? pues un perrito, su mascota de 3 años e hizo que Julieta gane porque la mujer le tenía miedo y se fue corriendo.
Se fueron los dos muy contentos y al salir de la puerta de la fabrica no sabían donde ir. Julieta se acordó: - ¡la flecha! - y encendió la linterna y ahí estaba la flecha la atravesaron y… ¡Charan! ahí estaba la salida, salieron y todo fue normal no se acordaban de nada. Llegaron a su casa y los padres la abrazaron muy fuerte.
Cuando Julieta fue grande pensó: - yo habré vivido o habré soñado esa aventura-.
- Fin -
LUZ NATALIA ARRASCO MONTIEL
3º A
DOS MIRADAS
(Mención especial)
Este era el día. Miraba como se movían sus rulos y me emocionaba y pensaba ¡me voy a animar!
El brillo de sus ojos iluminaba una esperanza un sí de su parte. Pero su sombra estaba ahí con la idea de un no.
Estaba tan sobresaltado, emocionado. La soga seguía girando, ahí un poco lejos, a un par de metros, pero más cerca que nunca. Mi corazón latía y latía y latía y no paraba de latir. El amor que sentía era tanto que explotaría en mil pedazos, como una copa que se cae y se rompe.
Di un paso hacia ella y sentí que di un paso hacia el altar, en la iglesia. Pensé, soñé despierto con ese día.
Di otro paso y me acordé de lo que decía mi tío de su suegra. Imaginé que sería lo que diría ella de mi mamá, de mi amada y dulce mamá.
Di otro paso y me puse rojo, de golpe. Sentí que ella me quería y, sin que nadie me vea, muy muy discreto, me emocioné por dentro.
Di otro paso y pensé en la prueba de historia. Es que, ustedes saben, aunque el amor sea mucho, uno se desconcentra por momentos.
Di otro paso, era el último. Era el último pero duró más que mil segundos, mil minutos, mil momentos, mil años...
Mi corazón me latía y me latía y me latía. No lo pensé, me acerqué y ya a lado de su oído le dije...
Iba a ser hoy, ya me había dado cuenta. Mientras saltaba, lo miraba de reojo. Yo sabía que él me estaba mirando, me daba cuenta. Cada salto que daba era un latido en mi corazón, o en mi alma, como dice mi abuela.
De golpe lo miré, estaba un poco mas cerca. Luciana me miró y me asusté, pensé que se había dado cuenta de algo.
Seguí saltando. De fondo escuchaba el canto de “sí das un salto una hija tendrás, dos hijas tres hijas y das otro más”. Me dio mucha risa. Me imaginé yo casada, con él, tal vez y con hijos, sí, dos hijos tres...
Lo miré, estaba más cerca, yo sabía que él “se me” estaba acercando ¡QUÉ LINDO EL AMOR! ¡Me salió, en voz alta! Pero tan alta. Luciana me escuchó e hizo un gesto de asco. Que sabía ella de amor.
Saltaba y saltaba y saltaba y esperaba que él llegara, con un corcel, como en los cuentos.
El sol me pegaba en los ojos y al mirarlo, de reojo, por supuesto, me di cuenta de que estaba más cerca, muy cerca, tan cerca...
Se me puso al lado, de mi oreja (muy cerca) y me dijo...
VALENTINA COTTET
6º C
EL OSITO PREGUNTÓN
Un día osito le preguntó a mamá: “¿Por qué siempre tenemos que comer miel?” Y la mamá le dijo: “Porque yo no sé dónde hay otro bosque que tenga otras comidas”. Y osito le preguntó: “¿Por qué no existen los bosques de chocolate o de papas fritas?” Y la mamá le dijo: “No sé, osito, pero ya es hora de ir a dormir, osito. Vamos, vamos a la cama, osito”.
CAMILA AGUSTINA ANCE
2º B
EL ALMA LUZ
(Mención especial)
Una luz, una luz muy bella... ¿Qué es?, ¿una luciérnaga?, ¿Una estrella? Tal vez una luz muy brillante... Una luz muy brillante está en un sueño. Un sueño de una niña muy pequeña y bella llamada Luz... Luz sueña y sueña, y de pronto se despierta... Comienza a gritar:
-¡Esa luz! ¡Esa luz! ¿Dónde está?
La mamá la oye gritar y va corriendo a su habitación
-¿Qué pasa? ¿Qué té pasa hija mía?
-¿Y mi luz? ¿Dónde está mi luz muy brillante?
-¿De qué estás hablando?
-En un sueño una luz demasiado brillante
-¡Calmate hija!, ya se te pasará
La mamá va corriendo a decirle a su esposo.
-Cielo, Luz está gritando “una luz”.
-Amor, seguro sueña con su abuela, apenas murió hace dos días. Seguro se la imagina en sus sueños.
-No creo.
El padre le fue a preguntar a su hija Luz que le pasaba. Y le dijo:
-Era un alma, pero transformada en una luz.
-¡Ah!-le dijo el padre sin entender nada.
-¿No entiendes nada, no?
Bueno, me tengo que ir a hablar un ratito con mami, pero vuelvo en unos minutos.
-Amor, me dice que era un alma convertida en una luz.
-A mi también me dijo algo parecido... Mejor ve tú, que siempre la entiendes más que yo.
El padre fue a la habitación de Luz y la encontró dormida, se acostó junta a ella. Durmieron juntos y el padre soñó lo mismo que ella. Cuando se despertaron el padre exclamó:
-¡Ya sé que es!
-Yo también sé qué es-dijo Luz
Resulta que esa luz, no era más que una luz, una niña pequeña y bella.
CAMILA ZYLBERMAN Y SILVINA BRAUN
4º C
EL NUEVO
Tú entraste por esa puerta
Y una sonrisa se me escapó
Pues tu cabello rubio y
Tus ojos hermosos son
Te sentaste a mi lado,
Y me dijiste: ¡hola!
Era tanta la emoción
Que ni el hola me salió.
Pero todo acabó
Porque la maestra entró
Y luego te sentó al lado de
Maria sol y ella robó tu corazón
MALENA SAURI
5º B
TRAVESURAS Y COMPAÑÍA
(Mención especial)
Capítulo 1: Comienza la historia
Era una vez, una familia con cuatro miembros:
El mayor, el padre llamado Jhon tenía cabellos negros como la oscuridad, era robusto y muy elegante. Siempre vestía ropa adecuada y tenía muy buenos modales. Otro integrante de esta familia era su esposa a la que llamaban Amy, tenía cabellos castaños y ojos marrones. Al igual que Jhon, Amy era muy elegante puesto que su padre y su madre eran ingleses ella trataba de comportarse a su nivel.
Debes estar pensando, ¿no tienen hijos? y yo te contestaré la pregunta si, tienen dos. La mayor se llamaba Liss y le encantaba leer. Tenía el cabello como su madre y su mirada era dulce y hogareña, generalmente ella era muy amistosa y pasiva pero...
... el hermano menor la ponía completamente loca. El se llamaba Brian, tenía cabellos negros como su padre y ojos marrones como la madre él era bastante molesto y lo que más le gustaba (aparte del helado de chocolate) era molestar a su hermana, cosa que no se privaba de hacer.
Ya que he hecho mi trabajo dejaré empezar esta gran historia.
El 20 de abril, era el cumpleaños de 15 de la hermosa Liss. Éste se festejaba con un gran baile en su misma casa, ya que era completamente enorme. A las 21.30 en punto empezaron a llegar los invitados, mientras que, Liss estaba ocultada en su cuarto terminando de cambiarse cuando estaba por salir la madre le dice: -estás hermosa-. -Gracias madre- respondió Liss tan contenta que apenas le salía la voz. -Date una vueltita antes de bajar que quiero verte de atrás también -dijo la madre, Liss obedeció pero cuando estaba de espaldas a la madre le vio la cara y preguntó: -¿pasa algo?- con voz temblorosa. La madre sabiendo que en algún momento se iba a dar cuenta le respondió: -hija mía mírate al espejo- Liss se mira al espejo de espaldas cosa que no le resultaba fácil pero cuando lo logró no le causó nada de gracia lo que veía, tenía en la parte de atrás del vestido (que encima era blanco) pintada con aerosol de colores una patineta. La pobre Liss no tuvo mas remedio que ponerse otro vestido diciendo: -lo voy a matar- con voz baja porque a su lado estaba su madre quien no dejaría que eso ocurra. 5 minutos después, Liss ya estaba en el salón bailando (afortunadamente) con el chico que le atraía pero en un momento todo quedo en la oscuridad. Se cortó la electricidad, por lo tanto no se veía, no se escuchaba la música, y para colmo, todos se pisaban. A las 24 horas exactamente se habían ido todos sus invitados
Capítulo 2: La pobre Liss y su gran venganza.
La pobre Liss estaba desconsolada ya que todo su cumpleaños estaba arruinado. Brian que estaba escondido detrás de las cortinas del comedor (donde estaba Liss) se moría de la risa ya que todo esto había sido un plan de él. La mañana siguiente a las 8.30 de la mañana Liss ya estaba levantada (cosa que pasaba muy pocas veces ya que le gustaba quedarse en la cama de mañana). Ella estaba planeando un plan de venganza contra su hermano ya que la había puesto en ridículo y encima en su cumpleaños de 15, por lo tanto no sería lo mismo que hacer un sólo plan para ponerlo en ridículo sino que quedara humillado para toda la vida. Era las 10 cuando a Liss se le ocurrió un plan que sería perfecto. Ella sabía que hoy su hermano había invitado a sus dos mejores amigos y la niña que le gustaba y eso hizo que la niña (Liss) estuviera mas contenta que nunca pues era la mejor oportunidad en años que se le podría haber presentado para poner en práctica su gran plan. A eso de las 2 de la tarde los amigos y la niña que le gustaba a Brian llamada Grace ya estaban ahí. Al igual que lo había planeado Liss, Brian los llevó directamente a su habitación la cual era su orgullo. Cuando los niños entraron en su habitación se rieron de una forma increíble. Cuando Brian se asomo a su habitación para tratar de ver de qué se reían tanto sus amigos y Grace casi se desmaya. Liss que estaba escondida detrás de las columnas (porque cada habitación tenía en su costado una columna) se mató de la risa pero nadie se dio cuenta puesto que los chicos se reían mucho mas fuerte que ella. Los amigos de Brian y también Grace se marcharon aguantándose la risa para no poner peor de lo que estaba a Brian que apenas se marcharon sus amigos gritó -Odio a Liss!!!!!!!-.
Cuando sus padres llegaron a la casa encontraron a Brian llorando en su rincón favorito e inmediatamente le preguntaron qué le pasaba. Brian les contó que Liss le había llenado toda la habitación con stickers de Barbie, Barnie y demás, además le había pegado un póster que decía: “qué ricos los gusanos”. Cuando Brian terminó de contar su historia la madre se propuso en ir a retar a Liss pero a Brian no le alcanzó que la retaran sino que cuando se encontró con Liss dijo: -esto es guerra-. -De acuerdo- dijo Liss riendo.
Capítulo 3: Guerra
Ese día ninguno de los padres durmió tranquilo, tenían miedo de que, en el rato que ellos estaban acostados sus hijos tramaran una gran venganza.
La noche siguiente los padres estaban más preocupados aún puesto que, ese día ninguno de sus hijos había hecho la guerra. ¿Sería porque no se les había ocurrido nada? o mejor ¿porque ya se les habría pasado? ¿O sus padres tendrían que interferir mayormente? Nadie lo sabe, ni siquiera yo, la escritora. Lo que si sé, es que algo terriblemente feo pasará.
En efecto la mañana siguiente, mientras que desayunaban nadie habló se podría escuchar hasta una mosca si no fuera por la exclamación de Liss al decir -ja- ese “ja” fue la palabra que más miedo me produjo al escribirla puesto que estaba dicha con maldad, odio y lo peor de todo venganza.
Los padres de Liss y Brian estaban realmente preocupados puesto que si sus hijos seguían así no iban a tener mas remedio que separarlos de un método que sería no muy lindo se podría decir.
Mientras que los padres estaban muy mal por el comportamiento de sus hijos, ellos no sabían lo rápido que deberían actuar. La simpática Liss devoraba los libros de venganza para ver si le traían alguna idea contra su hermano pero lo que no sabía era que tenía que apurarse puesto que no era la única que planeaba venganza sino que el joven Brian (mientras que comía helado de chocolate) tramaba la venganza mas grande que jamás se hubiera conocido.
Pasaron semanas y semanas pero a los niños no se les ocurría una venganza perfecta ya que cada día los niños se molestaban pero no mucho sino más bien poco, no como una venganza sino para que el otro no se aprovechara de la situación de pensamiento de cada uno.
Un día la señora Amy decidió que ya era hora de que Liss tuviera algo más que hacer que molestar a su hermano que era lo que había estado haciendo las últimas semanas. De tanto pensar Amy estaba por rendirse hasta que se le ocurrió una idea perfecta. Cierto día Amy se encontró con Liss y le dijo en un tono completamente pacífico -Liss mi querida niña en la puerta hay un muchacho que quiere verte-. Liss corrió apresuradamente hacia la puerta de calle ya que hacía bastante tiempo nadie la visita en especial un muchacho.
Liss y el muchacho llamado Gustav se llevaron muy bien y él le caía muy simpático a la familia pero un día desapareció. Nadie sabe por qué ni cómo pero Liss quedó completamente destruida pues era el amor de su vida y lo había llegado a querer como un verdadero hombre cosa que era muy difícil que pasara con Liss.
Capítulo 4: Bajo el paraguas
Era un día nublado y Amy tenía que ir al centro de la ciudad a hacer unas compras. Cuando Liss la vio que salía le preguntó a dónde iría. Amy le explicó a Liss que tendría que ir a hacer las compras porque necesitaba unas agujas número 7 para terminar su manta. Liss ya que estaba un poco aburrida le ofreció a su madre si prefería que vaya ella. La madre (que tenía mucho sueño) le dijo que sí pero que se cambiara antes de ir pues, hacía demasiado frió para ir vestida con solamente una remera y una falda hasta la rodilla. Media hora después Liss ya estaba lista para salir se había puesto su mejor vestido de verano, a pesar de que su madre le había dicho que se abrigase ella no quiso hacerle caso, se calzó los zapatos y se fue.
En la mitad del camino comenzó a llover Liss empapada corrió con todas sus fuerzas para llegar al centro lo más rápido posible para no mojarse.
Unos 5 minutos después Liss llego al centro y para su desgracia seguía lloviendo. Desesperada corrió por debajo del paraguas de la primera persona que pasaba, reprochándose a ella misma ¿para qué habría traído su vestido más lindo? ¿Para qué había tenido esperanzas de que su amado Gustav se encontrara con ella? Llorando sin darse cuenta caminaba debajo del mismo paraguas todo el tiempo como si esa persona fuese al mismo lugar que ella. En un momento Liss escuchó una voz gruesa que le decía -¿en qué puedo serle útil?- esa voz a Liss le parecía familiar alzó la cabeza y ... ¿a quién vio? Nada más ni nada menos que a Gustav sonriendo al verla nuevamente. La alegría de Liss era inexplicable aunque todavía no estaba segura de saber por qué había desaparecido tanto tiempo, pero pronto descubrió que no importaba y se echo a reír. En una tienda compraron lo necesario y volvieron a casa de Liss a contar lo sucedido.
Un mes después decidieron casarse.
Fue el casamiento más hermoso que jamás ninguna persona haya visto.
ANA FISZMAN
6º C
EL PUEBLO DE LA VACA COLOR PIEL
En el pueblo de la vaca color piel todo se veía color piel, las nubes eran color piel. Encima estaba nublado.
Todos estaban tristes.
Un día muy feo salió el sol.
El cielo estaba celeste y sin nubes.
Cuando en un abrir y cerrar de ojos se cambió a multicolor.
Así desde entonces fueron felices.
VALENTINA TOMALINO
3º A
EL CABALLO
Un día de sol en una manada de caballos vivía un caballo llamado Relámpago y le gustaban las flores y el pasto. Pero un día hubo una tormenta y no pudieron salir a pastar, los caballos se preguntaban qué eran esas gotas pesadas y mojadas. A la mañana todos pastaron y comieron.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Fin
AGUSTINA ROCÍO OJEDA
4º D
EL CRIMEN CASI PERFECTO
Nadie pensaba que Ernesto Kleenex iba a morir así, con tres tiros en la nuca y las manos atadas, en su taller de arte.
El detective Gustavo Walsh preguntó dónde habría una persona que pudiera hablarle sobre la vida del pintor Kleenex, y un guardia que estaba en el museo Bellas Artes, el lugar del crimen, le contó que el famoso pintor, siempre andaba con un socio suyo llamado Martín Gómez. El detective no dudó, y le preguntó al guardia donde podía encontrarlo, éste le contestó que no tenía idea, y justo en ese momento entró al museo un hombre alto y flaco, con cara muy triste, casi llorando. El encargado del lugar le tocó el hombro a Gustavo Walsh y le dijo bajito:
-Éste es el señor Gómez, me olvide de decirle a usted, que Martín había ido a comprar cigarrillos porque estaba muy nervioso por la pérdida de su mejor amigo.
El detective se acercó al joven y le pidió que lo acompañara al taller donde trabajaba Ernesto Kleenex.
Martín Gómez le preguntó al detective quién era, y cuando Walsh le contestó que era el encargado del caso, el joven aceptó ir a donde Gustavo le pedía.
Cuando llegaron al taller de arte se sentaron cerca del escritorio donde trabajaba el famoso artista. Martín le contó a Gustavo que Ernesto Kleenex no tenía enemigos, era una persona muy amable, a veces un poco serio, pero si no, siempre estaba de buen humor.
Luego de contarle por cuarenta y cinco minutos sobre la vida de su mejor amigo, ya con la cara toda mojada de llorar y conmocionarse al contarle sobre alguien que estaba muerto, Martín se acordó de que había dos sobrinos del pintor que lo odiaban demasiado, y que a veces lo visitaban a la fuerza, porque eran hijos de la hermana del artista, y la señora de setenta y ocho años los obligaba a visitar a su tío, y que estos dos jóvenes eran los únicos herederos de la fortuna Kleenex: Santiago y Manuel Hernández, ambos de treinta y nueve años.
El inspector Walsh, decidió terminar la entrevista y buscar dónde encontrar a los nuevos sospechosos. Cuando supo dónde vivían, allí concurrió para entrevistarlos. Al llegar a la casa, tocó el timbre, y un joven alto y macizo abrió la puerta, algo le impresionó al Dr. Walsh de este hombre: le faltaba un dedo.
-¿Señor Hernández? – preguntó Gustavo.
-Si, Manuel Hernández. ¿Qué quiere?
-Usted queda arrestado por asesinar a Ernesto Kleenex.
El sobrino de la víctima quedó sorprendido y duro.
-¿Cómo sabe eso? – Preguntó.
-Al salir del taller de su tío, casi me caigo con un guante negro de cuero, el socio, Martín Gómez me dijo que no vio nunca ese guante, así que lo mandé a investigar. Me dijeron que el lugar donde va el dedo índice de ese guante no estaba usado, o sea que al dueño de ese guante le falta el dedo índice, y a usted le falta justamente ese dedo.
-Sabíamos que él nos odiaba y que nunca nos iba a dar ni un centavo, queríamos la herencia, por eso lo hicimos.
El detective lo miró, sonrió y dijo:
-El crimen era casi perfecto, sólo que te olvidaste de tomar algunas precauciones.
ANACLARA ROCHA
6º B
¿Y SI FUE EL COCINERO?
La señora Álvarez había aparecido muerta en su departamento. Élida, como la llamaban sus compañeros, había aparecido a las 7:00 p.m. con la lengua cortada.
Elsa no tenia experiencia, estaba a cargo de todo y el peso de sus jefes caía sobre ella. Era natural que se sintiera así. Marta su jefa, era corpulenta y muy estricta, ella lo sabía.
Elsa estaba en la comisaría, esperando que llegara su segunda sospechosa: Alicia, que paseaba al perro del padre de Élida.
-¿Fue usted? -preguntó Elsa a la primera sospechosa, a quien le estaba tomando declaración.
- No señora, jamás cometería un crimen así.
-Hábleme de su romance con el esposo de Élida.
-NO ME PUEDE PREGUNTAR DE ESE TEMA. Además, la difunta sabe perfectamente que yo no fui. ¡Pregúntele!
-¡NO ME HAGA REALIZAR COSAS QUE SABE QUE NO PUEDO! ¡NADIE PUEDE!
-¡¡¡¡Eso es porque la política de este país es un desastre!!!!
-¡¡¡¡¡Qué tiene que ver señora!!!!!
En eso entró Alicia, cortando la discusión.
-¡Hola! ¿Que tal? ¡Disculpen la tardanza! -dijo Alicia, con toda naturalidad.
Stella y yo, la miramos, sorprendidos pensando “¿no se habrá olvidado que es acusada?
Al sentarse, no paré con la investigación:
-¿Fue usted?
-No señora. Todos los jueves salgo con mi marido a "Don Torcuato" a jugar al golf. Además ese día estaba muy soleado y fuimos con los perros del padre.
La coartada de Alicia era muy rebuscada, así que no tardé en derribarla:
-Señora Alicia, cuando encontramos a la dama muerta, estaba tirada en el piso toda mojada a causa de un agujero en el techo, por lo tanto ese día había llovido. Además, los perros del padre, fueron los primeros que la vieron.
-¡A esa hora ya estábamos de vuelta! ¡¡Además, los perros son cuatro!!¡¡Nosotros fuimos con dos!!
Como se imaginaran, se desató una discusión que no tiene sentido contar.
Me fui a mi casa, para ver si me despejaba y de golpe una hipótesis rondaba en mi habitación. Me acordé que hace dos años se había muerto el cocinero, odiado por Alicia, ya que él tiraba las sobras en su jardín. Y me acorde también, que la mucama de Élida, había sido amante de su esposo, del de Alicia, y que ella siempre había envidiado el gran Piccaso que colgaba en el hermoso living de Élida.
Es más, Alicia siempre envidió a Élida en todos los sentidos.
Fui corriendo a la comisaría y le dije a mi jefa Marta que podría haber sido Alicia, que supuestamente se fue con su esposo al golf, pero recordé que Stella Maris, dos días antes me había contado que esa pareja se había separado por falta de amor. Dije que el ex esposo de Alicia, había partido al golf. Élida como habituaba, se acostó a dormir una siesta y Alicia entró y la mató, y le robó el cuadro.
-¿Y LA LENGUA?- preguntó Marta.
-Alicia también estaba celosa de que Élida era la más chusma, por eso le cortó la lengua.
-¡¡USTED ES MUY TONTA!! ¿¡NO LE PARECE QUE SERÍA MUY TONTO HACER ESO, YA QUE QUEDARÍA COMO LA PRIMERA SOSPECHOSA!?
Me fui para atrás. Estaba triste. Había sido mi mejor hipótesis. Corrí a mi casa llorando y se me ocurrió algo. ¿Y si el cocinero no estaba muerto, y harto de que Élida lo llame, le cortó la lengua? ¿Y si Élida intentaba pedir ayuda, pero como tenía la lengua cortada, no podía? ¿Y si se había muerto del susto o algo así? ¿Y si luego entró Alicia y le robó el cuadro?...
VALENTINA COTTET
6º C
Había una vez un león llamado Maxi. Maxi vivía en un bosque pero a él no le gustaba vivir en el bosque, quería conocer otros lugares, por ejemplo, el mar. Después de un largo rato de pensar fue a llamar a su mamá y le dijo:
– ¿Por qué no podemos ir a vivir al mar?
Y la mamá le respondió:
–Porque no tenemos aletas y nos ahogaríamos.
–Bueno, mamá –dijo Maxi– ¿y no podríamos ir a vivir en el Polo Sur?
Y la mamá le respondió:
–No, hijo, nos congelaríamos y aparte nosotros no comemos peces y el bosque es un buen lugar para vivir.
Entonces se quedaron a vivir en el bosque aunque el león no estuvo de acuerdo con su mamá.
TOMAS BIANCHI Y EMILIANO MIGLIORE
3º A Y B
MI ORCA
(Mención especial)
Había una vez una pequeña orca que se llamaba Costa como la costa de la playa. Costa vivía con su mamá y su papá y aquí empieza esta historia.
Una mañana muy cálida, Costa se levantó de su cama de corales y algas marinas, fue a desayunar y mientras saboreaba su desayuno le preguntó a su madre:
–Mamá… ¿por qué vivimos bajo el agua y nunca estamos arriba?
Y su mamá le contestó:
–Es que arriba no hay agua ni corales ni nada que necesitamos para vivir.
En eso apareció su papá y él dijo:
–Mi hijita, nosotros no subimos allá arriba porque hay unos humanos que te atrapan para sacarnos la grasa y así pueden fabricar algunos de sus productos.
Más tarde a la hora de la siesta Costa soñó con tocar el hermoso cielo.
Días después la pequeña orca le dijo a sus papis que quería salir del mar, siguió diciéndoles esto hasta que un día mamá orca aceptó lo que su hijita quería hacer. Pero a papá orca le fue muy difícil decir que sí, pero salieron afuera y les gustó tanto que desde ese día las orcas salen afuera del mar.
VICTORIA TOMALINO
4º B
MANUAL DE BICHOS Y PARIENTES
(Primer premio, 4º y 5º grado)
Mi nombre como saben es Manuel y mi sobrenombre es Bichos. Bichos no fue algo que me lo dijeron toda la vida, pero la verdad es que si quieren saber de donde viene, van a tener que escuchar la historia.
Bueno, esto ocurrió en la ciudad de Reino, donde todavía mandaba la reina Beatriz y yo ya tenía mi moto que ese día me la había regalado mi mamá.
A mí me gustan los animales y por eso trabajo en el Zoológico.
A la mañana siguiente habían avisado en la TV que a la noche iba a caer granizo y yo no los iba a dejar solos a los animales, en el aire libre. Así que decidí que iba a alquilar un camarín del circo para poner a los animales y los llevaría a mi casa de verano en moto y un camión. ¡Iba a ser de complicado! Pregunté al director del Zoológico y creo que no le importó nada, pero lo bueno es que me dijo que sí.
No les voy a contar detalle por detalle, sino se hace muy largo, pero, en fin, igual sólo cuento que tuve que ordenar todo lo que desordenamos en la casa.
Y así es porque mi apodo es de ese modo.
Ustedes se preguntarán que tiene que ver parientes con el título que está en el título y es porque Manuel y los bichos se tratan como parientes aunque sean muy distintos.
M. VICTORIA SANTILLI
4º D
UN LOCO, DOS MUERTES, TRES JOYAS
(9 a.m. de la mañana, que hace 3 horas que encontraron los cuerpos en un cuarto de la casa)
-El hermano de 16 años y una joven de 12 se salvaron gracias a que atinaron a esconderse en un placard que apenas cabían. -Dijo el detective-
-Ellos verifican haber escuchado una voz grave. Pero con tanta angustia no consiguieron reconocerla.
-Parece un caso fácil, pero es muy complejo. El padre era un tipo muy sabio, y que no tenía problemas con nadie, la madre, en cambio, con un carácter fuerte, a la vez, buena señora. Su vecino, Carlos Ramírez, los detestaba por los pijamas parties de la hija y la música muy alta que por las noches la familia escuchaba. Mandé a buscar información pero, es un señor inofensivo, o al menos eso parece. Trabaja como gerente de una empresa, en fin, ya lo interrogué, pero esa noche, estaba en una reunión de trabajo. Pienso yo, ya tantas discusiones ¿no?, ¿un una persona encargada de una empresa, con muy buena ganancia, se podría arriesgar a algo tan semejante? -Dijo el detective- ¿A usted qué le parece oficial?
-Que también podría haber mandado a matar ¿No? -agregó el oficial.
-No lo creo, no le serviría de nada, aparte, este vecino ya había puesto su departamento en alquiler, y no se metería en un gran lío, es más yo creo que la muerte de esta pareja, él lo lamentó.
-Sí, tiene razón, muy buena observación. ¿Algún otro sospechoso hasta ahora?
-No. Mire señor, yo soy muy detallista y eso me ayuda en muchos de mis casos, me voy a quedar acá algunas horas mas interrogando a más personas.
Debido a su muy buena visión, Macheti encuentra en el piso 3 perlas.
-Se las mostré a los chicos y lamentablemente, pertenecían al collar preferido de su madre.
Su tío lejano, Martín, tenía cierta atracción por las joyas, aparte, descubrimos que él ya estuvo involucrado en un robo y permaneció 1 año en la cárcel.
En la comisaría los dos jóvenes, que, todavía traumados, contestaron lo que pudieron con extrema amabilidad.
-Una noche que, Martín, vino a cenar a casa, yo escuché que había amenazado a mi mamá con sacarle las joyas que había heredado de mi bisabuela. Llegué a ver como su cara iba transformándose. Y lo último que escuché fue que ella decía que eran de su pertenencia.
-¿Vos Juan, escuchaste algo?
-No, ese día estaba charlando con mi papá en la mesa.
-Pero, ¿te habían contado sobre esta amenaza antes?
-No, me estoy enterando ahora, oficial, lo que pasa es que siempre se hablaba de Martín como un tipo raro.
-Bueno, muchas gracias chicos fueron de mucha ayuda, pero si no les importa, ¿ustedes tienen algún vínculo que sus padres hayan comentado sobre Martín u otro adulto que pueda colaborar con más datos?
-Si, dijo Juan el joven de 16 años. Unos muy amigos de nuestros papás, qué en ese momento pasaban el fin de semana en su casa de campo.
-¿Y ellos saben sobre el asesinato?
-Lo primero que hicimos fue llamarlos, pero por cualquier duda, aquí tienen el número.
Luego de tener trabajando a un grupo de expertos, no logré descubrir mucho, pero si que el señor Martín Juanes, tenía problemas financieros, y que acumulaba deudas del departamento, tarjetas, etc. Además averigüé que las joyas que tenía la mamá de los chicos eran de mucho valor, y tendría que matar a ambos padres para quedarse con ellas.
Este mismo grupo lo buscó logrando localizarlo.
-Enseguida llegué al lugar donde estaba detenido para poder interrogarlo. Ni por un segundo dudé quien había sido el asesino.
Una vez cerrado el caso el juez aprobó que el matrimonio se quedara con la tenencia de los jóvenes.
SOL TARANTO
6º B
EL CABALLO EGOÍSTA
Érase una vez un caballo muy egoísta con sus compañeros de la selva. Un día empezó a cambiar, porque se dio cuenta que ser egoísta era malo…
Un bello día de sol el caballito le repartía comida a todos los compañeros de la selva muy contento y feliz de la vida.
Todos los habitantes de allí empezaron a quererlo más que nunca.
El 18 de Noviembre todos festejaban de lo generoso que era el caballo.
Y él comprendió que siempre se necesita un amigo…
Y fueron felices y comieron perdices.
MICAELA MONTERO
4º D
EL CHICO QUE HACÍA TRAVESURAS
Érase una vez un niño muy mandón que le gustaba hacer todo tipo de travesuras. Un día le puso a la maestra en su silla, le puso un almohadón que de sonido hacía pum, entonces la maestra preguntó:
– ¿Quién lo hizo?
Todos los chicos señalaban a ese chico. La maestra lo castigó y llamó a la madre del nene malo, volviendo del jardín. La madre retó al chico y desde ese día el chico no hizo más travesuras a la maestra o a sus amigos.
Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
AGUSTINA ROCÍO OJEDA
4º D
PEPE EL NIÑO QUE QUERÍA VOLAR
Érase una vez en un pueblo muy muy pequeño (en el que todos vivían felices) un niño llamado Pepe. Él tenía ocho años y para ser de su edad hay que admitir que sabía una cantidad de cosas impresionante, es más, si no fuera por su altura todos dirían que estaría ya en sexto.
Pepe no era un niño normal. En vez de salir con sus amigos, ir a la casa de su mejor amigo e ir al cine con su mamá, él prefería dibujar los pájaros, estudiar sus alas, tratar de hacer su propio par. Le fascinaban esas cosas.
Un día de lluvia, que su mamá había ido al mercado el niño al no poder salir para ver las aves y sus encantadoras alas decidió que ya había llegado la hora, había llegado la hora de que él mismo debía inventar algo para volar. Se preguntarán -¿cómo algo?-. Sí algo, cualquier cosa, podía ser que hiciese sus propias alas, crear una hélice, y hacer volar algo. Cualquier cosa. A Pepe se le ocurrió una idea magnífica, increíble, prácticamente hermosa, pero también muy pero muy difícil. Pepe fue corriendo a la cochera. Busco rápidamente su bicicleta (estaba bastante sucia, ya que no la usaba hace ya mucho tiempo) y la llevó a su habitación.
También tomó de allí unos trozos de madera (bastante grandes) y los llevó junto a la bici, agarró un cuchillo muy afilado y empezó a darles a los trozos de madera forma de hélice. Luego de un buen rato quedaron completamente perfectos. Unió las hélices, las pintó y luego las pegó en la punta delantera de la bici de tal forma que parecía un avión pero con forma de bici.
Esa noche (Pepe) casi no podía dormir, estaba tan contento con su invento.
A la mañana siguiente, cuando despertó inmediatamente se fijó si el día estaba soleado cosa que notó por rayos completamente fuertes que surgían de afuera y fue directamente hacia su nuevo invento, estaba tan contento. Fue hasta una colina se tiró de allí subido a la bici y surgió un milagro, la hélice comenzó a girar y a girar y a girar cada vez con más fuerza hasta que mágicamente despegó.
Ese fue el cuento que vine a contar, como ya terminó yo me voy, pero quiero que quede en claro una cosa:
Pepe existió y este cuento (más bien historia) que les acabo de contar fue transmitido de generación en generación así que espero que quien lea este cuento lo publique o lo cuente cuando tenga hijos/as, nietos/as, sobrinos/as, etcétera.
ANA FISZMAN
6º C
Había una vez un conejo que comía zanahorias y mucho, y engordó tanto que no podía ir a jugar con sus amigos. Y un día comió poco para ir a jugar con sus amigos, y también hacía gimnasia para bajar de peso, y después fue porque había bajado de peso y quedó flacucho y todos los amigos de él se fueron a jugar a las escondidas, y después se fueron con sus esposas, y todos en diez días tuvieron hijos e hijas re buenos y buenas y los hijos de los amigos se hicieron amigos y todas las esposas se hicieron amigas y todas las familias fueron felices.
JULIETA GREGORI
2º D
BURBUJAS BURBUJERAS
(Mención especial)
Un día una nena llamada Luz se fue a bañar. Llenó la bañadera con espuma, cuando se metió escuchó una voz que decía:
– ¿Querés jugar con conmigo?
Luz se preguntó quién era, entonces escuchó la misma voz que decía:
– ¡Soy una burbuja!
Luz vio en el medio de la bañadera que una burbuja levantaba la mano.
Luz le contestó:
– ¡Claro que quiero jugar, señora burbuja!
La burbuja saltó hacia ella y llamó a sus amigos y les dijo:
– ¡Háganle un collar a la niña que cambie los colores!
Los amigos salieron del agua y le hicieron un collar a Luz, la burbuja después dijo:
– Canten y bailen sin parar.
De pronto escucharon la voz de la mamá que decía:
– ¡Dale, Luz, salí de la bañadera!
Luz se puso triste porque no quería salir de la bañadera. Entonces la burbuja le dijo:
– Yo me tengo que ir, pero cuando te bañes, yo estaré ahí.
Luz salió de la bañadera y se despidió de la burbuja.
AYELÉN GOICOCHEA
4º A
UN VIAJE NEVADO
Introducción:
Un poco incómoda desde adentro del micro, a Laura le parecía que el viaje no terminaba más. Pero ya presentía ese fresquito típico y sabía, sabía que estaba llegando a Bariloche. Ya quería sentir el calorcito en su cuerpo, cuando tomara chocolate caliente. Por supuesto, era un detalle que no podía faltar en un viaje como ése…
Historia:
Laura recibió sus valijas y admiró el paisaje. ¡Qué hermoso era aquel lugar! ¡Increíble! Luego empezó a notar que los bolsos estaban pesados. Ella no era de cargarlos mucho, pero como viajaba a la nieve, necesitaba mucha ropa abrigada.
El remís llevó a Laura hasta la cabaña. Ésta era sencilla pero acogedora, como una enorme taza de chocolate caliente. Hasta le salía humito de la chimenea. Tenía un comedor chiquito, con un hogar a leña. Deliciosa, dulce y alegre. Era el lugar ideal para charlar, para compartir un mate, para tomar el té entre amigos, o simplemente para estar…
A las tres y cuarto de la tarde Laura salió, patines en mano. Iba a pasar el día patinando en cualquier lago congelado. La gente que estaba allí vio cómo se deslizaba aquella joven y se quedó entusiasmada. Lau terminó de patinar y fue hacia el bar más cercano. Entró y se sentó en la mesa que estaba del lado de la ventana. La miraba y sonreía. Se acordaba de que su abuela le contaba la experiencia del viaje a la nieve desde que era chica, y le explicaba que cada vez que iba a un barcito, le gustaba ir al lado de la ventana, y observar cómo la nieve caía, mientras disfrutaba de una gran taza de chocolate caliente. Cada cosa que Lau veía le hacía acordar a su abuela Nelly.
Al día siguiente, a las siete de la mañana, sonó el despertador. Laura, estaba casi lista (todavía le faltaba vestirse y todo lo que uno hace a la mañana) para ir a la excursión más grande de su vida. ¡Iba a escalar, junto a otras personas, una montaña altísima! Más o menos de 840 metros. Tal vez, no era mucho para un profesional, pero para Lau, sí.
Primero, un teleférico los llevó hacia el lugar de comienzo. Luego, repartieron zapatillas especiales y mochilas con provisiones, etc. Con guías y profesionales, escalaron los primeros metros (que no fue nada fácil). Laura, no lo podía creer. Sabía que lo estaba haciendo bien, y definitivamente lo estaba haciendo bien.
-Un pie, una mano. El otro pie, la otra mano… - recordaba Lau tal cual le habían indicado los guías.
Cuando llegó hasta arriba, boquiabierta, casi se desmaya. Ese lugar… ¡era maravilloso!
Estando arriba aprovechó y entró a una casita que vendía alfajores. Por un momento sintió que le tocaban el hombro. Cuando se dio vuelta, Laura estaba más feliz todavía.
-Vicky, ¿sos vos?- preguntó Laura
-Sí, Laurita. ¿No te acordás de mí?- le contestó su amiga del jardín y su compañera de aventuras.
-¡Debo estar soñando!- pensó Lau mientras abrazaba a su amiga.
Unos minutos después de observar el paisaje, Laura le propuso a Vicky:
-Cuando bajemos… ¿querés venir a mi cabaña? Es ideal para charlar entre amigos y tomar unos deliciosos mates.
-¡Dale! Me parece una idea genial -contestó su amiga.
Pero antes, disfrutaron juntas del paisaje desde la alta montaña. Era todo blanco, absolutamente todo. Como un palacio de cristal. Desde allí arriba, podían ver la cabaña de Lau, la de Vicky, el barcito “La Ventana Nevada”, al que Laura había ido y se acordó de la anécdota de su abuela, y también podían ver… ¡casi todo el pueblo!
Había llegado la hora de bajar. Pero ambas sabían que iban a charlar y tomar un mate juntas en una cabaña chocolatada.
Cuando terminaron de bajar, un joven, que al parecer era un paseador de perros, pasó con muchos perros Husky y saludó a las personas que guiaban y ayudaban. Al ser chiquito el pueblo donde estaban las chicas, seguro que todos se conocían.
Laura se hacía la que escuchaba, pero Vicky no se daba cuenta y le seguía hablando con el propósito de no parar.
-¡Siempre es así!- pensó Lau.
De repente, vieron que un perro se alejaba del grupo a toda velocidad. Todos, incluyendo a Laura y Vicky, lo persiguieron. Pero nadie logró alcanzarlo. Al cabo de unas horas, ya todo el pueblo sabía de la desaparición del Husky.
Laura y su amiga no se detuvieron ni un momento. Se proponían no parar hasta encontrar al perro. Se subieron al teleférico para localizar al perro desde lo alto. El último intento fue ir a patinar por todos lados, a ver si lo encontraban. Cuando ya se dieron por vencidas, fueron al bar para descansar.
-¡Nunca lo vamos a encontrar!- dijo Laura.
-¿Te acordás de lo que nos dijo Nelly cuando éramos chicas? “Cuando menos lo busques, lo vas a encontrar”- dijo Vicky.
En ese momento, vio que un perro pasó corriendo por al lado de la ventana. Laura reaccionó enseguida, se puso los patines y salió tras él seguida por Vicky. Lo persiguieron cuadras y cuadras hasta que lograron atraparlo. Agitada, Laura dijo:
-¡Uff! Te atrapé…
Lo llevaron a la casa del paseador. Cuando abrió la puerta y vio al perro, se sorprendió.
Muy agradecido, como recompensa, les regaló una caja de bombones. Como apasionadas del chocolate que eran, compartieron los dulces.
-¡Ya sé! Le puedo regalar esto a la abuela.- dijo Lau.
-¿Eso? Creí que le querías llevar algo especial.
La partida:
Tres días después, ya había llegado la hora de partir.
Esta vez, el viaje no le resultó incómodo, al menos no se daba cuenta, porque tenía a su amiga al lado que no paraba de hablarle, ¡como siempre!
Juntas, hicieron un resumen de lo que pasaron.
-Y no te olvides del típico barcito -le recordó Lau a su compinche.
- Y del perro. Y también del pueblo -dijo ansiosa Vicky.
Cuando llegaron a la estación, se despidieron.
Al llegar a su casa, Laura gritó, al ver que toda su familia estaba esperándola. ¡Qué sorpresa!
Repartió los regalos y, cuando llegó el turno de la abuela, le dijo:
-Tomá, abu. Esto es para vos. Espero que te guste.
- ¡Claro que me va a gustar, mi amor!- dijo la abuela mientras abrazaba a su nieta.
Cuando abrió el paquete con delicadeza Nelly casi se larga a llorar de la emoción. Era lo mejor que le podía pasar. Que su nieta le traiga una cajita de bombones con música.
-¡Es hermosísima!- exclamó su abuela.
Una bella música se desplegaba por el ambiente, mientras una linda bailarina patinadora giraba al ritmo de la música. ¡Sonaba tan romántico!
-Como la primera vez que vi a tu abuelo, nena. Igual.- dijo la abuela.
Luego, Laura les contó todo lo que hizo. Desde su encuentro con Vicky hasta la búsqueda del perro. Junto a su abuela, Lau le puso un nombre a esta hazaña: Un viaje nevado.
Glosario:
Teleférico: medio de transporte utilizado en las montañas.
Husky: raza de perro, típico de la nieve y lugares fríos.
LUCÍA JIMENEZ
6º B
PAVO REAL FELIZ
Un día un pavo real se sentía real. Su mamá le dijo:
– ¡Tranquilo, hijo! Aunque nos llamemos reales no significa que seamos reales.
Y el se puso triste y pasó una pavita real y le dijo:
–Te quedan lindas las plumas…
Y se casaron.
FIN
MARINA ARRASCO
1º A
Había una vez un leopardo que tenía mucha carne. Pero el pequeño leopardo ya estaba cansado de que siempre comía mucha carne, quería comer pasto o miel. Al mes se quedó con mucha hambre hasta que consiguió lo que quería y se hizo vegetariano por casi toda su vida y todos fueron felices. Fin
GUSTAVO VILTE
2º B
TRES CORAZONES
Hace apenas seis años, cuando María entró a primer grado, como siempre empezó a conocer a sus compañeros y a hacer amigos. Ese mismo año se despidió de una amiga que se fue a Israel. Ella extraño a ésta compañera, durante todo el año siguiente.
Los días fueron pasando, hasta llegar a segundo, donde conoció a un nuevo compañero. María no sabía si había repetido o si lo habían bajado de tercero porque no estaba al nivel. Aquí un grupo de chicas quiso que María se uniera a un club llamado “El club de las cancheritas”, pero la condición era abandonar a su mejor amiga, pues ésta no cumplía con las condiciones necesarias para ingresar al mismo, por lo que decidió rechazar la oferta. Pero ese año se despidió, nuevamente, de dos compañeros. Uno de ellos era Nicolás, quien se fue a vivir a Italia, mientras que la otra persona era su amiga, aquella con quien había vivido momentos únicos. Pero al contrario de Nicolás, esta chica simplemente se cambiaba de escuela. María mucho no los extrañó ya que con Nicolás no se llevaba muy bien, y, su amiga vivía al lado de su casa.
María llegó a tercero, pero no sin compañía, junto a ella llegó Cupido, quien empezó a flecharla. María pensó que ese año ya nadie se iría pero no fue así porque una de sus tantas amigas, que parecía un lorito se despidió de ellos para siempre. María la extraño bastante, pero no tanto como había imaginado.
Finalmente, María llega a cuarto grado y recibe a una nueva compañera que más o menos en el tercer bimestre se fue y abandonó a sus amigas, María antes de que esto sucediera hizo algo sin pensarlo y por esto la cambiaron de sección y fue como la “nueva” del otro curso. Allí se encontró con amigos y gente que conocía de otro lado, también conoció a Emiliano quien acababa de terminar con su novia y quedó completamente flechado por María.
María llegó a quinto grado donde la pasó muy bien y recibió dos compañeros que repitieron, uno era una especie de “pleito” mientras que la otra compañera se convirtió en otra de las amigas de María. Este año tenía una oportunidad con matemática, compitiendo en unas olimpiadas y, ya que le gustaban tanto las matemáticas decidió intentar. Pero sólo logró pasar la primera ronda.
Este año vuelve a cruzarse en su camino la oportunidad, pero nuevamente fracasa. Pasaron los meses, y sorpresivamente aparece la oportunidad de presentarse en un certamen de matemática en pareja, esta vez decide esforzarse más, pero la respuesta tarda en llegar y ella y su compañero nunca supieron como quedaron. Este mismo año recibe dos compañeros y uno era su antiguo compañero que se había ido a Italia. Ella al reconocer a Nicolás queda flechada y se lo cuenta a su mejor amiga Lucia, quien vivía al lado.
En octubre todo sale a la luz y Nicolás le propone ser el novio de ella y la pequeña niña se sintió tan afortunada que le dijo que sí. María siguió el resto del año con su noviazgo y Nicolás se peleó con Emiliano, quienes eran mejores amigos. Nicolás era tan cariñoso que le regaló una tarjeta, que para María significaba demasiado por lo que decía.
María llega a séptimo y no lo puede creer, sigue con su noviazgo mientras que Nicolás dice todo lo contrario a María se le presenta una nueva oportunidad, pero esta vez no era de una materia exacta, sino que era sobre literatura, la cual era sólo de su escuela y pensó “si tuve tanta mala suerte con las matemáticas porque no probar con la lengua” y entonces empezó a escribir y espera que le vaya mejor que con las matemáticas. Sus esperanzas aún no acaban y se esfuerza enormemente para que esta vez, sus expectativas se logren.
SOFÍA JAZMÍN ÁLVAREZ
7º A
EL PEZ LOCO
Una tarde había un pez que se enamoró de una sirena. Por supuesto, cuando se iban a casar un amigo dijo: “Vení así ves el banquete”.
“No puedo”, dijo el pez. “La sirena se escapó”, le avisó otro amigo.
“Cómo que se escapó. Vayan a buscarla”.
Al día siguiente los amigos Martín y Julián la encontraron durmiendo.
“Vamos, hay que llevársela a Oscar, nuestro amigo que encima hoy se tiene que casar”.
En la boda la sirena dijo: “No acepto”.
Oscar tan triste se fue y la sirena también. A la tarde Oscar vio a Selene, su amiga.
Oscar le preguntó: “¿Querés ser mi novia?”
“Sí”, contestó Selene.
De esa forma la sirena fue feliz y Oscar también.
VALENTINA TOMALINO
3º A
Había una vez una chica que se llamaba Charli, que luchaba con mostros y un hombre que luchaba con mostros y se llamaba Agustín y un día se encontraron en una lucha y vieron una señora que era maga y la chica y el hombre y la maga lucharon con los mostros y serpientes y cascabeles y yacarés y Charli y Agustín se casaron y tuvieron un hijo y le enseñaron a luchar con mostros chiquitos y cuando tenían diez años le enseñaron con mostros grandes y los cuatro lucharon para siempre muy fuertes y muy enojados.
GUSTAVO
LAS EXTRAÑAS MÁSCARAS
(Mención especial)
Estaban todos sentados frente al escenario. Ella bailaba, para no tener nervios, ignoró el público y siguió los pasos con la mente. Glizzad, glizzad y relevé. En el último paso vio que a su compañera se le empiezan a derretir los pies, quiso ir a salvarla, pero ella también se estaba derritiendo. Se dio cuenta quién era el causante, eran las máscaras, que estaban introduciendo un veneno en su rostro.
La máscara empieza a cubrirle los ojos, lo único que ve son un montón de luces rojas. Quería ver un poco más allá, pero la máscara se lo impedía.
Se despertó y se dio cuenta de que todo había sido un sueño, y se alegró de eso.
Fue al ensayo el baile.
Empezaron. Vio a su compañera de baile y eso le hizo acordarse del sueño.
-La noto muy distraída, Dazuki, hasta ayer era una alumna excelente.
-Discúlpeme – dijo agachando la cabeza.
-Bueno entonces sigamos.
-No debo distraerme – pensó.
Siguió perfectamente el ritmo de la música hasta que cuando tuvo que hacer el primer glizzad se quedó tildada, le volvieron los recuerdos a la mente. Volvió en sí al recibir un fuerte golpe en los pies.
-¿Acaso no entiende?
-Perdóneme.
-La próxima vez que te distraigas no bailarás.
Cuando terminó se fue a su casa y se recostó sobre la cama.
Debo dejar de pensar en ese sueño, o podría llegar a invadir mis pensamientos – se dijo a si misma.
Fue hacia el espejo, lo que más apreciaba de ella eran sus bonitos ojos grises.
-Que tonta soy, ya tengo quince años como para dejarme llevar por sólo un sueño.
Dio media vuelta y se fue.
Esa noche soñó algo parecido. En vez de derretirse se convirtió en una mujer llena de maldad, de cabellos blancos, uñas largas y piel lisa, ella era quien manipulaba las máscaras. Llena de maldad disfrutaba ver que se derretían, pero en su interior todavía perduraba su alma verdadera y no quería ver como se morían sus compañeras. Se despertó agitadamente.
Fue al colegio, aunque no pudo dejar de pensar en ese sueño. Ahora creía que era demasiado obvio, era más que un simple sueño.
A la tarde, tratando de relajarse, se le durmieron las rodillas y se cayó al piso y repentinamente empezaron a llegar recuerdos a su mente.
Una niña de unos tres años que estaba en un bosque, tendida en el suelo, desmayada, de repente se cayó una mujer encima, pero ésta en vez de levantarse, se volvió casi transparente y se introdujo dentro de la cabeza de la niña.
Dazuki se levantó, se dio cuenta de que eso no había sido un sueño, sino un recuerdo.
Empezó a pensar. Recordó aquella mujer que se había caído arriba de la niña era muy parecida a la dama de su último sueño. En ese momento sintió un escalofrió. ¿Quién habrá sido esa niña? ¿Por qué recordó aquello? ¿Acaso alguna vez vivió esa escena? Esas preguntas le produjeron más miedo aún.
Ese día faltó al ensayo de danzas clásicas y empezó a investigar en fotos diarios de cuando ella era chica y algunos recuerdos familiares. Pero no encontró nada. Así que decidió ir al pueblo donde había nacido, a una hora de la ciudad.
-¿Por qué quieres ir allí? – preguntó su madre.
-Quiero ir a visitar a mis parientes.
-¿Por qué…?
-Mamá, vuelvo a la noche.
-Está bien, pero ten cuidado.
Al otro día partió, se tomó un remis hasta el pueblo. Aunque era mentira lo de los parientes, ella quiso ir porque sabía que vivía un anciano que tal vez pudiera saber algo sobre ese extraño momento.
Cuando llegó tardó un largo rato en orientarse, ya que hacía mucho que no iba.
Tardó un largo rato en encontrar la casa del hombre. Cuándo llegó tocó la puerta y él apareció.
-¿Qué se le ofrece?
-Disculpe las molestias, pero quería preguntarle algo.
-Pasa.
Le contó todo lo que había soñado y recordado.
-¿Usted sabe algo al respecto?
-Sé una historia.
-¿Podría usted contármela?
-Si, bueno, hace muchos años atrás, un espíritu maligno creó unas máscaras que las llamó “máscaras del infierno”, ya que tenían una conexión con el mal. Estas máscaras, las usaba para torturar, ya que Hosuki, el espíritu maligno, torturaba a la gente inyectándoles un veneno a través de las máscaras. Los humanos le pidieron a Karume, un ángel que habitaba en la Tierra, que hiciera algo al respecto. Karume quiso en recompensa una joven. Tardó dos días en vencer al espíritu maligno, siempre quería que la mujer estuviese al lado. Cuando lo venció no logró matarlo, ya que era muy poderoso, entonces lo selló introduciéndolo en el cuerpo de la niña e hizo un conjuro que después de mil años la jovencita reviviría.
-¿Y qué tiene eso que ver eso conmigo?
-Bueno, todavía no terminé, en aquel entonces la joven era una de las bailarinas de una aldea de Japón.
-Todavía no llego a entender.
-Ella era una bailarina, tú también lo eres -el hombre seguía viendo la cara de confusión de Amalia entonces siguió -Esos recuerdos eran tuyos, tu eres aquella joven.
-No puede ser.
-Pero así es. Lo que no tomó en cuenta Karume es que Hosuki no había muerto, y en tu interior se fue haciendo cada vez más poderoso. Primero se mete en tus sueños, después en tus pensamientos, en tus recuerdos y luego terminas convirtiéndote en ella.
-¿Y qué tengo que hacer para superar eso?
-Lamentablemente nada, auque lo puedes atrasar un poco, si es lo que deseas, y no participarás de tus danzas.
-¡No eso nunca! ¡Era mi sueño! – dijo casi llorando.
-Ya sé que te duele y mucho, pero es tu sueño o tu vida.
-Bueno, al menos tengo un mes para pensarlo, pero necesito que me cuentes algo, ¿qué hicieron con las máscaras?
-Tendré que contártelo del principio, esas máscaras que Hosuki había hecho, eran simplemente unas máscaras de madera. Ella lo que hizo fue agrietarlas y en cada grieta le hizo un conjuro maligno, era un conjuro que unía el mundo con el infierno y luego las forró con una seda roja que hacía que el objeto siguiera como nuevo.
-Pero yo me refiero a qué hicieron después de sellar a Hosuki.
-Dije que te lo contaría del principio, no seas impaciente, bueno, no me interrumpas, ella al ser la creadora, podía manejarlas. Al sellarla, Karume, no pudo destruirlas, ya que no tenían control alguno y también, como te había dicho, estaban forradas con una tela indestructible, entonces, lo que hizo Karume es ponerlas en un cofre con un candado muy particular que sólo ella podía abrir, el cofre estaba lleno de los más poderosos pergaminos y además le hizo un campo de energía para que nadie lo pudiera tocar. Fue llevada por las sacerdotisas y monjes más poderosos a un profundo pozo y lo enterraron. Pero como te había dicho, Hosuki fue aumentando sus fuerzas y destruyó todas las barreras que mantenían selladas a las máscaras.
-Pero… ¿cómo hizo, si estaba en mi cuerpo?
-Era muy poderosa y ahora más aún.
-Ya entiendo, cuando las máscaras vuelven a su dueño aumentan sus fuerzas.
-Si, y además en ese momento ella no podía destruir las barreras, pero ahora sí porque es más fuerte.
-Creo que basta por hoy, ¿si?
-Bueno, hasta luego.
-Adiós.
Volvió por el campo, no quería ir por aquel fastidioso pueblo. Caminaba y miró al horizonte, ¿cómo hubiera sido en esa época? Repentinamente un recuerdo invadió sus pensamientos. La misma mujer, levantaba la cabeza y… ¡no tenía ojos!
Empezó a correr sin sentido de orientación, estaba muy asustada por aquel recuerdo.
Cuando se dio cuenta ya era de noche y estaba perdida en un monte extraño. Trató de no escuchar los sonidos de la noche, pero era imposible, las lechuzas no paraban de cantar y otros animales nocturnos seguían haciendo ruido. La noche estaba muy oscura, con sus ruidos y encima aquel horrible pensamiento. Ya no podía, parecía que todos sus miedos se encontraran allí. Las piernas se le aflojaron y sus ojos empezaron a cerrarse. Un sonoro golpe ahuyentó a las aves. Se había desmayado.
Soñó que estaba en ese mismo monte, volteó su cabeza y se encontró con una luz lejana ¿Acaso sería el pueblo? Decidió correr lo más rápido que podía hasta aquella extraña luz. Cuándo llegó se encontró con un pueblo vacío, en el que sólo había un cofre abierto. Se asomó para ver lo que había adentro. Había unas quince máscaras rojas. De repente escuchó una voz que decía:
-Llévatelas, ¿no es lo que quieres?
-¡Por supuesto que no! Esas máscaras perjudican a la gente.
-Pero no seas ingenua, ¡sabes el poder que obtendrás con estas máscaras!
-¡No quiero convertirme en un ser maligno como tu!
-¿Acaso te quieres resistir? Pues para que te quede claro voy a hacer lo que sea para romper el sello y volver a aquellos maravillosos años.
-Seguramente Karume va a volver al darse cuenta de tu regreso.
-Nadie sabe bien la historia, pero yo estuve allí, así que te contaré el verdadero final.
-Pero… ¿cómo?
-Si, el verdadero final. Tu “salvadora” Karume, cuando los humanos le reclamaron ayuda, ella estuvo cincuenta días observando lo que sucedía. Al ver aquellos desastres, como lo llamarías, le pidió ayuda a los dioses, sus superiores. Ellos le ofrecieron poderes capaces para derrotarme a cambio de su bella vida. Ella de demasiado bondadosa, así que aceptó. Después de sellarme a mí y a las máscaras, murió. El alma se la quedaron los dioses y el cuerpo permaneció en el fondo de un río, que a través de los años, se desintegró.
-Entonces ella no vendrá…
-No creas que todo es perfecto.
-Y moriré igual.
-Tu cuerpo sí, pero tu alma no ya que también es mía.
-No entiendo.
-Tú volviste a la vida después de mil años ya que yo entré en ti.
-¿Yo vivo gracias a ti?
-Si, tu alma no morirá, porque si muere también lo haré yo
-Ahora parece cambiar mucho la historia
-Entonces qué decides. ¿Las llevas o no?
-Será lo mismo llevármelas o no, así que las llevo.
Esas últimas palabras no habían salido de ella, no las había dicho, salieron de su cuerpo.
-Bueno entonces agarra el cofre y vete, yo también voy contigo, porque sino no las podré transportarlas.
Dazuki cayó de rodillas y luego al suelo. ¿Fue verdadera esa conversación?
Despertó. Estaba tendida en el suelo en el mismo monte. Observó el rosado amanecer. Sintió un cambio en el lugar. Se dio vuelta, el cofre del sueño, abierto como lo había visto. Las manos se fueron directamente hacia las manijas. Era muy pequeño, así que lo metió en la mochila. Estaba horrorizada con lo que estaba haciendo. El cuerpo se estaba muriendo.
Llegó a su casa.
-¿Por qué no viniste ayer a la noche como habías prometido? - preguntó su mamá.
-Es que como fui, quisieron que me quede un poco más, y hacía tanto que no los veía me quedé – mintió.
-Bueno, pero me diste un buen susto.
-Me voy a dar una ducha y luego me recuesto, estoy cansada.
Fue al dormitorio, se sentó en la cama y sacó el cofre. Lo abrió, quería comunicarse con esa voz, como en el sueño. Rozó suavemente con el dedo una de las máscaras. No oyó nada pero vio una escritura en su mano que decía “Ve mañana a tu ensayo y lleva el cofre”. Dio un gran suspiro, seguramente no iba a poder controlar las manos y llevaría el cofre.
Al otro día pasó tal como lo pensaba, y lo dejó donde estaban los trajes. Cuando los profesores las vieron, opinaron que quedarían muy bonitas con los trajes, así que optaron por usarlas. Dazuki bailó a la perfección y fue felicitada, auque el demonio estaba manipulando el cuerpo.
Al final de la clase la profesora se para enfrente de se alumnas y les dijo:
-El baile se adelantó y será pasado mañana, las vestimentas ya están y parecen muy bien preparadas.
Un montón de pensamientos invadieron la mente de Dazuki ¿Cómo podía ser tan pronto? ¿No faltaban dos semanas? Dentro de dos días morirían todas sus compañeras y ella también.
En el día trató de no pensar en eso, pero no pudo, entonces se fue a un parque cercano.
Se sentó en un banco. Recordó todos esos recuerdos felices que pasaron alguna vez y que ya llegarían a su fin. Nadie le podría decir “descansa en paz”, ella moriría de una cruel manera.
Unas lágrimas recorrieron sus mejillas.
Esa noche no pudo dormir, estaba muy nerviosa e inquieta. Se asomó por la ventana y vio la Luna. Se acordó de una historia que dice que cuando uno muere el alma queda libre del cuerpo y puede volar hasta el cielo. ¿Esa sería la verdadera fase de la muerte? ¿Por qué ella no?
Se recostó de nuevo y se durmió.
A las siete sonó el despertador.
Se peinó y fue hacia el espejo, dejó el peine y vio algo en la palma de la mano, la acercó a la cara. Era otra escritura, decía: “Al leer ésto tu mente se pondrá en blanco, a partir de hoy no recordarás nada”. Se nublaron sus pensamientos.
Abrió los ojos. Su madre estaba al lado de la de la cama.
-¿Qué día es hoy?
-¡Por dios, hija! ¡Hoy tendrás que bailar!
-¿Pero…? Cuándo… ¿Ayer…?
-Ayer te notabas muy alterada, hacías todo demasiado rápido, tal vez estabas un poco nerviosa.
Se dio cuenta de que el día anterior había pasado en un minuto. ¿Pero el mensaje decía “a partir de hoy no recordarás nada”?
-Ya me acuerdo, estaba un poco dormida -mintió.
-Bueno prepárate que ya nos tenemos que ir.
El momento se acercaba, ya estaba en el teatro. Las entradas ya estaban pagas. Entró en unos de los camarines y los familiares se fueron a los asientos reservados.
Las compañeras la saludaron y les mostraron el traje que se tenía que poner, era un vestido rojo.
-¿Hay algún jardín?, quiero respirar un poco de aire puro para relajarme.
-En la parte trasera – le contestó una.
Caminó por un pasillo y se encontró con un bello jardín con flores, una fuente y bancos. Vio un hombre sentado en un banco. Era el anciano del pueblo.
- ¿Qué hace aquí?
- Me enteré que recuperaste la memoria.
- ¿Cómo sabe?
- Desde que tú me contaste tu historia, te puedo observar tu mente.
- ¿Y por qué vino?
- Porque pasaste un paso.
- No entiendo.
- Sos una persona muy fuerte, si fueras débil, ya no recordarías nada.
-¿Crees que hay una solución para todo ésto? -preguntó esperanzada.
- Si pudiste pasar un paso, con mucho esfuerzo podrás pasar el otro.
-¿Cómo puedo hacerlo?
- Invade tu mente de recuerdos felices y pensamientos de esperanza, no de temor.
-Muchas gracias.
-Adiós.
Diciendo ésto se marchó. Dazuki volvió al camarín.
Ya tenía que ir al escenario. Tenía toda la esperanza de vivir.
En los pasos Glizzad, glizzad y relevé. Una imagen de un ángel en su mente le dijo:
-Sé valiente, yo te ayudaré
Pensó en las cosas más felices que le pasaron en su vida. Las máscaras se cayeron al suelo. Ella no se convirtió en la mujer malvada, sino siguió siendo la misma de siempre.
Algo salió de su cabeza. Era el espíritu maligno. Éste se deshizo en el aire al igual que las máscaras.
Todos salieron corriendo al ver aquella escena.
Dazuki estaba muy feliz de que nadie había corrido daño y de que ella no había muerto.
Al día siguiente fue a visitar al río donde habían sido dejados los restos de Karume, el anciano le indicó el camino, estaba cerca del pueblo donde había nacido.
Arrojó unas flores al agua y miró fijamente el horizonte inalcanzable.
-Muchas gracias por darme tu valentía, Karume.
MARIANELLA GRASSO CERRANO
6º B
En un lejano país vivía un gigante llamado Piero y fue a la casa de un amigo que no quería que viniera a la casa. Y como era malo decidió tomarse unas vacaciones y cada vez se relajaba. Y una vez se fue al jacuzzi y se fue a la casa, y estaban dragones y príncipes y castillos encantados. El que no se levante, quedará para siempre pegado.
LAUTARO GIUDICE
3º
En un lejano país vivía un ogro llamado Cuzco y era mezquino, no compartía, era mal aprendido, te peleaba y sacaba las cosas de las manos a otros ogros. La mamá le decía no saques de la mano. Entonces los ogros se fueron a México y lo dejaron solo y se fueron a México y el ogro empezó a llorar y se puso muy triste y un amigo ogro lo llamó de México y le dijo vení a México, le dijo bueno. Chau. Fin.
JUAN CRUZ GIUDICE.
4º B
SUEÑOS Y REALIDADES
(Mención especial)
Sin saberlo me metí en un mundo desconocido, en el que todo lo que parecía un sueño terminaba siendo una cruel tortura.
Mucho pasé entre cuatro paredes esperando poder ser una más de este temible mundo. Cuando creí que ya lo era me di cuenta que el largo camino recién empezaba. Ya voy cuatro pasos delante de esos doce… pero los siguientes serán cada vez más difíciles.
Todos me preguntan si eso es realmente lo que quiero, pero yo simplemente contesto que hasta que no llegue no podré afirmarlo. Crueles relatos he escuchado… pero ninguno se compara con mi destino.
Sé que me arrepiento de haber empezado, pero ¿qué estoy diciendo?
Yo elegí este destino, y no es hora para abandonarlo. Si la suerte me juega en contra y no logro lo deseado, sabré que hice todo lo que pude.
Al pasar los días con mis fieles compañeros, veo su vacía pero alegre vida como una ayuda. Ellos no lo intentan, pero me apoyan, diciéndome que puedo, que no me rinda, o simplemente haciéndome pasar un buen momento.
Hace veinte minutos que escribo y sin embargo, yo creo que he pasado días enteros sumergiéndome en un vuelo literario… del cual una simple niña de doce años es protagonista.
Me enfrento a retos y aunque pierda, mi cabeza siempre mira hacia arriba, hacia ese futuro, tan lejano pero tan cercano. Si me preguntan por qué escribo anónimamente, sencillamente respondo:
“No es fácil demostrar los sentimientos, pero aún más difícil es tomar la responsabilidad de asumirlos propios. Así yo me libero, no me importa ganar ni perder, lo que me importa es ser sincera conmigo misma.”
YO…
LA GUERRA DE LOS YACARÉS
Yo estoy ahora en la biblioteca leyendo “La guerra de los yacarés”, ¡se me ocurrió una idea! Quiero cambiar la historia.
Bueno, ¿se acuerdan que empezaba en que venía un barco con pescadores que querían adueñarse de la isla en donde vivían los yacarés? Bueno, a mí se me ocurrió que…
Esto sucedió en un lago muy chiquito, en donde vivía una familia de yacarés. En realidad vivían, porque solamente quedaron dos: un yacaré abuelo y otro nieto.
Un día vieron en el horizonte un camión muy grande y adentro había personas que querían convertir el lugar (donde vivían los inofensivos animales) en una ciudad.
Los yacarés estaban preparados y atacaron poniendo todos los habitantes del lugar, excepto los de la otra orilla, porque no se habían enterado de lo que estaba sucediendo.
Llegó el día en que todos iban a atacar y perdieron los animales, pero por suerte no hubo nadie lastimado. Los animales no se iban a dar por vencidos, así que prepararon nuevas armas, haciendo y llamando a los de la otra orilla, pero se olvidaron de la familia de zorrinos.
Y otra vez perdieron y lo único que faltaba eran los zorrinos.
Todos se preguntaban que podían hacer esos zorros, pero en miniatura, pero igual era lo único que les quedaba.
No lo van a poder creer, pero ganaron muy limpiamente y olorosamente. Porque como ustedes saben los zorrinos se defienden largando su feo y horrible olor.
¿Les gustó? Qué bueno, y ahora saben, cuando estén aburridos, lean un cuento y cámbienlo.
M. VICTORIA SANTILLI
4º D
(Mención especial)
Ya es de noche y tus ojos brillan al compás de las estrellas. La luna es simple como tu boca.
AYELÉN GOICOECHEA
4º A
EL SÓTANO DE LOS FERNANDEZ
(Primer premio 6º y 7º grado)
-¡¿Acá?!
-Si, ¿no es hermoso?
-¡¡Guau!!¡Copado!
Si había algo en el mundo menos copado para Camila, eran los chalecitos con estilo norteamericano de los que debía haber uno solo en toda la Argentina. Y justo a ella le estaban diciendo que viviría allí. Le daban claustrofobia, mucho sueño, y sensación de no tener privacidad. Además se habían mudado a ese pueblito de morondanga donde debía haber un solo cine y ningún shopping. Y como si eso fuera poco, en dos días era el recital de Ricky Martín en el Gran Rex. ¡Y sus papás no la dejaban ir porque “tienen que armar la casa”! ¡¡Y ya había comprado las entradas!! Ella podía ir perfectamente sola, ya tenía quince años. Pero no, que era inseguro, que tendría que quedarse una noche en Bs. As., que el micro era caro, y bla, bla, bla.
El viaje no había sido mejor. Las únicas cosas que tenía para entretenerse eran sus walkman y el diario Clarín de ese día cuya única noticia interesante era que seguían buscando desde hacía cinco años a un asesino estadounidense exiliado en la Argentina que se había escapado de la cárcel y que... ¿cómo se llamaba? ¡Ah, si! Michael Parr.
Nicolás pensaba todo lo contrario. Le encantaban ese tipo de casas, con millones de escondites, pasillos... es más, seguro que había montaplatos. Nico siempre había soñado con ir en uno de ésos como los chicos de las películas. Seguro que entraría en uno aunque tuviera forma de caja, ya que a pesar de tener diez años era bastante petizo y flaco.
Él estaba contento de dejar Buenos Aires, esa ciudad insegura donde los papás no lo dejaban andar sólo. Esa ciudad contaminada, donde ni se podía respirar. Lo único que extrañaría serían sus amigos. Pero él podría ir a visitarlos cuando quería. No había que hacerse problema con eso.
En el viaje ni tiempo tuvo de aburrirse. Ésa noticia sobre Michael Parr lo entretuvo bastante. Las noticias y novelas policiales le fascinaban. En el viaje no paraba de mirar la foto que le habían sacado a Parr pocos días antes de que se escapara. Era un hombre apuesto, de pelo rubio claro y ondulado. Sus ojos eran de un hermoso negro azabache, y en la foto tenía una mirada penetrante y una expresión de odio en el rostro. Nico lo miró hasta el momento en que llegaron a la nueva casa, que era precisamente en donde se encontraban en ese momento.
-¡Arriba todo el mundo para ayudar a sacar las cosas del baúl! ¡Cristina, andá a pagar a los del flete! ¡Camila! ¡Sacáte esos aparatos de las orejas y vení a sacar tu valija! ¡Nico, vos también vení a ayudar!
Roberto, el papá de los chicos, gritaba como un loco para que todos ayuden a sacar las cosas del baúl pero mientras lo hacían se quedó tomando mate y charlando con los del flete mientras la familia sacaba todo del auto. Su excusa era “manejé toda la mañana. Ustedes también hagan algo.”
El descargue de cosas del baúl y del camión duró una hora y veintitrés minutos. “Por la desorganización” repetía una y otra vez la madre. Después, el poner cada cosa en su lugar y decidir el lugar de cada cosa llevó aproximadamente cinco horas y media, o sea, el cuádruple.
Recién almorzaron a las 4:30. Camila y Nico, ilusionados con un gran festín de bienvenida al “Chalet Parr” (así se llamaba la casa), tuvieron que contentarse con fideos de manteca y agua de la canilla, todo ésto sentados en el piso. Los padres no comieron mucho mejor. Sopa de verduras en un día de verano con un poco de pan que oportunamente les regaló una nueva vecina en bienvenida al barrio.
Durante la comida estaban todos en silencio por el cansancio. Hasta que golpearon a la puerta. La mamá fue a atender.
-¿Si?
-Hola, querida, disculpá ¿Ustedes son los nuevos vecinos? -preguntó una viejecita muy arrugada y encorvada.
“Pregunta obvia” pensó Camila.
-Si, si, llegamos a la mañana.
-¿Hoy?
“Otra pregunta obvia”.
-Si, si, ahora estábamos almorzando.
-¿A esta hora?
“Otra más”.
-Si, acabamos de terminar de acomodar todo.
-Ah, bueno, yo les quería decir que, yo tengo la costumbre de cenar con los nuevos vecinos en su casa. ¿Les parece bien a las 7?
-Cómo no señora, la esperamos.
-Bueno, hasta lueguito entonces.
-¡Chau!
“Perfecto -pensaba Camila- para colmo no voy a poder ir a dormir temprano”
Decididamente esos factores no lograban entusiasmar más a Camila.
Al terminar de acomodar las cosas en su cuarto, o mejor dicho, de hacer una montaña de cajas y valijas desparramadas, Nico decidió poner en marcha su primera misión en esa casa: investigar el Chalet Parr. Primero, agarró su bolsito de detective. Ahí tenía algunas cosas que podría necesitar, como una libreta y un lápiz para anotar las cosas que viera en el camino, una lupa, una linterna y un trapito por si estaba sucio. Pero después llevaba cosas que no le servían demasiado. Un microscopio (que tenía la lente sucia), una lapicera-grabadora (que no grababa absolutamente nada), un plumero (al que le quedaban pocas plumas), un walkie-talkie (para hablar con quién, no lo sabía) y talco, que él decía que usaba para ver las huellas digitales (aunque no veía un pomo).
Nicolás se colocó una campera de detective y se puso manos a la obra. Entró en toda puerta que se le cruzaba en el camino, abrió todos los cajones y armarios que puede haber en una casa, caminó por todos los pasillos que atravesaban las habitaciones y otros pasillos, subió todas las escaleras, todo eso entre otras cosas. Después, sacó una libretita de su bolso y anotó:
Pisos Planta baja- 1° piso- 2° piso
Escaleras 2 en c/piso
Montaplatos 2 (rojo y madera)
Pasillos 6
Baños 1 en c/piso
Que allí había montaplatos lo descubrió con gran alegría luego de revisar cada rincón oculto detrás de una puerta, sea o no sea corrediza, sea grande o chica, de madera o de metal. Por su afición a estos objetos se fijó por dónde pasaba cada uno en los tres pisos, ya que cada montaplatos tenía un color diferente, entonces era fácil distinguirlos. Luego anotó:
Montaplatos Planta Baja 1° piso 2° piso
Rojo comedor cuarto de Cami oficina de papá
Madera cocina pasillo central taller de pintura de mamá
Ya tenía toda la información que necesitaba. Ahora podía descansar después de tanto “explorar”. Estaba yendo a su cuarto pero al pasar enfrente del cuarto de Camila chocó contra ella. Llevaba una caja abierta con cosas que sobresalían de la caja.
-¡¡Mirá por donde vas, nene!! gritó ella. Se le había caído un cuaderno forrado color rosa con un corazón en el centro.
-No parece que vos estuvieras haciendo lo mismo, contestó Nico de mal modo.
-¡Y que querés, yo estoy con la caja! ¿Levantás eso por favor?
Malhumorado, Nico se agachó para agarrar el cuaderno cuando leyó en un costado:
“Diario íntimo de Camila P.”
Una sonrisa se dibujó en su cara. Camila lo sacó de sus pensamientos.
-Perdón, debí aclarar que lo quería para hoy.
-Si lo querés, sacámelo, dijo Nico y salió corriendo.
Hasta el momento, Camila no había tenido tiempo de ver qué se le había caído, pero al ver la sonrisa pícara de su hermano y el color rosa del cuaderno se dio cuenta de lo que pasaba y palideció. Lo último que quería era que su hermano leyera su diario íntimo, así que se dio vuelta y gritó con todas sus fuerzas:
-¡¡¡¡DEVOLVEME ESO!!!!
-¡Vení a buscarlo!
Camila entró como un rayo a su cuarto, dejó la caja en la cama y salió corriendo detrás de su hermano.
Con Camila corriéndolo no era cosa fácil escapar, eso Nicolás lo sabía muy bien. Mientras corría cruzando pasillos, encontró lo que buscaba. Abrió la puerta del montaplatos que había en el pasillo, pero se dio cuenta de que si entraba no iba a poder subir ni bajar y entonces Camila lo encontraría fácilmente. Buscó la cajita incrustada en la pared donde estaban los botones para subir o bajar el montaplatos y apretó el botón para que baje ya que él lo había dejado en el piso de arriba. Pero de repente, algo lo sorprendió. En vez de tener dos botones, uno para subir y otro para bajar, tenía tres. Los dos primeros eran grandes y rojos, y el tercero chiquito y de madera, pasando desapercibido. Debajo tenía una plaquita de madera que decía:
“Pasillo conector”
Nicolás no entendió que significaba, pero se arriesgó y lo apretó. Inmediatamente, el montaplatos empezó a bajar. Como el montaplatos tenía paredes y techo, Nico tuvo que apurarse para meterse en él justo antes de que el techo desapareciera dentro de la pared.
Camila corría con todas sus fuerzas por el largo pasillo hasta que vio la puerta del montaplatos abierta y la caja de los botones también. Lo que no distinguió fue el botón de madera ni la leyenda que tenía abajo. “Seguro que fue hacia abajo, donde está mamá” se dijo y salió corriendo escaleras abajo.
Al caer en el montaplatos, Nico se golpeó la cabeza. Esto lo aturdió un poco al principio, pero se recuperó enseguida. Luego intentó acomodarse, cosa no tan fácil ya que el techo era bajo.
Apenas terminó de acomodarse, el montaplatos dio una fuerte sacudida y se abrió la puerta dejando a la vista un largo pasillo metálico, parecido a los del aire acondicionado. Nicolás empezó a gatear por el pasillo. Apenas su pie terminó de salir del montaplatos, éste empezó a subir. Eso era lo que temía. ¿Y si se quedaba atrapado ahí para siempre? “Todo está bien” se dijo aunque no muy seguro. Se armó de valor y siguió gateando. No pudo distinguir qué había al fondo hasta que estuvo a medio metro. Era otra botonera, sólo que esta vez roja, y al lado la puerta del segundo montaplatos. Pero algo le llamó la atención; en vez de sólo cuatro botones, éste tenía un quinto. Debajo había una plaquita que rezaba:
SÓTANO
Nico quedó petrificado. Jamás se le habría ocurrido que allí hubiera un sótano en esa casa. Entusiasmado, llamó al montaplatos y apenas llegó, apretó el botón que iba hacia el sótano y se metió en el montaplatos. Camila nunca se animaría a ir a un sótano, él lo sabía…
Camila bajó corriendo las escaleras y empezó a recorrer la planta baja. Primero se dirigió hacia la cocina, que era donde suponía que lo dejaría el montaplatos. Fue palpando las paredes para encontrarlo. Y lo encontró. Abrió la puerta y metió la cabeza en el agujero. Ni rastros del montaplatos. Sacó la cabeza decepcionada.
Salió de la cocina y entró en el comedor para ir en dirección a las escaleras. Seguramente el montaplatos lo había dejado en el segundo piso. Y ella perdiendo el tiempo en la cocina. Apuró el paso. Mientras caminaba iba golpeando las paredes del comedor. Por costumbre. Pero de pronto se detuvo; había escuchado un sonido hueco al golpear la pared. Se volvió y entonces vio la puerta de otro montaplatos y al lado la botonera. Se fijó en los botones que tenía:
LLAMAR
TALLER
PASILLO
SÓTANO
El último estaba brillando, indicando así que el montaplatos se dirigía hacia allí. Camila primero palideció, y después se puso roja de rabia. El tonto de su hermano (por no decir algo peor) lo había hecho a propósito. Ella no iba a permitir que su hermano leyera su diario íntimo, pero no tenía ningunas ganas de bajar a un sótano, después de lo que le había pasado...
Apenas el montaplatos dio una sacudida, la puerta de éste se empezó a abrir sola. Nicolás bajó cuidadosamente. Para su sorpresa, había una lamparita prendida colgando frágilmente del techo. “Papá debió descubrir una entrada y la prendió” pensó. No le dio demasiada importancia.
El sótano daba miedo. Las paredes eran de tierra y el techo de cemento pintado con lo que alguna vez había sido pintura blanca, pero ahora era gris. En un rincón habían botellas de cerveza vacías y en otro cajas de madera.
Nico se sentó en el suelo y se puso a leer por fin el diario de su hermana:
15/ 07 / 06
Querido diario:
Hoy Julita Martínez me dijo que...
No se llegó a enterar qué era lo que “Julita Martínez” le había dicho a su hermana el 15 de julio porque en ese momento una sombra le tapó la luz. Levantó la mirada esperando ver a su papá pidiendo una explicación pero no fue eso lo que vio. Nada de eso. Nico soltó un grito ahogado. Ahí, amenazándolo con una navaja, estaba un hombre, un hombre cuyo rostro Nicolás había observado toda la mañana.
Camila caminaba de un lado a otro pensando qué hacer. Aunque se animara a bajar, no sabía por dónde entrar. ¿Habría una entrada por donde ella pudiera pasar? Porque ella no entraba en el montaplatos, claro, teniendo quince años…
-¡¡Ay!!
Camila soltó una palabrota. Había tropezado con algo que había debajo de la alfombra. La levantó un poco y vio una manija de metal incrustada en el piso. Corrió la alfombra y vio que en realidad estaba sobre una puerta trampa.
¿La abría o no la abría? Estaba claro que esa era la entrada al sótano. ¿Pero bajaba? Y... no se animaba. A los ocho años se había quedado sola en uno y le había pasado algo horrible. En ese momento le encantaban los sótanos, tanto que se quedaba horas jugando en ellos. Pero aquel día se había quedado sola cuando de repente se le acercó una rata y, sin que Camila se diera cuenta, la mordió. Camila había tenido que estar diez días en el hospital ya que la rata tenía una infección. Desde entonces no se animaba a ir a sótanos o a viajar en subterráneo.
Camila estaba indecisa. ¿Bajaba o no bajaba? Por un lado, ya tenía quince años, ya no era chiquita. Pero por otro lado eso también le podía pasar a un adulto. No sólo a alguien de ocho años para abajo. Pero no tenía opción. Así que se armó de valor y abrió la puerta trampa.
Nicolás estaba aterrado. Los cinco años de prófugo no habían pasado inadvertidos en el rostro de Michael Parr. Sus facciones no eran ya tan apuestas como cinco años atrás y su pelo no estaba tan sedoso y corto como en la fotografía.
Con mirada triunfante y sonrisa maliciosa, Parr habló con voz ronca:
-Nunca pensé que tendría que protagonizar semejante acto de canibalismo, pero hace dos meses que no como algo que se parezca a carne. Además, no me gustaría que andes diciendo por ahí cual es mi escondite.
Alzó la navaja para dar un golpe fatal pero, por simple torpeza, Nicolás chocó contra una pila de cajas que se encontraba detrás de el. Gracias a esta acción, cajas que había en la cima cayeron a los pies de Parr. Nicolás aprovechó la confusión para escabullirse entre las piernas de Parr y atravesar el sótano hasta trepar unas cajas de madera quedando así un metro más alto de lo que realmente era.
Michael Par se acercó a él y antes de que Nicolás pudiera prepararse Parr lo había aferrado del tobillo, dispuesto a no soltarlo hasta que dejara de respirar.
Desesperado, Nico se retorció y pataleó intentando desprenderse de la mano del asesino. Súbitamente, se cayeron las cajas en donde estaba parado el chico y aplastaron a Parr dándole ventaja a Nico, quien por poco voló hacia el montaplatos, presionó un botón y subió a la caja en el momento en que, detrás de él, se abría la puerta trampa y apareció la cabeza de Camila asomándose en el sótano.
El montaplatos se detuvo. Nicolás seguía agitado. Esperó unos segundos antes de abrir la puerta, ya que quería tranquilizarse un poco, pero luego se dio cuenta de que Michael Parr podía hacer bajar el montacargas antes que él saliera. Abrió la puerta, salió, y recién en ese momento se dio cuenta de que estaba en el primer piso, ya que con el apuro no se había fijado qué botón apretaba. Tomó aire y corrió escaleras abajo en busca de Camila. Sus papás se habían ido a la casa de un viejo conocido que vivía en el pueblo, volvían una hora después. Se sorprendió al no verla en la cocina, ni en el hall, ni en el salón...
En el comedor había algo raro; la alfombra estaba corrida. Se oyó un grito ahogado y ruido de cosas golpeándose. Nicolás se acercó y vio la puerta trampa abierta. Palideció.
“Camila entró”.
Al abrir la puerta trampa, Camila escuchó un estruendo de cajas que caían. Se asomó y no vio a su hermano, como esperaba: vio un tumulto de cajas de madera (algunas con leyendas que decían cosas tipo: “tomates AMON” “RITITO botellas”) con una persona sepultada debajo que empezaba a moverse. Con algo de miedo, bajó por una escalerita de mano que había puesto quién sabe quién, quién sabe cuándo. No paraba de girar la cabeza hacia atrás así no le daba la espalda al misterioso hombre que supuestamente todavía no la había visto. Cuando pisó el suelo, vio que en la pared que tenía delante, aparte de su sombra, se proyectaba la figura de un hombre con algo filoso en la mano que a Camila le hacía acordar al cuchillo que usaba el carnicero del barrio en el que vivía en Buenos Aires.
Gritó como en las películas. Alcanzó a correrse a tiempo para que el hombre no le clavara el puñal que tenía en la mano. Empujó la escalera de mano hacia el asesino y le empezó a dar con cajas. Parr, que ya estaba medio atontado por las cajas que se le cayeron encima con Nico, el golpe de la escalera contra su nuca sumando las cajas que le lanzaba Camila lo desmayaron. Mientras caía soltó el cuchillo con el que se disponía a asesinar a Camila, quien se apuró en recogerlo y quedar apuntando a su atacante con él.
Eso fue lo que vio Nico cuando, pálido como la muerte, se asomó por el agujero de la puerta trampa; al fugitivo, sangrando por un costado del labio, echado medio muerto en el piso con un tumulto de cajas encima y una escalera de mano metálica al lado, y a su hermana, despeinada y con rasguños, apuntándolo con un cuchillo. Estaba boquiabierto.
-Ni sueñes que te salvás de ésta, le advirtió Camila al verlo.
-¿Co... cómo lo hiciste? Preguntó Nico haciendo caso omiso al reciente comentario de su hermana
-Después te cuento, ahora ayudáme a poner de nuevo la escalera así salimos.
-¿Y si el tipo se despierta?
-Ya vamos a estar afuera. Ahora vení y no discutas.
-Y si nosotros estamos afuera, él agarra y sube también, mirá qué vivo.
-No, porque la escalera ya no va a estar. Mientras yo llamo a la policía, vos sacá la escalera.
-¡¿Yo?!
-Si, dale.
No le dio tiempo para protestar. Subió las escaleras y se fue a la cocina. Malhumorado, Nico empezó a hacer fuerza desde arriba para subir la escalera, cuando sonó el timbre. Era la señora que había ido al mediodía, a la que llamaban Doña Pocha. Nicolás atendió.
-Hola queridito, disculpáme, vengo a traer esto para la cena y te quería pedir que me dijeras qué van a comer, dijo sin respiro Doña Pocha señalando unas botellas de vino que traía en una mano y entrando como si nada en la casa.
-Estee... espéreme, ya vengo, se excusó Nico tratando de escapar a preguntarle a Camila qué tenía que decir.
-¿Dónde te dejo ésto, chiquito? preguntó Doña Pocha señalando nuevamente las botellas.
-Eh... donde quiera señora..., por ahí... ya vengo, contestó impreciso el chico y fue en busca de su hermana.
“Cómo cooperan los chicos de ahora” pensó irónicamente Doña Pocha.
Buscó con la mirada un lugar ideal para poner botellas de vino. Al ver la puerta trampa se dijo “La bodega. Justo. Me va a venir bien bajar de nuevo por esas escaleritas.”. Y bajó la escalerita.
“Tenía que llegar ahora la vieja esa” pensaba Nicolás mientras iba a la cocina.
-Problemas.
-Uy, ¿ahora qué pasa? respondió alarmada Camila.
-La vieja que vino en el almuerzo pregunta qué vamos a comer esta noche.
-Metéle cualquier cosa y después decimos “uy, me equivoqué” aunque no creo que tengamos mucha cena con un asesino en el sótano.
En ese momento se oyó el segundo grito del día. Se miraron.
-¿Dón-de-es-tá-la-vie-ja? preguntó temiendo lo peor Camila.
-En el comedor... respondió con voz ahogada Nico.
Con las últimas fuerzas que les quedaban, los dos hermanos fueron agarrados de la mano al comedor. Allí no vieron a Doña Pocha. Cami señaló la puerta trampa. Se asomaron y allí estaba, tirada en el suelo, no sabían si viva o muerta. Ni rastros de Michael Par.
-Te olvidaste de sacar la escalera, susurró Camila.
Nicolás asintió con un nudo en la garganta.
Michael Par había vuelto a escapar.
SOL RIEZNIK AGUIAR
7° B
EL HOSPITAL EMBRUJADO
Había una vez un grupo de chicos que estaban jugando a la pelota, cuando uno de ellos comentó que en esas épocas remotas el hospital tenía fantasmas, pero nadie le creyó.
Más tarde, uno de los chicos llamado Valentín pateó la pelota y, sin querer, rompió el vidrio de la ventana y sin darse cuenta le pegó a uno de los “pacientes” y se escuchó un grito tenebroso y todas las luces del hospital se apagaron. Los chicos se sintieron culpables y quisieron recuperar la pelota, por eso accedieron al hospital.
De repente Valentín escuchó un ruido, era la puerta que cerraba repentinamente. El hospital sufrió un temblor y en el piso de arriba se escucharon ruidos.
Los chicos subieron al piso de arriba cuando casualmente vieron un cadáver y unos centímetros delante una cuerda diciendo:
–¡Es el paciente al que le pegué accidentalmente!
Minutos después encontraron una puerta que se dirigía al cuarto donde se hallaba la pelota. Un chico amigo de Valentín, Felipe, entró, tomó la pelota y luego comentó que había un cementerio enfrente del hospital. El cementerio se llamaba “La Chaveta”, luego desde la ventana comenzaron a mirar el cementerio y desde entre las tumbas salió un monstruo que señaló a los chicos, y luego entró al hospital, se escuchó la puerta de entrada.
Los chicos tuvieron miedo y por eso cerraron la puerta, la aseguraron con llave de manera que desde afuera no pudiese abrirse.
Los chicos estaban muy nerviosos, estaban en silencio, cuando detrás de la puerta cerrada con llave, alguien subió la escalera. Valentín dijo, apenas susurrando:
–Es todo por mi culpa…
Pero también Felipe dijo:
–No es tu culpa, todos estábamos jugando.
Unos segundos después alguien intentó abrir la puerta y después de intentar mucho gritó de furia.
Valentín ideó un plan para escapar, lanzando una cuerda hasta abajo, pero había un problema: la cuerda quedó afuera de la habitación en la que estaban los chicos, por eso había que arriesgarse, pero si salían bien podrían escapar.
Abrieron la puerta, todo era silencio y tenebrosidad, los chicos miraron por todas partes: unos centímetros más adelante del cadáver del pasillo la cuerda seguía intacta y la tomaron, pero la puerta de la habitación anterior se cerró repentinamente. Valentín intentó abrirla, pudo, pero cuando estaban entrando apareció el monstruo corriendo. Valentín cerró inmediatamente la puerta con llave del lado de adentro y el monstruo comenzó a golpear la puerta como la vez anterior. Luego paró de golpear y luego comenzó de vuelta y no golpeaba con la mano sino con un martillo y la puerta en cualquier momento podía romperse, por eso los chicos empezaron con su plan: abrieron la ventana y comenzaron a lanzar la cuerda. Una vez sujeta empezaron a bajar.
Sólo tenía que bajar Valentín, pero la puerta cayó y el monstruo lo iba a asesinar y bajó lo más rápido, pero el monstruo cortó la cuerda y se cayó.
Valentín, Felipe y los demás siguieron corriendo sin darse cuenta que estaban entrando en el cementerio. Juan, otro de los chicos, miró hacia atrás y el monstruo los perseguía, se dividieron entre las tumbas y el monstruo empezó a perseguir a Juan y a Felipe. Rápidamente, Valentín ideó una trampa rápida con la cuerda en la que el monstruo cayó, gracias a que Juan y Felipe lo distrajeron, luego echaron a correr. Pero el monstruo logró soltarse y empezó a perseguirlos. Los chicos llegaron hasta un acantilado por el que habían venido para jugar.
Los chicos cruzaron por ahí y cuando estaba por romperse el puente por el que habían cruzado, el monstruo intentó cruzar al igual que los chicos, pero el puente se quebró y el monstruo cayó al vacío.
Desde ese día, ese lugar se conoció como la tierra del hospital embrujado.
LUCAS ROMERO Y NICOLÁS PULICE
7º B
¿EL COCODRILO MUERDE?
Había una vez un cocodrilo y si te da una mordida, vaya impacto. ¿A ti te mordió? ¿Te dolió? ¡Sí que me dolió! Sus dientes muy filosos, si se muerde la lengua seguro que le dolerá mucho. Si no fuera por el meteorito el cocodrilo sería como el salón de literatura. ¡Sí, gracias a Dios que el meteorito cayó! Porque a nosotros nos comería de un bocado. Yo saldría corriendo, si el meteorito hubiera caído aunque le digamos “fuchi”. Nos comería, un rasguñón y te corta en tres, un aplastón y quedás planito. ¡Fatal! ¡Sí, fatal! Imagínense que se encuentran con un cocodrilo de la prehistoria. Les ganaría en un segundo. ¡Madre santa! ¡Qué mordida! ¡Hospital, hospital! Ahhh, duele, duele, duele. Un conejo pasa. Cranch. Lo come. Ay, me imagino. ¡Qué dolor! Mucho dolor. Me salvé. Fui a un hospital. Sí, era urgencia, ¡me había mordido un cocodrilo! Un cocodrilo, con un coletazo, ya estás frito. Lo del coletazo es verdad. Sí, claro que es verdad. Si no, el cocodrilo no sería peligroso. Y es peligroso, no se crean que se puede vencer así de fácil, porque puede ser muy agresivo. Pero, capaz que si lo tratan bien, se puede tranquilizar. Pero si ya está tranquilo no les sirven ninguna de mis opiniones y si es así, no valieron la pena mis opiniones. Pero hay más probabilidades de ser feroz para proteger a sus crías. Y si lo molestan, también.
MANUEL DERMIDYIAN
1º A
EL MISTERIO EN TURIKIO
En una mañana muy lluviosa, algo espantoso ocurrió. Había muerto Viviana, la persona más rica del pueblo Turikio.
Nadie sabía qué había sucedido, nadie había escuchado nada, como si fuera poco tenía tres compañías de seguridad, cada una con 18 personas, 13 guardaespaldas, 5 mucamas y por último 1 mayordomo.
Se contrató al mejor detective de Turikio llamado Fernando Vialba y poco a poco salían sospechosos. Sospechosa número uno: Cindy Culefson, la mejor amiga de Vivi y celosa de su fortuna, con la cual había compartido la noche anterior. La cuestionaron así:
F.V. preguntó: ¿Qué hicieron anoche?
C.C. contestó: Nos reímos y comimos.
F.V. preguntó: ¿Qué comieron?
C.C. contestó: Pizza y tomamos coca-cola.
F.V. insistió: ¿Pizza casera o comprada?
C.C. dijo: Pizza casera...la hice yo en mi fábrica!
F.V. entonces dijo: ¡Eso basta! por los próximos 10 días su fábrica de pizzas y pastas permanecerá cerrada.
Así seguía la búsqueda de un culpable.
Al día siguiente del crimen a Fernando se le ocurrió otro sospechoso y así fue que marchó a la casa de Luciano Penclouc, hermano de la víctima y desde hace mucho tiempo peleados por las preferencias de sus padres. Así procedió la charla:
F.V. preguntó: ¿Hace cuánto que no ves a tu hermana?
L.P. contestó: Hace ya 3 días y luego de decir esto gritó con furia, ¿por qué?, ¿qué le pasa a mi hermana?
F.V. respondió: Ella murió anoche y agregó, ¿por qué motivo la viste hace 3 días?
L.P. contestó: La vi hace 3 días porque se cumplieron 2 años de la muerte de mi mamá.
F.V. entonces dijo: ¡Eso basta! Nos vemos mañana a las 12:00 PM en la casa de Viviana.
Luego llamó a Cindy y le dijo lo mismo que a Luciano Penclouc.
Allí se encontraron y Cindy tenía los ojos llorosos y empezó a gritar ¡yo fui! ¡Yo, yo, yo!
Nunca se volvió a saber de Cindy, pero lo que si se supo es que Luciano se quedó con toda la fortuna.
Tiempo más tarde encontraron una carta que decía: “Quiero a mi hermano, entonces, ¿por qué no le puedo dar mi fortuna?.........” Ese es otro caso para resolver.
ALDANA GOLDBARG TAFEL
6º B
EL PULPO CONTRA EL SALMÓN
Había un pulpo de anillos azules que no quiere ser peligroso. Un día jugaba con su amigo que se llamaba Más anillos azules y al final no se preocupó más. Y después se enfrentó a un salmón y le ganó por sus anillos azules.
KEVIN CASERES
2º B
EL TIBURÓN CHICO
Un día estaba un tiburón paseando por el mar, pero vio que todos se escondieron rápidamente. El tiburón se olvidaba de todo; hizo memoria y se acordó: ¡la medusa eléctrica! La medusa era mala, porque al primero que veía lo hechizaba, entonces quiso escapar pero ya era tarde y la medusa ya estaba allí.
La medusa hechizó al tiburón y él se hizo chiquitito. Ja, ja, ja, se reía la medusa y se fue. El tiburón fue nadando rápido a la casa de la morsa. El tiburón tocó la puerta y en un santiamén la morsa abrió la puerta.
– ¿Quién es? –dijo la morsa.
El tiburón intentó que lo viera pero no lo vio. Y así en varias casas. El tiburón, triste, se fue del océano
– ¿Cómo que se fue? –dijo el pez espada.
–Sí, se fue –dijo el pez serrucho.
–Orden, orden –dijo el jefe de los tiburones. Mientras, el tiburón seguía su camino. Luego de nadar se encontró una pequeña pecesita llamada Sofía, y era linda, más bien, una pecesita perfecta. El tiburón se enamoró de ella. Mientras, los demás tiburones decidieron dejarlo de lado. La pecesita le dijo al tiburón:
– ¿Querés casarte conmigo?
–Sí –dijo el tiburón.
El tiburón se elevó por los aires y se convirtió en un pez de verdad.
LUZ ARRASCO
3º A
EL SAPO EGOÍSTA
(Mención especial)
Hace más de mil años existió un sapo muy egoísta que quería y tenía su lago para él solo, pero lo peor era que no se lo prestaba a nadie.
Un día vio que en el lago había pececitos que estaban en su lago y el sapo se enojó y los amenazó diciéndoles que iba a poner un cartel.
Al otro día puso un cartel que decía:
SEÑORES Y SEÑORITAS: SE DECIDE QUE DESDE HOY NO PUEDEN ENTRAR SAPOS
Todos los niños al escuchar eso se pusieron tristes. Ellos amaban el agua del lago que parecía cristalina.
El sapo, al ver que nadie le hablaba y que hubo muchos que se mudaban, entonces decidió sacar el cartel y poner:
ENTREN AQUÍ QUE LA FELICIDAD ES GRATIS
Y desde ese momento las ranitas, sapitos y todos los animales vivieron felices para siempre.
Fin
Cuento contado ya se ha acabado y por la chimenea se va al tejado.
M. VICTORIA SANTILLI
4º A
LA ISLA DE LOS INSECTOS GIGANTES
Había una vez un grupo de exploradores que exploraban las costas raras que veían en los lugares extraños. Una vez vieron que había una isla extraña con animales atravesaron el océano y llegaron a una isla que no conocían se fijaron en el mapa pero no estaba tampoco y fueron a explorar la isla. De repente escucharon un ruido que hacía JJJJJJJJ miraron para adelante para atrás y para los costados miraron para arriba y había un tipo de lechuza con patas de araña gigante. Salieron corriendo fueron al bote y navegaron de repente escucharon una cosa que golpeaba el barco muy fuerte y se escuchaba ¡tum tum tum! Y se asomaron por el bote y vieron una cosa azul. Fueron otra vez hasta la orilla y vieron al mar y en el mar había una ballena gigante y se quedaron mucho tiempo viendo el mar y se quedaron nueve días mirando el mar. Después de esos nueve días vieron que volvía a salir la ballena del agua. Después fueron al medio de la isla y vieron un tipo de pantera con un aro puntiagudo en el cuello. Fueron a otra parte de la isla y vieron un rinoceronte con alas. Se frotaron los ojos y seguían viéndolo. De repente uno de los exploradores sintió algo que le movía el pie miró para abajo y salían unas pinzas de cangrejos se quedaron un rato y vieron a un bicho raro que salía de la tierra salieron corriendo al bote y llegaron hasta su país.
LUCAS FISZMAN
1º D
JULIETA Y LA FÁBRICA ENCANTADA
Había una vez una nena llamada Julieta. Vio que el cielo estaba despejado y decidió salir a hacer una excursión al bosque. Les pidió permiso a sus papás y se fue.
Caminaba mientras sacaba fotos, en un momento vio que el cielo despejado se iba llenando de nubes y más nubes, hasta que se largó a llover.
La joven buscaba desesperada un refugio hasta que encontró una cueva. Esa cueva era de color verde y le salían luces. Julieta no sabía que hacer, si entrar o irse a otro lado.
Notó que llovía cada vez más fuerte así que decidió entrar. Cuando entró vio que la cueva era muy oscura, se acordó que tenía una linterna en su mochila. La sacó y la prendió. Pegó un salto cuando vio una flecha en la pared, miró y vio que apuntaba a la derecha, no creía que fuera una trampa, pero tenía que atravesar la pared.
Julieta se quedó muda por tener que atravesar la pared, cuando pudo moverse la atravesó. Se quedo sorprendida por ver una puerta con el nombre: “La fábrica encantada”. Abrió la puerta y encontró el lugar – de aquí viene la luz – decía Julieta. Desde el fondo de la fábrica sonó una alarma antihumanos, Julieta quiso huir pero un estilo gancho gigante la agarró y la llevó a un lugar con una puerta donde estaba una mujer. Esa mujer estaba vestida de negro y a Julieta le daba escalofríos, muchos escalofríos.
La mujer le dijo su nombre: Mujer Encantada. Julieta vio la mirada de la mujer – se te complicó niña – dijo la mujer a Julieta – te hechizaré por siempre hasta que salgas de la cueva - ¡splan! Julieta se dio vuelta y la mujer hechizó la mochila.
A la mochila le salieron unos ojos y una boca. A Julieta no le pasó nada, por ahora. Los padres se preocuparon por Julieta porque se iba haciendo de noche y Julieta no regresaba, la mujer hechizó esta vez a Julieta y Julieta se hizo chiquita y fue a parar a la boca de la mujer. – Aaaahhhh – gritaba Julieta hasta que llegó al estómago -¡qué asco! ¿Qué come esta mujer?- Pasó días allí y empezó a agrandarse hasta que ¡pom! salió del cuerpo de la mujer. Y la retó a la mujer a un desafío – si me vences yo me quedaré y si yo gano me iré a mi casa – dijo Julieta y… ¡splam! ¡splam! Se peleaban la mujer hechizando a Julieta y ella golpeando a la mujer. Julieta se estaba por rendir y frente a sus ojos apareció… ¡Lucki! ¿Y quién era Luki? pues un perrito, su mascota de 3 años e hizo que Julieta gane porque la mujer le tenía miedo y se fue corriendo.
Se fueron los dos muy contentos y al salir de la puerta de la fabrica no sabían donde ir. Julieta se acordó: - ¡la flecha! - y encendió la linterna y ahí estaba la flecha la atravesaron y… ¡Charan! ahí estaba la salida, salieron y todo fue normal no se acordaban de nada. Llegaron a su casa y los padres la abrazaron muy fuerte.
Cuando Julieta fue grande pensó: - yo habré vivido o habré soñado esa aventura-.
- Fin -
LUZ NATALIA ARRASCO MONTIEL
3º A
DOS MIRADAS
(Mención especial)
Este era el día. Miraba como se movían sus rulos y me emocionaba y pensaba ¡me voy a animar!
El brillo de sus ojos iluminaba una esperanza un sí de su parte. Pero su sombra estaba ahí con la idea de un no.
Estaba tan sobresaltado, emocionado. La soga seguía girando, ahí un poco lejos, a un par de metros, pero más cerca que nunca. Mi corazón latía y latía y latía y no paraba de latir. El amor que sentía era tanto que explotaría en mil pedazos, como una copa que se cae y se rompe.
Di un paso hacia ella y sentí que di un paso hacia el altar, en la iglesia. Pensé, soñé despierto con ese día.
Di otro paso y me acordé de lo que decía mi tío de su suegra. Imaginé que sería lo que diría ella de mi mamá, de mi amada y dulce mamá.
Di otro paso y me puse rojo, de golpe. Sentí que ella me quería y, sin que nadie me vea, muy muy discreto, me emocioné por dentro.
Di otro paso y pensé en la prueba de historia. Es que, ustedes saben, aunque el amor sea mucho, uno se desconcentra por momentos.
Di otro paso, era el último. Era el último pero duró más que mil segundos, mil minutos, mil momentos, mil años...
Mi corazón me latía y me latía y me latía. No lo pensé, me acerqué y ya a lado de su oído le dije...
Iba a ser hoy, ya me había dado cuenta. Mientras saltaba, lo miraba de reojo. Yo sabía que él me estaba mirando, me daba cuenta. Cada salto que daba era un latido en mi corazón, o en mi alma, como dice mi abuela.
De golpe lo miré, estaba un poco mas cerca. Luciana me miró y me asusté, pensé que se había dado cuenta de algo.
Seguí saltando. De fondo escuchaba el canto de “sí das un salto una hija tendrás, dos hijas tres hijas y das otro más”. Me dio mucha risa. Me imaginé yo casada, con él, tal vez y con hijos, sí, dos hijos tres...
Lo miré, estaba más cerca, yo sabía que él “se me” estaba acercando ¡QUÉ LINDO EL AMOR! ¡Me salió, en voz alta! Pero tan alta. Luciana me escuchó e hizo un gesto de asco. Que sabía ella de amor.
Saltaba y saltaba y saltaba y esperaba que él llegara, con un corcel, como en los cuentos.
El sol me pegaba en los ojos y al mirarlo, de reojo, por supuesto, me di cuenta de que estaba más cerca, muy cerca, tan cerca...
Se me puso al lado, de mi oreja (muy cerca) y me dijo...
VALENTINA COTTET
6º C
EL OSITO PREGUNTÓN
Un día osito le preguntó a mamá: “¿Por qué siempre tenemos que comer miel?” Y la mamá le dijo: “Porque yo no sé dónde hay otro bosque que tenga otras comidas”. Y osito le preguntó: “¿Por qué no existen los bosques de chocolate o de papas fritas?” Y la mamá le dijo: “No sé, osito, pero ya es hora de ir a dormir, osito. Vamos, vamos a la cama, osito”.
CAMILA AGUSTINA ANCE
2º B
EL ALMA LUZ
(Mención especial)
Una luz, una luz muy bella... ¿Qué es?, ¿una luciérnaga?, ¿Una estrella? Tal vez una luz muy brillante... Una luz muy brillante está en un sueño. Un sueño de una niña muy pequeña y bella llamada Luz... Luz sueña y sueña, y de pronto se despierta... Comienza a gritar:
-¡Esa luz! ¡Esa luz! ¿Dónde está?
La mamá la oye gritar y va corriendo a su habitación
-¿Qué pasa? ¿Qué té pasa hija mía?
-¿Y mi luz? ¿Dónde está mi luz muy brillante?
-¿De qué estás hablando?
-En un sueño una luz demasiado brillante
-¡Calmate hija!, ya se te pasará
La mamá va corriendo a decirle a su esposo.
-Cielo, Luz está gritando “una luz”.
-Amor, seguro sueña con su abuela, apenas murió hace dos días. Seguro se la imagina en sus sueños.
-No creo.
El padre le fue a preguntar a su hija Luz que le pasaba. Y le dijo:
-Era un alma, pero transformada en una luz.
-¡Ah!-le dijo el padre sin entender nada.
-¿No entiendes nada, no?
Bueno, me tengo que ir a hablar un ratito con mami, pero vuelvo en unos minutos.
-Amor, me dice que era un alma convertida en una luz.
-A mi también me dijo algo parecido... Mejor ve tú, que siempre la entiendes más que yo.
El padre fue a la habitación de Luz y la encontró dormida, se acostó junta a ella. Durmieron juntos y el padre soñó lo mismo que ella. Cuando se despertaron el padre exclamó:
-¡Ya sé que es!
-Yo también sé qué es-dijo Luz
Resulta que esa luz, no era más que una luz, una niña pequeña y bella.
CAMILA ZYLBERMAN Y SILVINA BRAUN
4º C
EL NUEVO
Tú entraste por esa puerta
Y una sonrisa se me escapó
Pues tu cabello rubio y
Tus ojos hermosos son
Te sentaste a mi lado,
Y me dijiste: ¡hola!
Era tanta la emoción
Que ni el hola me salió.
Pero todo acabó
Porque la maestra entró
Y luego te sentó al lado de
Maria sol y ella robó tu corazón
MALENA SAURI
5º B
TRAVESURAS Y COMPAÑÍA
(Mención especial)
Capítulo 1: Comienza la historia
Era una vez, una familia con cuatro miembros:
El mayor, el padre llamado Jhon tenía cabellos negros como la oscuridad, era robusto y muy elegante. Siempre vestía ropa adecuada y tenía muy buenos modales. Otro integrante de esta familia era su esposa a la que llamaban Amy, tenía cabellos castaños y ojos marrones. Al igual que Jhon, Amy era muy elegante puesto que su padre y su madre eran ingleses ella trataba de comportarse a su nivel.
Debes estar pensando, ¿no tienen hijos? y yo te contestaré la pregunta si, tienen dos. La mayor se llamaba Liss y le encantaba leer. Tenía el cabello como su madre y su mirada era dulce y hogareña, generalmente ella era muy amistosa y pasiva pero...
... el hermano menor la ponía completamente loca. El se llamaba Brian, tenía cabellos negros como su padre y ojos marrones como la madre él era bastante molesto y lo que más le gustaba (aparte del helado de chocolate) era molestar a su hermana, cosa que no se privaba de hacer.
Ya que he hecho mi trabajo dejaré empezar esta gran historia.
El 20 de abril, era el cumpleaños de 15 de la hermosa Liss. Éste se festejaba con un gran baile en su misma casa, ya que era completamente enorme. A las 21.30 en punto empezaron a llegar los invitados, mientras que, Liss estaba ocultada en su cuarto terminando de cambiarse cuando estaba por salir la madre le dice: -estás hermosa-. -Gracias madre- respondió Liss tan contenta que apenas le salía la voz. -Date una vueltita antes de bajar que quiero verte de atrás también -dijo la madre, Liss obedeció pero cuando estaba de espaldas a la madre le vio la cara y preguntó: -¿pasa algo?- con voz temblorosa. La madre sabiendo que en algún momento se iba a dar cuenta le respondió: -hija mía mírate al espejo- Liss se mira al espejo de espaldas cosa que no le resultaba fácil pero cuando lo logró no le causó nada de gracia lo que veía, tenía en la parte de atrás del vestido (que encima era blanco) pintada con aerosol de colores una patineta. La pobre Liss no tuvo mas remedio que ponerse otro vestido diciendo: -lo voy a matar- con voz baja porque a su lado estaba su madre quien no dejaría que eso ocurra. 5 minutos después, Liss ya estaba en el salón bailando (afortunadamente) con el chico que le atraía pero en un momento todo quedo en la oscuridad. Se cortó la electricidad, por lo tanto no se veía, no se escuchaba la música, y para colmo, todos se pisaban. A las 24 horas exactamente se habían ido todos sus invitados
Capítulo 2: La pobre Liss y su gran venganza.
La pobre Liss estaba desconsolada ya que todo su cumpleaños estaba arruinado. Brian que estaba escondido detrás de las cortinas del comedor (donde estaba Liss) se moría de la risa ya que todo esto había sido un plan de él. La mañana siguiente a las 8.30 de la mañana Liss ya estaba levantada (cosa que pasaba muy pocas veces ya que le gustaba quedarse en la cama de mañana). Ella estaba planeando un plan de venganza contra su hermano ya que la había puesto en ridículo y encima en su cumpleaños de 15, por lo tanto no sería lo mismo que hacer un sólo plan para ponerlo en ridículo sino que quedara humillado para toda la vida. Era las 10 cuando a Liss se le ocurrió un plan que sería perfecto. Ella sabía que hoy su hermano había invitado a sus dos mejores amigos y la niña que le gustaba y eso hizo que la niña (Liss) estuviera mas contenta que nunca pues era la mejor oportunidad en años que se le podría haber presentado para poner en práctica su gran plan. A eso de las 2 de la tarde los amigos y la niña que le gustaba a Brian llamada Grace ya estaban ahí. Al igual que lo había planeado Liss, Brian los llevó directamente a su habitación la cual era su orgullo. Cuando los niños entraron en su habitación se rieron de una forma increíble. Cuando Brian se asomo a su habitación para tratar de ver de qué se reían tanto sus amigos y Grace casi se desmaya. Liss que estaba escondida detrás de las columnas (porque cada habitación tenía en su costado una columna) se mató de la risa pero nadie se dio cuenta puesto que los chicos se reían mucho mas fuerte que ella. Los amigos de Brian y también Grace se marcharon aguantándose la risa para no poner peor de lo que estaba a Brian que apenas se marcharon sus amigos gritó -Odio a Liss!!!!!!!-.
Cuando sus padres llegaron a la casa encontraron a Brian llorando en su rincón favorito e inmediatamente le preguntaron qué le pasaba. Brian les contó que Liss le había llenado toda la habitación con stickers de Barbie, Barnie y demás, además le había pegado un póster que decía: “qué ricos los gusanos”. Cuando Brian terminó de contar su historia la madre se propuso en ir a retar a Liss pero a Brian no le alcanzó que la retaran sino que cuando se encontró con Liss dijo: -esto es guerra-. -De acuerdo- dijo Liss riendo.
Capítulo 3: Guerra
Ese día ninguno de los padres durmió tranquilo, tenían miedo de que, en el rato que ellos estaban acostados sus hijos tramaran una gran venganza.
La noche siguiente los padres estaban más preocupados aún puesto que, ese día ninguno de sus hijos había hecho la guerra. ¿Sería porque no se les había ocurrido nada? o mejor ¿porque ya se les habría pasado? ¿O sus padres tendrían que interferir mayormente? Nadie lo sabe, ni siquiera yo, la escritora. Lo que si sé, es que algo terriblemente feo pasará.
En efecto la mañana siguiente, mientras que desayunaban nadie habló se podría escuchar hasta una mosca si no fuera por la exclamación de Liss al decir -ja- ese “ja” fue la palabra que más miedo me produjo al escribirla puesto que estaba dicha con maldad, odio y lo peor de todo venganza.
Los padres de Liss y Brian estaban realmente preocupados puesto que si sus hijos seguían así no iban a tener mas remedio que separarlos de un método que sería no muy lindo se podría decir.
Mientras que los padres estaban muy mal por el comportamiento de sus hijos, ellos no sabían lo rápido que deberían actuar. La simpática Liss devoraba los libros de venganza para ver si le traían alguna idea contra su hermano pero lo que no sabía era que tenía que apurarse puesto que no era la única que planeaba venganza sino que el joven Brian (mientras que comía helado de chocolate) tramaba la venganza mas grande que jamás se hubiera conocido.
Pasaron semanas y semanas pero a los niños no se les ocurría una venganza perfecta ya que cada día los niños se molestaban pero no mucho sino más bien poco, no como una venganza sino para que el otro no se aprovechara de la situación de pensamiento de cada uno.
Un día la señora Amy decidió que ya era hora de que Liss tuviera algo más que hacer que molestar a su hermano que era lo que había estado haciendo las últimas semanas. De tanto pensar Amy estaba por rendirse hasta que se le ocurrió una idea perfecta. Cierto día Amy se encontró con Liss y le dijo en un tono completamente pacífico -Liss mi querida niña en la puerta hay un muchacho que quiere verte-. Liss corrió apresuradamente hacia la puerta de calle ya que hacía bastante tiempo nadie la visita en especial un muchacho.
Liss y el muchacho llamado Gustav se llevaron muy bien y él le caía muy simpático a la familia pero un día desapareció. Nadie sabe por qué ni cómo pero Liss quedó completamente destruida pues era el amor de su vida y lo había llegado a querer como un verdadero hombre cosa que era muy difícil que pasara con Liss.
Capítulo 4: Bajo el paraguas
Era un día nublado y Amy tenía que ir al centro de la ciudad a hacer unas compras. Cuando Liss la vio que salía le preguntó a dónde iría. Amy le explicó a Liss que tendría que ir a hacer las compras porque necesitaba unas agujas número 7 para terminar su manta. Liss ya que estaba un poco aburrida le ofreció a su madre si prefería que vaya ella. La madre (que tenía mucho sueño) le dijo que sí pero que se cambiara antes de ir pues, hacía demasiado frió para ir vestida con solamente una remera y una falda hasta la rodilla. Media hora después Liss ya estaba lista para salir se había puesto su mejor vestido de verano, a pesar de que su madre le había dicho que se abrigase ella no quiso hacerle caso, se calzó los zapatos y se fue.
En la mitad del camino comenzó a llover Liss empapada corrió con todas sus fuerzas para llegar al centro lo más rápido posible para no mojarse.
Unos 5 minutos después Liss llego al centro y para su desgracia seguía lloviendo. Desesperada corrió por debajo del paraguas de la primera persona que pasaba, reprochándose a ella misma ¿para qué habría traído su vestido más lindo? ¿Para qué había tenido esperanzas de que su amado Gustav se encontrara con ella? Llorando sin darse cuenta caminaba debajo del mismo paraguas todo el tiempo como si esa persona fuese al mismo lugar que ella. En un momento Liss escuchó una voz gruesa que le decía -¿en qué puedo serle útil?- esa voz a Liss le parecía familiar alzó la cabeza y ... ¿a quién vio? Nada más ni nada menos que a Gustav sonriendo al verla nuevamente. La alegría de Liss era inexplicable aunque todavía no estaba segura de saber por qué había desaparecido tanto tiempo, pero pronto descubrió que no importaba y se echo a reír. En una tienda compraron lo necesario y volvieron a casa de Liss a contar lo sucedido.
Un mes después decidieron casarse.
Fue el casamiento más hermoso que jamás ninguna persona haya visto.
ANA FISZMAN
6º C
EL PUEBLO DE LA VACA COLOR PIEL
En el pueblo de la vaca color piel todo se veía color piel, las nubes eran color piel. Encima estaba nublado.
Todos estaban tristes.
Un día muy feo salió el sol.
El cielo estaba celeste y sin nubes.
Cuando en un abrir y cerrar de ojos se cambió a multicolor.
Así desde entonces fueron felices.
VALENTINA TOMALINO
3º A
EL CABALLO
Un día de sol en una manada de caballos vivía un caballo llamado Relámpago y le gustaban las flores y el pasto. Pero un día hubo una tormenta y no pudieron salir a pastar, los caballos se preguntaban qué eran esas gotas pesadas y mojadas. A la mañana todos pastaron y comieron.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Fin
AGUSTINA ROCÍO OJEDA
4º D
EL CRIMEN CASI PERFECTO
Nadie pensaba que Ernesto Kleenex iba a morir así, con tres tiros en la nuca y las manos atadas, en su taller de arte.
El detective Gustavo Walsh preguntó dónde habría una persona que pudiera hablarle sobre la vida del pintor Kleenex, y un guardia que estaba en el museo Bellas Artes, el lugar del crimen, le contó que el famoso pintor, siempre andaba con un socio suyo llamado Martín Gómez. El detective no dudó, y le preguntó al guardia donde podía encontrarlo, éste le contestó que no tenía idea, y justo en ese momento entró al museo un hombre alto y flaco, con cara muy triste, casi llorando. El encargado del lugar le tocó el hombro a Gustavo Walsh y le dijo bajito:
-Éste es el señor Gómez, me olvide de decirle a usted, que Martín había ido a comprar cigarrillos porque estaba muy nervioso por la pérdida de su mejor amigo.
El detective se acercó al joven y le pidió que lo acompañara al taller donde trabajaba Ernesto Kleenex.
Martín Gómez le preguntó al detective quién era, y cuando Walsh le contestó que era el encargado del caso, el joven aceptó ir a donde Gustavo le pedía.
Cuando llegaron al taller de arte se sentaron cerca del escritorio donde trabajaba el famoso artista. Martín le contó a Gustavo que Ernesto Kleenex no tenía enemigos, era una persona muy amable, a veces un poco serio, pero si no, siempre estaba de buen humor.
Luego de contarle por cuarenta y cinco minutos sobre la vida de su mejor amigo, ya con la cara toda mojada de llorar y conmocionarse al contarle sobre alguien que estaba muerto, Martín se acordó de que había dos sobrinos del pintor que lo odiaban demasiado, y que a veces lo visitaban a la fuerza, porque eran hijos de la hermana del artista, y la señora de setenta y ocho años los obligaba a visitar a su tío, y que estos dos jóvenes eran los únicos herederos de la fortuna Kleenex: Santiago y Manuel Hernández, ambos de treinta y nueve años.
El inspector Walsh, decidió terminar la entrevista y buscar dónde encontrar a los nuevos sospechosos. Cuando supo dónde vivían, allí concurrió para entrevistarlos. Al llegar a la casa, tocó el timbre, y un joven alto y macizo abrió la puerta, algo le impresionó al Dr. Walsh de este hombre: le faltaba un dedo.
-¿Señor Hernández? – preguntó Gustavo.
-Si, Manuel Hernández. ¿Qué quiere?
-Usted queda arrestado por asesinar a Ernesto Kleenex.
El sobrino de la víctima quedó sorprendido y duro.
-¿Cómo sabe eso? – Preguntó.
-Al salir del taller de su tío, casi me caigo con un guante negro de cuero, el socio, Martín Gómez me dijo que no vio nunca ese guante, así que lo mandé a investigar. Me dijeron que el lugar donde va el dedo índice de ese guante no estaba usado, o sea que al dueño de ese guante le falta el dedo índice, y a usted le falta justamente ese dedo.
-Sabíamos que él nos odiaba y que nunca nos iba a dar ni un centavo, queríamos la herencia, por eso lo hicimos.
El detective lo miró, sonrió y dijo:
-El crimen era casi perfecto, sólo que te olvidaste de tomar algunas precauciones.
ANACLARA ROCHA
6º B
¿Y SI FUE EL COCINERO?
La señora Álvarez había aparecido muerta en su departamento. Élida, como la llamaban sus compañeros, había aparecido a las 7:00 p.m. con la lengua cortada.
Elsa no tenia experiencia, estaba a cargo de todo y el peso de sus jefes caía sobre ella. Era natural que se sintiera así. Marta su jefa, era corpulenta y muy estricta, ella lo sabía.
Elsa estaba en la comisaría, esperando que llegara su segunda sospechosa: Alicia, que paseaba al perro del padre de Élida.
-¿Fue usted? -preguntó Elsa a la primera sospechosa, a quien le estaba tomando declaración.
- No señora, jamás cometería un crimen así.
-Hábleme de su romance con el esposo de Élida.
-NO ME PUEDE PREGUNTAR DE ESE TEMA. Además, la difunta sabe perfectamente que yo no fui. ¡Pregúntele!
-¡NO ME HAGA REALIZAR COSAS QUE SABE QUE NO PUEDO! ¡NADIE PUEDE!
-¡¡¡¡Eso es porque la política de este país es un desastre!!!!
-¡¡¡¡¡Qué tiene que ver señora!!!!!
En eso entró Alicia, cortando la discusión.
-¡Hola! ¿Que tal? ¡Disculpen la tardanza! -dijo Alicia, con toda naturalidad.
Stella y yo, la miramos, sorprendidos pensando “¿no se habrá olvidado que es acusada?
Al sentarse, no paré con la investigación:
-¿Fue usted?
-No señora. Todos los jueves salgo con mi marido a "Don Torcuato" a jugar al golf. Además ese día estaba muy soleado y fuimos con los perros del padre.
La coartada de Alicia era muy rebuscada, así que no tardé en derribarla:
-Señora Alicia, cuando encontramos a la dama muerta, estaba tirada en el piso toda mojada a causa de un agujero en el techo, por lo tanto ese día había llovido. Además, los perros del padre, fueron los primeros que la vieron.
-¡A esa hora ya estábamos de vuelta! ¡¡Además, los perros son cuatro!!¡¡Nosotros fuimos con dos!!
Como se imaginaran, se desató una discusión que no tiene sentido contar.
Me fui a mi casa, para ver si me despejaba y de golpe una hipótesis rondaba en mi habitación. Me acordé que hace dos años se había muerto el cocinero, odiado por Alicia, ya que él tiraba las sobras en su jardín. Y me acorde también, que la mucama de Élida, había sido amante de su esposo, del de Alicia, y que ella siempre había envidiado el gran Piccaso que colgaba en el hermoso living de Élida.
Es más, Alicia siempre envidió a Élida en todos los sentidos.
Fui corriendo a la comisaría y le dije a mi jefa Marta que podría haber sido Alicia, que supuestamente se fue con su esposo al golf, pero recordé que Stella Maris, dos días antes me había contado que esa pareja se había separado por falta de amor. Dije que el ex esposo de Alicia, había partido al golf. Élida como habituaba, se acostó a dormir una siesta y Alicia entró y la mató, y le robó el cuadro.
-¿Y LA LENGUA?- preguntó Marta.
-Alicia también estaba celosa de que Élida era la más chusma, por eso le cortó la lengua.
-¡¡USTED ES MUY TONTA!! ¿¡NO LE PARECE QUE SERÍA MUY TONTO HACER ESO, YA QUE QUEDARÍA COMO LA PRIMERA SOSPECHOSA!?
Me fui para atrás. Estaba triste. Había sido mi mejor hipótesis. Corrí a mi casa llorando y se me ocurrió algo. ¿Y si el cocinero no estaba muerto, y harto de que Élida lo llame, le cortó la lengua? ¿Y si Élida intentaba pedir ayuda, pero como tenía la lengua cortada, no podía? ¿Y si se había muerto del susto o algo así? ¿Y si luego entró Alicia y le robó el cuadro?...
VALENTINA COTTET
6º C
Había una vez un león llamado Maxi. Maxi vivía en un bosque pero a él no le gustaba vivir en el bosque, quería conocer otros lugares, por ejemplo, el mar. Después de un largo rato de pensar fue a llamar a su mamá y le dijo:
– ¿Por qué no podemos ir a vivir al mar?
Y la mamá le respondió:
–Porque no tenemos aletas y nos ahogaríamos.
–Bueno, mamá –dijo Maxi– ¿y no podríamos ir a vivir en el Polo Sur?
Y la mamá le respondió:
–No, hijo, nos congelaríamos y aparte nosotros no comemos peces y el bosque es un buen lugar para vivir.
Entonces se quedaron a vivir en el bosque aunque el león no estuvo de acuerdo con su mamá.
TOMAS BIANCHI Y EMILIANO MIGLIORE
3º A Y B
MI ORCA
(Mención especial)
Había una vez una pequeña orca que se llamaba Costa como la costa de la playa. Costa vivía con su mamá y su papá y aquí empieza esta historia.
Una mañana muy cálida, Costa se levantó de su cama de corales y algas marinas, fue a desayunar y mientras saboreaba su desayuno le preguntó a su madre:
–Mamá… ¿por qué vivimos bajo el agua y nunca estamos arriba?
Y su mamá le contestó:
–Es que arriba no hay agua ni corales ni nada que necesitamos para vivir.
En eso apareció su papá y él dijo:
–Mi hijita, nosotros no subimos allá arriba porque hay unos humanos que te atrapan para sacarnos la grasa y así pueden fabricar algunos de sus productos.
Más tarde a la hora de la siesta Costa soñó con tocar el hermoso cielo.
Días después la pequeña orca le dijo a sus papis que quería salir del mar, siguió diciéndoles esto hasta que un día mamá orca aceptó lo que su hijita quería hacer. Pero a papá orca le fue muy difícil decir que sí, pero salieron afuera y les gustó tanto que desde ese día las orcas salen afuera del mar.
VICTORIA TOMALINO
4º B
MANUAL DE BICHOS Y PARIENTES
(Primer premio, 4º y 5º grado)
Mi nombre como saben es Manuel y mi sobrenombre es Bichos. Bichos no fue algo que me lo dijeron toda la vida, pero la verdad es que si quieren saber de donde viene, van a tener que escuchar la historia.
Bueno, esto ocurrió en la ciudad de Reino, donde todavía mandaba la reina Beatriz y yo ya tenía mi moto que ese día me la había regalado mi mamá.
A mí me gustan los animales y por eso trabajo en el Zoológico.
A la mañana siguiente habían avisado en la TV que a la noche iba a caer granizo y yo no los iba a dejar solos a los animales, en el aire libre. Así que decidí que iba a alquilar un camarín del circo para poner a los animales y los llevaría a mi casa de verano en moto y un camión. ¡Iba a ser de complicado! Pregunté al director del Zoológico y creo que no le importó nada, pero lo bueno es que me dijo que sí.
No les voy a contar detalle por detalle, sino se hace muy largo, pero, en fin, igual sólo cuento que tuve que ordenar todo lo que desordenamos en la casa.
Y así es porque mi apodo es de ese modo.
Ustedes se preguntarán que tiene que ver parientes con el título que está en el título y es porque Manuel y los bichos se tratan como parientes aunque sean muy distintos.
M. VICTORIA SANTILLI
4º D
UN LOCO, DOS MUERTES, TRES JOYAS
(9 a.m. de la mañana, que hace 3 horas que encontraron los cuerpos en un cuarto de la casa)
-El hermano de 16 años y una joven de 12 se salvaron gracias a que atinaron a esconderse en un placard que apenas cabían. -Dijo el detective-
-Ellos verifican haber escuchado una voz grave. Pero con tanta angustia no consiguieron reconocerla.
-Parece un caso fácil, pero es muy complejo. El padre era un tipo muy sabio, y que no tenía problemas con nadie, la madre, en cambio, con un carácter fuerte, a la vez, buena señora. Su vecino, Carlos Ramírez, los detestaba por los pijamas parties de la hija y la música muy alta que por las noches la familia escuchaba. Mandé a buscar información pero, es un señor inofensivo, o al menos eso parece. Trabaja como gerente de una empresa, en fin, ya lo interrogué, pero esa noche, estaba en una reunión de trabajo. Pienso yo, ya tantas discusiones ¿no?, ¿un una persona encargada de una empresa, con muy buena ganancia, se podría arriesgar a algo tan semejante? -Dijo el detective- ¿A usted qué le parece oficial?
-Que también podría haber mandado a matar ¿No? -agregó el oficial.
-No lo creo, no le serviría de nada, aparte, este vecino ya había puesto su departamento en alquiler, y no se metería en un gran lío, es más yo creo que la muerte de esta pareja, él lo lamentó.
-Sí, tiene razón, muy buena observación. ¿Algún otro sospechoso hasta ahora?
-No. Mire señor, yo soy muy detallista y eso me ayuda en muchos de mis casos, me voy a quedar acá algunas horas mas interrogando a más personas.
Debido a su muy buena visión, Macheti encuentra en el piso 3 perlas.
-Se las mostré a los chicos y lamentablemente, pertenecían al collar preferido de su madre.
Su tío lejano, Martín, tenía cierta atracción por las joyas, aparte, descubrimos que él ya estuvo involucrado en un robo y permaneció 1 año en la cárcel.
En la comisaría los dos jóvenes, que, todavía traumados, contestaron lo que pudieron con extrema amabilidad.
-Una noche que, Martín, vino a cenar a casa, yo escuché que había amenazado a mi mamá con sacarle las joyas que había heredado de mi bisabuela. Llegué a ver como su cara iba transformándose. Y lo último que escuché fue que ella decía que eran de su pertenencia.
-¿Vos Juan, escuchaste algo?
-No, ese día estaba charlando con mi papá en la mesa.
-Pero, ¿te habían contado sobre esta amenaza antes?
-No, me estoy enterando ahora, oficial, lo que pasa es que siempre se hablaba de Martín como un tipo raro.
-Bueno, muchas gracias chicos fueron de mucha ayuda, pero si no les importa, ¿ustedes tienen algún vínculo que sus padres hayan comentado sobre Martín u otro adulto que pueda colaborar con más datos?
-Si, dijo Juan el joven de 16 años. Unos muy amigos de nuestros papás, qué en ese momento pasaban el fin de semana en su casa de campo.
-¿Y ellos saben sobre el asesinato?
-Lo primero que hicimos fue llamarlos, pero por cualquier duda, aquí tienen el número.
Luego de tener trabajando a un grupo de expertos, no logré descubrir mucho, pero si que el señor Martín Juanes, tenía problemas financieros, y que acumulaba deudas del departamento, tarjetas, etc. Además averigüé que las joyas que tenía la mamá de los chicos eran de mucho valor, y tendría que matar a ambos padres para quedarse con ellas.
Este mismo grupo lo buscó logrando localizarlo.
-Enseguida llegué al lugar donde estaba detenido para poder interrogarlo. Ni por un segundo dudé quien había sido el asesino.
Una vez cerrado el caso el juez aprobó que el matrimonio se quedara con la tenencia de los jóvenes.
SOL TARANTO
6º B
EL CABALLO EGOÍSTA
Érase una vez un caballo muy egoísta con sus compañeros de la selva. Un día empezó a cambiar, porque se dio cuenta que ser egoísta era malo…
Un bello día de sol el caballito le repartía comida a todos los compañeros de la selva muy contento y feliz de la vida.
Todos los habitantes de allí empezaron a quererlo más que nunca.
El 18 de Noviembre todos festejaban de lo generoso que era el caballo.
Y él comprendió que siempre se necesita un amigo…
Y fueron felices y comieron perdices.
MICAELA MONTERO
4º D
EL CHICO QUE HACÍA TRAVESURAS
Érase una vez un niño muy mandón que le gustaba hacer todo tipo de travesuras. Un día le puso a la maestra en su silla, le puso un almohadón que de sonido hacía pum, entonces la maestra preguntó:
– ¿Quién lo hizo?
Todos los chicos señalaban a ese chico. La maestra lo castigó y llamó a la madre del nene malo, volviendo del jardín. La madre retó al chico y desde ese día el chico no hizo más travesuras a la maestra o a sus amigos.
Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
AGUSTINA ROCÍO OJEDA
4º D
PEPE EL NIÑO QUE QUERÍA VOLAR
Érase una vez en un pueblo muy muy pequeño (en el que todos vivían felices) un niño llamado Pepe. Él tenía ocho años y para ser de su edad hay que admitir que sabía una cantidad de cosas impresionante, es más, si no fuera por su altura todos dirían que estaría ya en sexto.
Pepe no era un niño normal. En vez de salir con sus amigos, ir a la casa de su mejor amigo e ir al cine con su mamá, él prefería dibujar los pájaros, estudiar sus alas, tratar de hacer su propio par. Le fascinaban esas cosas.
Un día de lluvia, que su mamá había ido al mercado el niño al no poder salir para ver las aves y sus encantadoras alas decidió que ya había llegado la hora, había llegado la hora de que él mismo debía inventar algo para volar. Se preguntarán -¿cómo algo?-. Sí algo, cualquier cosa, podía ser que hiciese sus propias alas, crear una hélice, y hacer volar algo. Cualquier cosa. A Pepe se le ocurrió una idea magnífica, increíble, prácticamente hermosa, pero también muy pero muy difícil. Pepe fue corriendo a la cochera. Busco rápidamente su bicicleta (estaba bastante sucia, ya que no la usaba hace ya mucho tiempo) y la llevó a su habitación.
También tomó de allí unos trozos de madera (bastante grandes) y los llevó junto a la bici, agarró un cuchillo muy afilado y empezó a darles a los trozos de madera forma de hélice. Luego de un buen rato quedaron completamente perfectos. Unió las hélices, las pintó y luego las pegó en la punta delantera de la bici de tal forma que parecía un avión pero con forma de bici.
Esa noche (Pepe) casi no podía dormir, estaba tan contento con su invento.
A la mañana siguiente, cuando despertó inmediatamente se fijó si el día estaba soleado cosa que notó por rayos completamente fuertes que surgían de afuera y fue directamente hacia su nuevo invento, estaba tan contento. Fue hasta una colina se tiró de allí subido a la bici y surgió un milagro, la hélice comenzó a girar y a girar y a girar cada vez con más fuerza hasta que mágicamente despegó.
Ese fue el cuento que vine a contar, como ya terminó yo me voy, pero quiero que quede en claro una cosa:
Pepe existió y este cuento (más bien historia) que les acabo de contar fue transmitido de generación en generación así que espero que quien lea este cuento lo publique o lo cuente cuando tenga hijos/as, nietos/as, sobrinos/as, etcétera.
ANA FISZMAN
6º C
Había una vez un conejo que comía zanahorias y mucho, y engordó tanto que no podía ir a jugar con sus amigos. Y un día comió poco para ir a jugar con sus amigos, y también hacía gimnasia para bajar de peso, y después fue porque había bajado de peso y quedó flacucho y todos los amigos de él se fueron a jugar a las escondidas, y después se fueron con sus esposas, y todos en diez días tuvieron hijos e hijas re buenos y buenas y los hijos de los amigos se hicieron amigos y todas las esposas se hicieron amigas y todas las familias fueron felices.
JULIETA GREGORI
2º D
BURBUJAS BURBUJERAS
(Mención especial)
Un día una nena llamada Luz se fue a bañar. Llenó la bañadera con espuma, cuando se metió escuchó una voz que decía:
– ¿Querés jugar con conmigo?
Luz se preguntó quién era, entonces escuchó la misma voz que decía:
– ¡Soy una burbuja!
Luz vio en el medio de la bañadera que una burbuja levantaba la mano.
Luz le contestó:
– ¡Claro que quiero jugar, señora burbuja!
La burbuja saltó hacia ella y llamó a sus amigos y les dijo:
– ¡Háganle un collar a la niña que cambie los colores!
Los amigos salieron del agua y le hicieron un collar a Luz, la burbuja después dijo:
– Canten y bailen sin parar.
De pronto escucharon la voz de la mamá que decía:
– ¡Dale, Luz, salí de la bañadera!
Luz se puso triste porque no quería salir de la bañadera. Entonces la burbuja le dijo:
– Yo me tengo que ir, pero cuando te bañes, yo estaré ahí.
Luz salió de la bañadera y se despidió de la burbuja.
AYELÉN GOICOCHEA
4º A
UN VIAJE NEVADO
Introducción:
Un poco incómoda desde adentro del micro, a Laura le parecía que el viaje no terminaba más. Pero ya presentía ese fresquito típico y sabía, sabía que estaba llegando a Bariloche. Ya quería sentir el calorcito en su cuerpo, cuando tomara chocolate caliente. Por supuesto, era un detalle que no podía faltar en un viaje como ése…
Historia:
Laura recibió sus valijas y admiró el paisaje. ¡Qué hermoso era aquel lugar! ¡Increíble! Luego empezó a notar que los bolsos estaban pesados. Ella no era de cargarlos mucho, pero como viajaba a la nieve, necesitaba mucha ropa abrigada.
El remís llevó a Laura hasta la cabaña. Ésta era sencilla pero acogedora, como una enorme taza de chocolate caliente. Hasta le salía humito de la chimenea. Tenía un comedor chiquito, con un hogar a leña. Deliciosa, dulce y alegre. Era el lugar ideal para charlar, para compartir un mate, para tomar el té entre amigos, o simplemente para estar…
A las tres y cuarto de la tarde Laura salió, patines en mano. Iba a pasar el día patinando en cualquier lago congelado. La gente que estaba allí vio cómo se deslizaba aquella joven y se quedó entusiasmada. Lau terminó de patinar y fue hacia el bar más cercano. Entró y se sentó en la mesa que estaba del lado de la ventana. La miraba y sonreía. Se acordaba de que su abuela le contaba la experiencia del viaje a la nieve desde que era chica, y le explicaba que cada vez que iba a un barcito, le gustaba ir al lado de la ventana, y observar cómo la nieve caía, mientras disfrutaba de una gran taza de chocolate caliente. Cada cosa que Lau veía le hacía acordar a su abuela Nelly.
Al día siguiente, a las siete de la mañana, sonó el despertador. Laura, estaba casi lista (todavía le faltaba vestirse y todo lo que uno hace a la mañana) para ir a la excursión más grande de su vida. ¡Iba a escalar, junto a otras personas, una montaña altísima! Más o menos de 840 metros. Tal vez, no era mucho para un profesional, pero para Lau, sí.
Primero, un teleférico los llevó hacia el lugar de comienzo. Luego, repartieron zapatillas especiales y mochilas con provisiones, etc. Con guías y profesionales, escalaron los primeros metros (que no fue nada fácil). Laura, no lo podía creer. Sabía que lo estaba haciendo bien, y definitivamente lo estaba haciendo bien.
-Un pie, una mano. El otro pie, la otra mano… - recordaba Lau tal cual le habían indicado los guías.
Cuando llegó hasta arriba, boquiabierta, casi se desmaya. Ese lugar… ¡era maravilloso!
Estando arriba aprovechó y entró a una casita que vendía alfajores. Por un momento sintió que le tocaban el hombro. Cuando se dio vuelta, Laura estaba más feliz todavía.
-Vicky, ¿sos vos?- preguntó Laura
-Sí, Laurita. ¿No te acordás de mí?- le contestó su amiga del jardín y su compañera de aventuras.
-¡Debo estar soñando!- pensó Lau mientras abrazaba a su amiga.
Unos minutos después de observar el paisaje, Laura le propuso a Vicky:
-Cuando bajemos… ¿querés venir a mi cabaña? Es ideal para charlar entre amigos y tomar unos deliciosos mates.
-¡Dale! Me parece una idea genial -contestó su amiga.
Pero antes, disfrutaron juntas del paisaje desde la alta montaña. Era todo blanco, absolutamente todo. Como un palacio de cristal. Desde allí arriba, podían ver la cabaña de Lau, la de Vicky, el barcito “La Ventana Nevada”, al que Laura había ido y se acordó de la anécdota de su abuela, y también podían ver… ¡casi todo el pueblo!
Había llegado la hora de bajar. Pero ambas sabían que iban a charlar y tomar un mate juntas en una cabaña chocolatada.
Cuando terminaron de bajar, un joven, que al parecer era un paseador de perros, pasó con muchos perros Husky y saludó a las personas que guiaban y ayudaban. Al ser chiquito el pueblo donde estaban las chicas, seguro que todos se conocían.
Laura se hacía la que escuchaba, pero Vicky no se daba cuenta y le seguía hablando con el propósito de no parar.
-¡Siempre es así!- pensó Lau.
De repente, vieron que un perro se alejaba del grupo a toda velocidad. Todos, incluyendo a Laura y Vicky, lo persiguieron. Pero nadie logró alcanzarlo. Al cabo de unas horas, ya todo el pueblo sabía de la desaparición del Husky.
Laura y su amiga no se detuvieron ni un momento. Se proponían no parar hasta encontrar al perro. Se subieron al teleférico para localizar al perro desde lo alto. El último intento fue ir a patinar por todos lados, a ver si lo encontraban. Cuando ya se dieron por vencidas, fueron al bar para descansar.
-¡Nunca lo vamos a encontrar!- dijo Laura.
-¿Te acordás de lo que nos dijo Nelly cuando éramos chicas? “Cuando menos lo busques, lo vas a encontrar”- dijo Vicky.
En ese momento, vio que un perro pasó corriendo por al lado de la ventana. Laura reaccionó enseguida, se puso los patines y salió tras él seguida por Vicky. Lo persiguieron cuadras y cuadras hasta que lograron atraparlo. Agitada, Laura dijo:
-¡Uff! Te atrapé…
Lo llevaron a la casa del paseador. Cuando abrió la puerta y vio al perro, se sorprendió.
Muy agradecido, como recompensa, les regaló una caja de bombones. Como apasionadas del chocolate que eran, compartieron los dulces.
-¡Ya sé! Le puedo regalar esto a la abuela.- dijo Lau.
-¿Eso? Creí que le querías llevar algo especial.
La partida:
Tres días después, ya había llegado la hora de partir.
Esta vez, el viaje no le resultó incómodo, al menos no se daba cuenta, porque tenía a su amiga al lado que no paraba de hablarle, ¡como siempre!
Juntas, hicieron un resumen de lo que pasaron.
-Y no te olvides del típico barcito -le recordó Lau a su compinche.
- Y del perro. Y también del pueblo -dijo ansiosa Vicky.
Cuando llegaron a la estación, se despidieron.
Al llegar a su casa, Laura gritó, al ver que toda su familia estaba esperándola. ¡Qué sorpresa!
Repartió los regalos y, cuando llegó el turno de la abuela, le dijo:
-Tomá, abu. Esto es para vos. Espero que te guste.
- ¡Claro que me va a gustar, mi amor!- dijo la abuela mientras abrazaba a su nieta.
Cuando abrió el paquete con delicadeza Nelly casi se larga a llorar de la emoción. Era lo mejor que le podía pasar. Que su nieta le traiga una cajita de bombones con música.
-¡Es hermosísima!- exclamó su abuela.
Una bella música se desplegaba por el ambiente, mientras una linda bailarina patinadora giraba al ritmo de la música. ¡Sonaba tan romántico!
-Como la primera vez que vi a tu abuelo, nena. Igual.- dijo la abuela.
Luego, Laura les contó todo lo que hizo. Desde su encuentro con Vicky hasta la búsqueda del perro. Junto a su abuela, Lau le puso un nombre a esta hazaña: Un viaje nevado.
Glosario:
Teleférico: medio de transporte utilizado en las montañas.
Husky: raza de perro, típico de la nieve y lugares fríos.
LUCÍA JIMENEZ
6º B
PAVO REAL FELIZ
Un día un pavo real se sentía real. Su mamá le dijo:
– ¡Tranquilo, hijo! Aunque nos llamemos reales no significa que seamos reales.
Y el se puso triste y pasó una pavita real y le dijo:
–Te quedan lindas las plumas…
Y se casaron.
FIN
MARINA ARRASCO
1º A
Había una vez un leopardo que tenía mucha carne. Pero el pequeño leopardo ya estaba cansado de que siempre comía mucha carne, quería comer pasto o miel. Al mes se quedó con mucha hambre hasta que consiguió lo que quería y se hizo vegetariano por casi toda su vida y todos fueron felices. Fin
GUSTAVO VILTE
2º B
TRES CORAZONES
Hace apenas seis años, cuando María entró a primer grado, como siempre empezó a conocer a sus compañeros y a hacer amigos. Ese mismo año se despidió de una amiga que se fue a Israel. Ella extraño a ésta compañera, durante todo el año siguiente.
Los días fueron pasando, hasta llegar a segundo, donde conoció a un nuevo compañero. María no sabía si había repetido o si lo habían bajado de tercero porque no estaba al nivel. Aquí un grupo de chicas quiso que María se uniera a un club llamado “El club de las cancheritas”, pero la condición era abandonar a su mejor amiga, pues ésta no cumplía con las condiciones necesarias para ingresar al mismo, por lo que decidió rechazar la oferta. Pero ese año se despidió, nuevamente, de dos compañeros. Uno de ellos era Nicolás, quien se fue a vivir a Italia, mientras que la otra persona era su amiga, aquella con quien había vivido momentos únicos. Pero al contrario de Nicolás, esta chica simplemente se cambiaba de escuela. María mucho no los extrañó ya que con Nicolás no se llevaba muy bien, y, su amiga vivía al lado de su casa.
María llegó a tercero, pero no sin compañía, junto a ella llegó Cupido, quien empezó a flecharla. María pensó que ese año ya nadie se iría pero no fue así porque una de sus tantas amigas, que parecía un lorito se despidió de ellos para siempre. María la extraño bastante, pero no tanto como había imaginado.
Finalmente, María llega a cuarto grado y recibe a una nueva compañera que más o menos en el tercer bimestre se fue y abandonó a sus amigas, María antes de que esto sucediera hizo algo sin pensarlo y por esto la cambiaron de sección y fue como la “nueva” del otro curso. Allí se encontró con amigos y gente que conocía de otro lado, también conoció a Emiliano quien acababa de terminar con su novia y quedó completamente flechado por María.
María llegó a quinto grado donde la pasó muy bien y recibió dos compañeros que repitieron, uno era una especie de “pleito” mientras que la otra compañera se convirtió en otra de las amigas de María. Este año tenía una oportunidad con matemática, compitiendo en unas olimpiadas y, ya que le gustaban tanto las matemáticas decidió intentar. Pero sólo logró pasar la primera ronda.
Este año vuelve a cruzarse en su camino la oportunidad, pero nuevamente fracasa. Pasaron los meses, y sorpresivamente aparece la oportunidad de presentarse en un certamen de matemática en pareja, esta vez decide esforzarse más, pero la respuesta tarda en llegar y ella y su compañero nunca supieron como quedaron. Este mismo año recibe dos compañeros y uno era su antiguo compañero que se había ido a Italia. Ella al reconocer a Nicolás queda flechada y se lo cuenta a su mejor amiga Lucia, quien vivía al lado.
En octubre todo sale a la luz y Nicolás le propone ser el novio de ella y la pequeña niña se sintió tan afortunada que le dijo que sí. María siguió el resto del año con su noviazgo y Nicolás se peleó con Emiliano, quienes eran mejores amigos. Nicolás era tan cariñoso que le regaló una tarjeta, que para María significaba demasiado por lo que decía.
María llega a séptimo y no lo puede creer, sigue con su noviazgo mientras que Nicolás dice todo lo contrario a María se le presenta una nueva oportunidad, pero esta vez no era de una materia exacta, sino que era sobre literatura, la cual era sólo de su escuela y pensó “si tuve tanta mala suerte con las matemáticas porque no probar con la lengua” y entonces empezó a escribir y espera que le vaya mejor que con las matemáticas. Sus esperanzas aún no acaban y se esfuerza enormemente para que esta vez, sus expectativas se logren.
SOFÍA JAZMÍN ÁLVAREZ
7º A
EL PEZ LOCO
Una tarde había un pez que se enamoró de una sirena. Por supuesto, cuando se iban a casar un amigo dijo: “Vení así ves el banquete”.
“No puedo”, dijo el pez. “La sirena se escapó”, le avisó otro amigo.
“Cómo que se escapó. Vayan a buscarla”.
Al día siguiente los amigos Martín y Julián la encontraron durmiendo.
“Vamos, hay que llevársela a Oscar, nuestro amigo que encima hoy se tiene que casar”.
En la boda la sirena dijo: “No acepto”.
Oscar tan triste se fue y la sirena también. A la tarde Oscar vio a Selene, su amiga.
Oscar le preguntó: “¿Querés ser mi novia?”
“Sí”, contestó Selene.
De esa forma la sirena fue feliz y Oscar también.
VALENTINA TOMALINO
3º A
Había una vez una chica que se llamaba Charli, que luchaba con mostros y un hombre que luchaba con mostros y se llamaba Agustín y un día se encontraron en una lucha y vieron una señora que era maga y la chica y el hombre y la maga lucharon con los mostros y serpientes y cascabeles y yacarés y Charli y Agustín se casaron y tuvieron un hijo y le enseñaron a luchar con mostros chiquitos y cuando tenían diez años le enseñaron con mostros grandes y los cuatro lucharon para siempre muy fuertes y muy enojados.
GUSTAVO
LAS EXTRAÑAS MÁSCARAS
(Mención especial)
Estaban todos sentados frente al escenario. Ella bailaba, para no tener nervios, ignoró el público y siguió los pasos con la mente. Glizzad, glizzad y relevé. En el último paso vio que a su compañera se le empiezan a derretir los pies, quiso ir a salvarla, pero ella también se estaba derritiendo. Se dio cuenta quién era el causante, eran las máscaras, que estaban introduciendo un veneno en su rostro.
La máscara empieza a cubrirle los ojos, lo único que ve son un montón de luces rojas. Quería ver un poco más allá, pero la máscara se lo impedía.
Se despertó y se dio cuenta de que todo había sido un sueño, y se alegró de eso.
Fue al ensayo el baile.
Empezaron. Vio a su compañera de baile y eso le hizo acordarse del sueño.
-La noto muy distraída, Dazuki, hasta ayer era una alumna excelente.
-Discúlpeme – dijo agachando la cabeza.
-Bueno entonces sigamos.
-No debo distraerme – pensó.
Siguió perfectamente el ritmo de la música hasta que cuando tuvo que hacer el primer glizzad se quedó tildada, le volvieron los recuerdos a la mente. Volvió en sí al recibir un fuerte golpe en los pies.
-¿Acaso no entiende?
-Perdóneme.
-La próxima vez que te distraigas no bailarás.
Cuando terminó se fue a su casa y se recostó sobre la cama.
Debo dejar de pensar en ese sueño, o podría llegar a invadir mis pensamientos – se dijo a si misma.
Fue hacia el espejo, lo que más apreciaba de ella eran sus bonitos ojos grises.
-Que tonta soy, ya tengo quince años como para dejarme llevar por sólo un sueño.
Dio media vuelta y se fue.
Esa noche soñó algo parecido. En vez de derretirse se convirtió en una mujer llena de maldad, de cabellos blancos, uñas largas y piel lisa, ella era quien manipulaba las máscaras. Llena de maldad disfrutaba ver que se derretían, pero en su interior todavía perduraba su alma verdadera y no quería ver como se morían sus compañeras. Se despertó agitadamente.
Fue al colegio, aunque no pudo dejar de pensar en ese sueño. Ahora creía que era demasiado obvio, era más que un simple sueño.
A la tarde, tratando de relajarse, se le durmieron las rodillas y se cayó al piso y repentinamente empezaron a llegar recuerdos a su mente.
Una niña de unos tres años que estaba en un bosque, tendida en el suelo, desmayada, de repente se cayó una mujer encima, pero ésta en vez de levantarse, se volvió casi transparente y se introdujo dentro de la cabeza de la niña.
Dazuki se levantó, se dio cuenta de que eso no había sido un sueño, sino un recuerdo.
Empezó a pensar. Recordó aquella mujer que se había caído arriba de la niña era muy parecida a la dama de su último sueño. En ese momento sintió un escalofrió. ¿Quién habrá sido esa niña? ¿Por qué recordó aquello? ¿Acaso alguna vez vivió esa escena? Esas preguntas le produjeron más miedo aún.
Ese día faltó al ensayo de danzas clásicas y empezó a investigar en fotos diarios de cuando ella era chica y algunos recuerdos familiares. Pero no encontró nada. Así que decidió ir al pueblo donde había nacido, a una hora de la ciudad.
-¿Por qué quieres ir allí? – preguntó su madre.
-Quiero ir a visitar a mis parientes.
-¿Por qué…?
-Mamá, vuelvo a la noche.
-Está bien, pero ten cuidado.
Al otro día partió, se tomó un remis hasta el pueblo. Aunque era mentira lo de los parientes, ella quiso ir porque sabía que vivía un anciano que tal vez pudiera saber algo sobre ese extraño momento.
Cuando llegó tardó un largo rato en orientarse, ya que hacía mucho que no iba.
Tardó un largo rato en encontrar la casa del hombre. Cuándo llegó tocó la puerta y él apareció.
-¿Qué se le ofrece?
-Disculpe las molestias, pero quería preguntarle algo.
-Pasa.
Le contó todo lo que había soñado y recordado.
-¿Usted sabe algo al respecto?
-Sé una historia.
-¿Podría usted contármela?
-Si, bueno, hace muchos años atrás, un espíritu maligno creó unas máscaras que las llamó “máscaras del infierno”, ya que tenían una conexión con el mal. Estas máscaras, las usaba para torturar, ya que Hosuki, el espíritu maligno, torturaba a la gente inyectándoles un veneno a través de las máscaras. Los humanos le pidieron a Karume, un ángel que habitaba en la Tierra, que hiciera algo al respecto. Karume quiso en recompensa una joven. Tardó dos días en vencer al espíritu maligno, siempre quería que la mujer estuviese al lado. Cuando lo venció no logró matarlo, ya que era muy poderoso, entonces lo selló introduciéndolo en el cuerpo de la niña e hizo un conjuro que después de mil años la jovencita reviviría.
-¿Y qué tiene eso que ver eso conmigo?
-Bueno, todavía no terminé, en aquel entonces la joven era una de las bailarinas de una aldea de Japón.
-Todavía no llego a entender.
-Ella era una bailarina, tú también lo eres -el hombre seguía viendo la cara de confusión de Amalia entonces siguió -Esos recuerdos eran tuyos, tu eres aquella joven.
-No puede ser.
-Pero así es. Lo que no tomó en cuenta Karume es que Hosuki no había muerto, y en tu interior se fue haciendo cada vez más poderoso. Primero se mete en tus sueños, después en tus pensamientos, en tus recuerdos y luego terminas convirtiéndote en ella.
-¿Y qué tengo que hacer para superar eso?
-Lamentablemente nada, auque lo puedes atrasar un poco, si es lo que deseas, y no participarás de tus danzas.
-¡No eso nunca! ¡Era mi sueño! – dijo casi llorando.
-Ya sé que te duele y mucho, pero es tu sueño o tu vida.
-Bueno, al menos tengo un mes para pensarlo, pero necesito que me cuentes algo, ¿qué hicieron con las máscaras?
-Tendré que contártelo del principio, esas máscaras que Hosuki había hecho, eran simplemente unas máscaras de madera. Ella lo que hizo fue agrietarlas y en cada grieta le hizo un conjuro maligno, era un conjuro que unía el mundo con el infierno y luego las forró con una seda roja que hacía que el objeto siguiera como nuevo.
-Pero yo me refiero a qué hicieron después de sellar a Hosuki.
-Dije que te lo contaría del principio, no seas impaciente, bueno, no me interrumpas, ella al ser la creadora, podía manejarlas. Al sellarla, Karume, no pudo destruirlas, ya que no tenían control alguno y también, como te había dicho, estaban forradas con una tela indestructible, entonces, lo que hizo Karume es ponerlas en un cofre con un candado muy particular que sólo ella podía abrir, el cofre estaba lleno de los más poderosos pergaminos y además le hizo un campo de energía para que nadie lo pudiera tocar. Fue llevada por las sacerdotisas y monjes más poderosos a un profundo pozo y lo enterraron. Pero como te había dicho, Hosuki fue aumentando sus fuerzas y destruyó todas las barreras que mantenían selladas a las máscaras.
-Pero… ¿cómo hizo, si estaba en mi cuerpo?
-Era muy poderosa y ahora más aún.
-Ya entiendo, cuando las máscaras vuelven a su dueño aumentan sus fuerzas.
-Si, y además en ese momento ella no podía destruir las barreras, pero ahora sí porque es más fuerte.
-Creo que basta por hoy, ¿si?
-Bueno, hasta luego.
-Adiós.
Volvió por el campo, no quería ir por aquel fastidioso pueblo. Caminaba y miró al horizonte, ¿cómo hubiera sido en esa época? Repentinamente un recuerdo invadió sus pensamientos. La misma mujer, levantaba la cabeza y… ¡no tenía ojos!
Empezó a correr sin sentido de orientación, estaba muy asustada por aquel recuerdo.
Cuando se dio cuenta ya era de noche y estaba perdida en un monte extraño. Trató de no escuchar los sonidos de la noche, pero era imposible, las lechuzas no paraban de cantar y otros animales nocturnos seguían haciendo ruido. La noche estaba muy oscura, con sus ruidos y encima aquel horrible pensamiento. Ya no podía, parecía que todos sus miedos se encontraran allí. Las piernas se le aflojaron y sus ojos empezaron a cerrarse. Un sonoro golpe ahuyentó a las aves. Se había desmayado.
Soñó que estaba en ese mismo monte, volteó su cabeza y se encontró con una luz lejana ¿Acaso sería el pueblo? Decidió correr lo más rápido que podía hasta aquella extraña luz. Cuándo llegó se encontró con un pueblo vacío, en el que sólo había un cofre abierto. Se asomó para ver lo que había adentro. Había unas quince máscaras rojas. De repente escuchó una voz que decía:
-Llévatelas, ¿no es lo que quieres?
-¡Por supuesto que no! Esas máscaras perjudican a la gente.
-Pero no seas ingenua, ¡sabes el poder que obtendrás con estas máscaras!
-¡No quiero convertirme en un ser maligno como tu!
-¿Acaso te quieres resistir? Pues para que te quede claro voy a hacer lo que sea para romper el sello y volver a aquellos maravillosos años.
-Seguramente Karume va a volver al darse cuenta de tu regreso.
-Nadie sabe bien la historia, pero yo estuve allí, así que te contaré el verdadero final.
-Pero… ¿cómo?
-Si, el verdadero final. Tu “salvadora” Karume, cuando los humanos le reclamaron ayuda, ella estuvo cincuenta días observando lo que sucedía. Al ver aquellos desastres, como lo llamarías, le pidió ayuda a los dioses, sus superiores. Ellos le ofrecieron poderes capaces para derrotarme a cambio de su bella vida. Ella de demasiado bondadosa, así que aceptó. Después de sellarme a mí y a las máscaras, murió. El alma se la quedaron los dioses y el cuerpo permaneció en el fondo de un río, que a través de los años, se desintegró.
-Entonces ella no vendrá…
-No creas que todo es perfecto.
-Y moriré igual.
-Tu cuerpo sí, pero tu alma no ya que también es mía.
-No entiendo.
-Tú volviste a la vida después de mil años ya que yo entré en ti.
-¿Yo vivo gracias a ti?
-Si, tu alma no morirá, porque si muere también lo haré yo
-Ahora parece cambiar mucho la historia
-Entonces qué decides. ¿Las llevas o no?
-Será lo mismo llevármelas o no, así que las llevo.
Esas últimas palabras no habían salido de ella, no las había dicho, salieron de su cuerpo.
-Bueno entonces agarra el cofre y vete, yo también voy contigo, porque sino no las podré transportarlas.
Dazuki cayó de rodillas y luego al suelo. ¿Fue verdadera esa conversación?
Despertó. Estaba tendida en el suelo en el mismo monte. Observó el rosado amanecer. Sintió un cambio en el lugar. Se dio vuelta, el cofre del sueño, abierto como lo había visto. Las manos se fueron directamente hacia las manijas. Era muy pequeño, así que lo metió en la mochila. Estaba horrorizada con lo que estaba haciendo. El cuerpo se estaba muriendo.
Llegó a su casa.
-¿Por qué no viniste ayer a la noche como habías prometido? - preguntó su mamá.
-Es que como fui, quisieron que me quede un poco más, y hacía tanto que no los veía me quedé – mintió.
-Bueno, pero me diste un buen susto.
-Me voy a dar una ducha y luego me recuesto, estoy cansada.
Fue al dormitorio, se sentó en la cama y sacó el cofre. Lo abrió, quería comunicarse con esa voz, como en el sueño. Rozó suavemente con el dedo una de las máscaras. No oyó nada pero vio una escritura en su mano que decía “Ve mañana a tu ensayo y lleva el cofre”. Dio un gran suspiro, seguramente no iba a poder controlar las manos y llevaría el cofre.
Al otro día pasó tal como lo pensaba, y lo dejó donde estaban los trajes. Cuando los profesores las vieron, opinaron que quedarían muy bonitas con los trajes, así que optaron por usarlas. Dazuki bailó a la perfección y fue felicitada, auque el demonio estaba manipulando el cuerpo.
Al final de la clase la profesora se para enfrente de se alumnas y les dijo:
-El baile se adelantó y será pasado mañana, las vestimentas ya están y parecen muy bien preparadas.
Un montón de pensamientos invadieron la mente de Dazuki ¿Cómo podía ser tan pronto? ¿No faltaban dos semanas? Dentro de dos días morirían todas sus compañeras y ella también.
En el día trató de no pensar en eso, pero no pudo, entonces se fue a un parque cercano.
Se sentó en un banco. Recordó todos esos recuerdos felices que pasaron alguna vez y que ya llegarían a su fin. Nadie le podría decir “descansa en paz”, ella moriría de una cruel manera.
Unas lágrimas recorrieron sus mejillas.
Esa noche no pudo dormir, estaba muy nerviosa e inquieta. Se asomó por la ventana y vio la Luna. Se acordó de una historia que dice que cuando uno muere el alma queda libre del cuerpo y puede volar hasta el cielo. ¿Esa sería la verdadera fase de la muerte? ¿Por qué ella no?
Se recostó de nuevo y se durmió.
A las siete sonó el despertador.
Se peinó y fue hacia el espejo, dejó el peine y vio algo en la palma de la mano, la acercó a la cara. Era otra escritura, decía: “Al leer ésto tu mente se pondrá en blanco, a partir de hoy no recordarás nada”. Se nublaron sus pensamientos.
Abrió los ojos. Su madre estaba al lado de la de la cama.
-¿Qué día es hoy?
-¡Por dios, hija! ¡Hoy tendrás que bailar!
-¿Pero…? Cuándo… ¿Ayer…?
-Ayer te notabas muy alterada, hacías todo demasiado rápido, tal vez estabas un poco nerviosa.
Se dio cuenta de que el día anterior había pasado en un minuto. ¿Pero el mensaje decía “a partir de hoy no recordarás nada”?
-Ya me acuerdo, estaba un poco dormida -mintió.
-Bueno prepárate que ya nos tenemos que ir.
El momento se acercaba, ya estaba en el teatro. Las entradas ya estaban pagas. Entró en unos de los camarines y los familiares se fueron a los asientos reservados.
Las compañeras la saludaron y les mostraron el traje que se tenía que poner, era un vestido rojo.
-¿Hay algún jardín?, quiero respirar un poco de aire puro para relajarme.
-En la parte trasera – le contestó una.
Caminó por un pasillo y se encontró con un bello jardín con flores, una fuente y bancos. Vio un hombre sentado en un banco. Era el anciano del pueblo.
- ¿Qué hace aquí?
- Me enteré que recuperaste la memoria.
- ¿Cómo sabe?
- Desde que tú me contaste tu historia, te puedo observar tu mente.
- ¿Y por qué vino?
- Porque pasaste un paso.
- No entiendo.
- Sos una persona muy fuerte, si fueras débil, ya no recordarías nada.
-¿Crees que hay una solución para todo ésto? -preguntó esperanzada.
- Si pudiste pasar un paso, con mucho esfuerzo podrás pasar el otro.
-¿Cómo puedo hacerlo?
- Invade tu mente de recuerdos felices y pensamientos de esperanza, no de temor.
-Muchas gracias.
-Adiós.
Diciendo ésto se marchó. Dazuki volvió al camarín.
Ya tenía que ir al escenario. Tenía toda la esperanza de vivir.
En los pasos Glizzad, glizzad y relevé. Una imagen de un ángel en su mente le dijo:
-Sé valiente, yo te ayudaré
Pensó en las cosas más felices que le pasaron en su vida. Las máscaras se cayeron al suelo. Ella no se convirtió en la mujer malvada, sino siguió siendo la misma de siempre.
Algo salió de su cabeza. Era el espíritu maligno. Éste se deshizo en el aire al igual que las máscaras.
Todos salieron corriendo al ver aquella escena.
Dazuki estaba muy feliz de que nadie había corrido daño y de que ella no había muerto.
Al día siguiente fue a visitar al río donde habían sido dejados los restos de Karume, el anciano le indicó el camino, estaba cerca del pueblo donde había nacido.
Arrojó unas flores al agua y miró fijamente el horizonte inalcanzable.
-Muchas gracias por darme tu valentía, Karume.
MARIANELLA GRASSO CERRANO
6º B
En un lejano país vivía un gigante llamado Piero y fue a la casa de un amigo que no quería que viniera a la casa. Y como era malo decidió tomarse unas vacaciones y cada vez se relajaba. Y una vez se fue al jacuzzi y se fue a la casa, y estaban dragones y príncipes y castillos encantados. El que no se levante, quedará para siempre pegado.
LAUTARO GIUDICE
3º
En un lejano país vivía un ogro llamado Cuzco y era mezquino, no compartía, era mal aprendido, te peleaba y sacaba las cosas de las manos a otros ogros. La mamá le decía no saques de la mano. Entonces los ogros se fueron a México y lo dejaron solo y se fueron a México y el ogro empezó a llorar y se puso muy triste y un amigo ogro lo llamó de México y le dijo vení a México, le dijo bueno. Chau. Fin.
JUAN CRUZ GIUDICE.
4º B
SUEÑOS Y REALIDADES
(Mención especial)
Sin saberlo me metí en un mundo desconocido, en el que todo lo que parecía un sueño terminaba siendo una cruel tortura.
Mucho pasé entre cuatro paredes esperando poder ser una más de este temible mundo. Cuando creí que ya lo era me di cuenta que el largo camino recién empezaba. Ya voy cuatro pasos delante de esos doce… pero los siguientes serán cada vez más difíciles.
Todos me preguntan si eso es realmente lo que quiero, pero yo simplemente contesto que hasta que no llegue no podré afirmarlo. Crueles relatos he escuchado… pero ninguno se compara con mi destino.
Sé que me arrepiento de haber empezado, pero ¿qué estoy diciendo?
Yo elegí este destino, y no es hora para abandonarlo. Si la suerte me juega en contra y no logro lo deseado, sabré que hice todo lo que pude.
Al pasar los días con mis fieles compañeros, veo su vacía pero alegre vida como una ayuda. Ellos no lo intentan, pero me apoyan, diciéndome que puedo, que no me rinda, o simplemente haciéndome pasar un buen momento.
Hace veinte minutos que escribo y sin embargo, yo creo que he pasado días enteros sumergiéndome en un vuelo literario… del cual una simple niña de doce años es protagonista.
Me enfrento a retos y aunque pierda, mi cabeza siempre mira hacia arriba, hacia ese futuro, tan lejano pero tan cercano. Si me preguntan por qué escribo anónimamente, sencillamente respondo:
“No es fácil demostrar los sentimientos, pero aún más difícil es tomar la responsabilidad de asumirlos propios. Así yo me libero, no me importa ganar ni perder, lo que me importa es ser sincera conmigo misma.”
YO…
LA GUERRA DE LOS YACARÉS
Yo estoy ahora en la biblioteca leyendo “La guerra de los yacarés”, ¡se me ocurrió una idea! Quiero cambiar la historia.
Bueno, ¿se acuerdan que empezaba en que venía un barco con pescadores que querían adueñarse de la isla en donde vivían los yacarés? Bueno, a mí se me ocurrió que…
Esto sucedió en un lago muy chiquito, en donde vivía una familia de yacarés. En realidad vivían, porque solamente quedaron dos: un yacaré abuelo y otro nieto.
Un día vieron en el horizonte un camión muy grande y adentro había personas que querían convertir el lugar (donde vivían los inofensivos animales) en una ciudad.
Los yacarés estaban preparados y atacaron poniendo todos los habitantes del lugar, excepto los de la otra orilla, porque no se habían enterado de lo que estaba sucediendo.
Llegó el día en que todos iban a atacar y perdieron los animales, pero por suerte no hubo nadie lastimado. Los animales no se iban a dar por vencidos, así que prepararon nuevas armas, haciendo y llamando a los de la otra orilla, pero se olvidaron de la familia de zorrinos.
Y otra vez perdieron y lo único que faltaba eran los zorrinos.
Todos se preguntaban que podían hacer esos zorros, pero en miniatura, pero igual era lo único que les quedaba.
No lo van a poder creer, pero ganaron muy limpiamente y olorosamente. Porque como ustedes saben los zorrinos se defienden largando su feo y horrible olor.
¿Les gustó? Qué bueno, y ahora saben, cuando estén aburridos, lean un cuento y cámbienlo.
M. VICTORIA SANTILLI
4º D
(Mención especial)
Ya es de noche y tus ojos brillan al compás de las estrellas. La luna es simple como tu boca.
AYELÉN GOICOECHEA
4º A
EL SÓTANO DE LOS FERNANDEZ
(Primer premio 6º y 7º grado)
-¡¿Acá?!
-Si, ¿no es hermoso?
-¡¡Guau!!¡Copado!
Si había algo en el mundo menos copado para Camila, eran los chalecitos con estilo norteamericano de los que debía haber uno solo en toda la Argentina. Y justo a ella le estaban diciendo que viviría allí. Le daban claustrofobia, mucho sueño, y sensación de no tener privacidad. Además se habían mudado a ese pueblito de morondanga donde debía haber un solo cine y ningún shopping. Y como si eso fuera poco, en dos días era el recital de Ricky Martín en el Gran Rex. ¡Y sus papás no la dejaban ir porque “tienen que armar la casa”! ¡¡Y ya había comprado las entradas!! Ella podía ir perfectamente sola, ya tenía quince años. Pero no, que era inseguro, que tendría que quedarse una noche en Bs. As., que el micro era caro, y bla, bla, bla.
El viaje no había sido mejor. Las únicas cosas que tenía para entretenerse eran sus walkman y el diario Clarín de ese día cuya única noticia interesante era que seguían buscando desde hacía cinco años a un asesino estadounidense exiliado en la Argentina que se había escapado de la cárcel y que... ¿cómo se llamaba? ¡Ah, si! Michael Parr.
Nicolás pensaba todo lo contrario. Le encantaban ese tipo de casas, con millones de escondites, pasillos... es más, seguro que había montaplatos. Nico siempre había soñado con ir en uno de ésos como los chicos de las películas. Seguro que entraría en uno aunque tuviera forma de caja, ya que a pesar de tener diez años era bastante petizo y flaco.
Él estaba contento de dejar Buenos Aires, esa ciudad insegura donde los papás no lo dejaban andar sólo. Esa ciudad contaminada, donde ni se podía respirar. Lo único que extrañaría serían sus amigos. Pero él podría ir a visitarlos cuando quería. No había que hacerse problema con eso.
En el viaje ni tiempo tuvo de aburrirse. Ésa noticia sobre Michael Parr lo entretuvo bastante. Las noticias y novelas policiales le fascinaban. En el viaje no paraba de mirar la foto que le habían sacado a Parr pocos días antes de que se escapara. Era un hombre apuesto, de pelo rubio claro y ondulado. Sus ojos eran de un hermoso negro azabache, y en la foto tenía una mirada penetrante y una expresión de odio en el rostro. Nico lo miró hasta el momento en que llegaron a la nueva casa, que era precisamente en donde se encontraban en ese momento.
-¡Arriba todo el mundo para ayudar a sacar las cosas del baúl! ¡Cristina, andá a pagar a los del flete! ¡Camila! ¡Sacáte esos aparatos de las orejas y vení a sacar tu valija! ¡Nico, vos también vení a ayudar!
Roberto, el papá de los chicos, gritaba como un loco para que todos ayuden a sacar las cosas del baúl pero mientras lo hacían se quedó tomando mate y charlando con los del flete mientras la familia sacaba todo del auto. Su excusa era “manejé toda la mañana. Ustedes también hagan algo.”
El descargue de cosas del baúl y del camión duró una hora y veintitrés minutos. “Por la desorganización” repetía una y otra vez la madre. Después, el poner cada cosa en su lugar y decidir el lugar de cada cosa llevó aproximadamente cinco horas y media, o sea, el cuádruple.
Recién almorzaron a las 4:30. Camila y Nico, ilusionados con un gran festín de bienvenida al “Chalet Parr” (así se llamaba la casa), tuvieron que contentarse con fideos de manteca y agua de la canilla, todo ésto sentados en el piso. Los padres no comieron mucho mejor. Sopa de verduras en un día de verano con un poco de pan que oportunamente les regaló una nueva vecina en bienvenida al barrio.
Durante la comida estaban todos en silencio por el cansancio. Hasta que golpearon a la puerta. La mamá fue a atender.
-¿Si?
-Hola, querida, disculpá ¿Ustedes son los nuevos vecinos? -preguntó una viejecita muy arrugada y encorvada.
“Pregunta obvia” pensó Camila.
-Si, si, llegamos a la mañana.
-¿Hoy?
“Otra pregunta obvia”.
-Si, si, ahora estábamos almorzando.
-¿A esta hora?
“Otra más”.
-Si, acabamos de terminar de acomodar todo.
-Ah, bueno, yo les quería decir que, yo tengo la costumbre de cenar con los nuevos vecinos en su casa. ¿Les parece bien a las 7?
-Cómo no señora, la esperamos.
-Bueno, hasta lueguito entonces.
-¡Chau!
“Perfecto -pensaba Camila- para colmo no voy a poder ir a dormir temprano”
Decididamente esos factores no lograban entusiasmar más a Camila.
Al terminar de acomodar las cosas en su cuarto, o mejor dicho, de hacer una montaña de cajas y valijas desparramadas, Nico decidió poner en marcha su primera misión en esa casa: investigar el Chalet Parr. Primero, agarró su bolsito de detective. Ahí tenía algunas cosas que podría necesitar, como una libreta y un lápiz para anotar las cosas que viera en el camino, una lupa, una linterna y un trapito por si estaba sucio. Pero después llevaba cosas que no le servían demasiado. Un microscopio (que tenía la lente sucia), una lapicera-grabadora (que no grababa absolutamente nada), un plumero (al que le quedaban pocas plumas), un walkie-talkie (para hablar con quién, no lo sabía) y talco, que él decía que usaba para ver las huellas digitales (aunque no veía un pomo).
Nicolás se colocó una campera de detective y se puso manos a la obra. Entró en toda puerta que se le cruzaba en el camino, abrió todos los cajones y armarios que puede haber en una casa, caminó por todos los pasillos que atravesaban las habitaciones y otros pasillos, subió todas las escaleras, todo eso entre otras cosas. Después, sacó una libretita de su bolso y anotó:
Pisos Planta baja- 1° piso- 2° piso
Escaleras 2 en c/piso
Montaplatos 2 (rojo y madera)
Pasillos 6
Baños 1 en c/piso
Que allí había montaplatos lo descubrió con gran alegría luego de revisar cada rincón oculto detrás de una puerta, sea o no sea corrediza, sea grande o chica, de madera o de metal. Por su afición a estos objetos se fijó por dónde pasaba cada uno en los tres pisos, ya que cada montaplatos tenía un color diferente, entonces era fácil distinguirlos. Luego anotó:
Montaplatos Planta Baja 1° piso 2° piso
Rojo comedor cuarto de Cami oficina de papá
Madera cocina pasillo central taller de pintura de mamá
Ya tenía toda la información que necesitaba. Ahora podía descansar después de tanto “explorar”. Estaba yendo a su cuarto pero al pasar enfrente del cuarto de Camila chocó contra ella. Llevaba una caja abierta con cosas que sobresalían de la caja.
-¡¡Mirá por donde vas, nene!! gritó ella. Se le había caído un cuaderno forrado color rosa con un corazón en el centro.
-No parece que vos estuvieras haciendo lo mismo, contestó Nico de mal modo.
-¡Y que querés, yo estoy con la caja! ¿Levantás eso por favor?
Malhumorado, Nico se agachó para agarrar el cuaderno cuando leyó en un costado:
“Diario íntimo de Camila P.”
Una sonrisa se dibujó en su cara. Camila lo sacó de sus pensamientos.
-Perdón, debí aclarar que lo quería para hoy.
-Si lo querés, sacámelo, dijo Nico y salió corriendo.
Hasta el momento, Camila no había tenido tiempo de ver qué se le había caído, pero al ver la sonrisa pícara de su hermano y el color rosa del cuaderno se dio cuenta de lo que pasaba y palideció. Lo último que quería era que su hermano leyera su diario íntimo, así que se dio vuelta y gritó con todas sus fuerzas:
-¡¡¡¡DEVOLVEME ESO!!!!
-¡Vení a buscarlo!
Camila entró como un rayo a su cuarto, dejó la caja en la cama y salió corriendo detrás de su hermano.
Con Camila corriéndolo no era cosa fácil escapar, eso Nicolás lo sabía muy bien. Mientras corría cruzando pasillos, encontró lo que buscaba. Abrió la puerta del montaplatos que había en el pasillo, pero se dio cuenta de que si entraba no iba a poder subir ni bajar y entonces Camila lo encontraría fácilmente. Buscó la cajita incrustada en la pared donde estaban los botones para subir o bajar el montaplatos y apretó el botón para que baje ya que él lo había dejado en el piso de arriba. Pero de repente, algo lo sorprendió. En vez de tener dos botones, uno para subir y otro para bajar, tenía tres. Los dos primeros eran grandes y rojos, y el tercero chiquito y de madera, pasando desapercibido. Debajo tenía una plaquita de madera que decía:
“Pasillo conector”
Nicolás no entendió que significaba, pero se arriesgó y lo apretó. Inmediatamente, el montaplatos empezó a bajar. Como el montaplatos tenía paredes y techo, Nico tuvo que apurarse para meterse en él justo antes de que el techo desapareciera dentro de la pared.
Camila corría con todas sus fuerzas por el largo pasillo hasta que vio la puerta del montaplatos abierta y la caja de los botones también. Lo que no distinguió fue el botón de madera ni la leyenda que tenía abajo. “Seguro que fue hacia abajo, donde está mamá” se dijo y salió corriendo escaleras abajo.
Al caer en el montaplatos, Nico se golpeó la cabeza. Esto lo aturdió un poco al principio, pero se recuperó enseguida. Luego intentó acomodarse, cosa no tan fácil ya que el techo era bajo.
Apenas terminó de acomodarse, el montaplatos dio una fuerte sacudida y se abrió la puerta dejando a la vista un largo pasillo metálico, parecido a los del aire acondicionado. Nicolás empezó a gatear por el pasillo. Apenas su pie terminó de salir del montaplatos, éste empezó a subir. Eso era lo que temía. ¿Y si se quedaba atrapado ahí para siempre? “Todo está bien” se dijo aunque no muy seguro. Se armó de valor y siguió gateando. No pudo distinguir qué había al fondo hasta que estuvo a medio metro. Era otra botonera, sólo que esta vez roja, y al lado la puerta del segundo montaplatos. Pero algo le llamó la atención; en vez de sólo cuatro botones, éste tenía un quinto. Debajo había una plaquita que rezaba:
SÓTANO
Nico quedó petrificado. Jamás se le habría ocurrido que allí hubiera un sótano en esa casa. Entusiasmado, llamó al montaplatos y apenas llegó, apretó el botón que iba hacia el sótano y se metió en el montaplatos. Camila nunca se animaría a ir a un sótano, él lo sabía…
Camila bajó corriendo las escaleras y empezó a recorrer la planta baja. Primero se dirigió hacia la cocina, que era donde suponía que lo dejaría el montaplatos. Fue palpando las paredes para encontrarlo. Y lo encontró. Abrió la puerta y metió la cabeza en el agujero. Ni rastros del montaplatos. Sacó la cabeza decepcionada.
Salió de la cocina y entró en el comedor para ir en dirección a las escaleras. Seguramente el montaplatos lo había dejado en el segundo piso. Y ella perdiendo el tiempo en la cocina. Apuró el paso. Mientras caminaba iba golpeando las paredes del comedor. Por costumbre. Pero de pronto se detuvo; había escuchado un sonido hueco al golpear la pared. Se volvió y entonces vio la puerta de otro montaplatos y al lado la botonera. Se fijó en los botones que tenía:
LLAMAR
TALLER
PASILLO
SÓTANO
El último estaba brillando, indicando así que el montaplatos se dirigía hacia allí. Camila primero palideció, y después se puso roja de rabia. El tonto de su hermano (por no decir algo peor) lo había hecho a propósito. Ella no iba a permitir que su hermano leyera su diario íntimo, pero no tenía ningunas ganas de bajar a un sótano, después de lo que le había pasado...
Apenas el montaplatos dio una sacudida, la puerta de éste se empezó a abrir sola. Nicolás bajó cuidadosamente. Para su sorpresa, había una lamparita prendida colgando frágilmente del techo. “Papá debió descubrir una entrada y la prendió” pensó. No le dio demasiada importancia.
El sótano daba miedo. Las paredes eran de tierra y el techo de cemento pintado con lo que alguna vez había sido pintura blanca, pero ahora era gris. En un rincón habían botellas de cerveza vacías y en otro cajas de madera.
Nico se sentó en el suelo y se puso a leer por fin el diario de su hermana:
15/ 07 / 06
Querido diario:
Hoy Julita Martínez me dijo que...
No se llegó a enterar qué era lo que “Julita Martínez” le había dicho a su hermana el 15 de julio porque en ese momento una sombra le tapó la luz. Levantó la mirada esperando ver a su papá pidiendo una explicación pero no fue eso lo que vio. Nada de eso. Nico soltó un grito ahogado. Ahí, amenazándolo con una navaja, estaba un hombre, un hombre cuyo rostro Nicolás había observado toda la mañana.
Camila caminaba de un lado a otro pensando qué hacer. Aunque se animara a bajar, no sabía por dónde entrar. ¿Habría una entrada por donde ella pudiera pasar? Porque ella no entraba en el montaplatos, claro, teniendo quince años…
-¡¡Ay!!
Camila soltó una palabrota. Había tropezado con algo que había debajo de la alfombra. La levantó un poco y vio una manija de metal incrustada en el piso. Corrió la alfombra y vio que en realidad estaba sobre una puerta trampa.
¿La abría o no la abría? Estaba claro que esa era la entrada al sótano. ¿Pero bajaba? Y... no se animaba. A los ocho años se había quedado sola en uno y le había pasado algo horrible. En ese momento le encantaban los sótanos, tanto que se quedaba horas jugando en ellos. Pero aquel día se había quedado sola cuando de repente se le acercó una rata y, sin que Camila se diera cuenta, la mordió. Camila había tenido que estar diez días en el hospital ya que la rata tenía una infección. Desde entonces no se animaba a ir a sótanos o a viajar en subterráneo.
Camila estaba indecisa. ¿Bajaba o no bajaba? Por un lado, ya tenía quince años, ya no era chiquita. Pero por otro lado eso también le podía pasar a un adulto. No sólo a alguien de ocho años para abajo. Pero no tenía opción. Así que se armó de valor y abrió la puerta trampa.
Nicolás estaba aterrado. Los cinco años de prófugo no habían pasado inadvertidos en el rostro de Michael Parr. Sus facciones no eran ya tan apuestas como cinco años atrás y su pelo no estaba tan sedoso y corto como en la fotografía.
Con mirada triunfante y sonrisa maliciosa, Parr habló con voz ronca:
-Nunca pensé que tendría que protagonizar semejante acto de canibalismo, pero hace dos meses que no como algo que se parezca a carne. Además, no me gustaría que andes diciendo por ahí cual es mi escondite.
Alzó la navaja para dar un golpe fatal pero, por simple torpeza, Nicolás chocó contra una pila de cajas que se encontraba detrás de el. Gracias a esta acción, cajas que había en la cima cayeron a los pies de Parr. Nicolás aprovechó la confusión para escabullirse entre las piernas de Parr y atravesar el sótano hasta trepar unas cajas de madera quedando así un metro más alto de lo que realmente era.
Michael Par se acercó a él y antes de que Nicolás pudiera prepararse Parr lo había aferrado del tobillo, dispuesto a no soltarlo hasta que dejara de respirar.
Desesperado, Nico se retorció y pataleó intentando desprenderse de la mano del asesino. Súbitamente, se cayeron las cajas en donde estaba parado el chico y aplastaron a Parr dándole ventaja a Nico, quien por poco voló hacia el montaplatos, presionó un botón y subió a la caja en el momento en que, detrás de él, se abría la puerta trampa y apareció la cabeza de Camila asomándose en el sótano.
El montaplatos se detuvo. Nicolás seguía agitado. Esperó unos segundos antes de abrir la puerta, ya que quería tranquilizarse un poco, pero luego se dio cuenta de que Michael Parr podía hacer bajar el montacargas antes que él saliera. Abrió la puerta, salió, y recién en ese momento se dio cuenta de que estaba en el primer piso, ya que con el apuro no se había fijado qué botón apretaba. Tomó aire y corrió escaleras abajo en busca de Camila. Sus papás se habían ido a la casa de un viejo conocido que vivía en el pueblo, volvían una hora después. Se sorprendió al no verla en la cocina, ni en el hall, ni en el salón...
En el comedor había algo raro; la alfombra estaba corrida. Se oyó un grito ahogado y ruido de cosas golpeándose. Nicolás se acercó y vio la puerta trampa abierta. Palideció.
“Camila entró”.
Al abrir la puerta trampa, Camila escuchó un estruendo de cajas que caían. Se asomó y no vio a su hermano, como esperaba: vio un tumulto de cajas de madera (algunas con leyendas que decían cosas tipo: “tomates AMON” “RITITO botellas”) con una persona sepultada debajo que empezaba a moverse. Con algo de miedo, bajó por una escalerita de mano que había puesto quién sabe quién, quién sabe cuándo. No paraba de girar la cabeza hacia atrás así no le daba la espalda al misterioso hombre que supuestamente todavía no la había visto. Cuando pisó el suelo, vio que en la pared que tenía delante, aparte de su sombra, se proyectaba la figura de un hombre con algo filoso en la mano que a Camila le hacía acordar al cuchillo que usaba el carnicero del barrio en el que vivía en Buenos Aires.
Gritó como en las películas. Alcanzó a correrse a tiempo para que el hombre no le clavara el puñal que tenía en la mano. Empujó la escalera de mano hacia el asesino y le empezó a dar con cajas. Parr, que ya estaba medio atontado por las cajas que se le cayeron encima con Nico, el golpe de la escalera contra su nuca sumando las cajas que le lanzaba Camila lo desmayaron. Mientras caía soltó el cuchillo con el que se disponía a asesinar a Camila, quien se apuró en recogerlo y quedar apuntando a su atacante con él.
Eso fue lo que vio Nico cuando, pálido como la muerte, se asomó por el agujero de la puerta trampa; al fugitivo, sangrando por un costado del labio, echado medio muerto en el piso con un tumulto de cajas encima y una escalera de mano metálica al lado, y a su hermana, despeinada y con rasguños, apuntándolo con un cuchillo. Estaba boquiabierto.
-Ni sueñes que te salvás de ésta, le advirtió Camila al verlo.
-¿Co... cómo lo hiciste? Preguntó Nico haciendo caso omiso al reciente comentario de su hermana
-Después te cuento, ahora ayudáme a poner de nuevo la escalera así salimos.
-¿Y si el tipo se despierta?
-Ya vamos a estar afuera. Ahora vení y no discutas.
-Y si nosotros estamos afuera, él agarra y sube también, mirá qué vivo.
-No, porque la escalera ya no va a estar. Mientras yo llamo a la policía, vos sacá la escalera.
-¡¿Yo?!
-Si, dale.
No le dio tiempo para protestar. Subió las escaleras y se fue a la cocina. Malhumorado, Nico empezó a hacer fuerza desde arriba para subir la escalera, cuando sonó el timbre. Era la señora que había ido al mediodía, a la que llamaban Doña Pocha. Nicolás atendió.
-Hola queridito, disculpáme, vengo a traer esto para la cena y te quería pedir que me dijeras qué van a comer, dijo sin respiro Doña Pocha señalando unas botellas de vino que traía en una mano y entrando como si nada en la casa.
-Estee... espéreme, ya vengo, se excusó Nico tratando de escapar a preguntarle a Camila qué tenía que decir.
-¿Dónde te dejo ésto, chiquito? preguntó Doña Pocha señalando nuevamente las botellas.
-Eh... donde quiera señora..., por ahí... ya vengo, contestó impreciso el chico y fue en busca de su hermana.
“Cómo cooperan los chicos de ahora” pensó irónicamente Doña Pocha.
Buscó con la mirada un lugar ideal para poner botellas de vino. Al ver la puerta trampa se dijo “La bodega. Justo. Me va a venir bien bajar de nuevo por esas escaleritas.”. Y bajó la escalerita.
“Tenía que llegar ahora la vieja esa” pensaba Nicolás mientras iba a la cocina.
-Problemas.
-Uy, ¿ahora qué pasa? respondió alarmada Camila.
-La vieja que vino en el almuerzo pregunta qué vamos a comer esta noche.
-Metéle cualquier cosa y después decimos “uy, me equivoqué” aunque no creo que tengamos mucha cena con un asesino en el sótano.
En ese momento se oyó el segundo grito del día. Se miraron.
-¿Dón-de-es-tá-la-vie-ja? preguntó temiendo lo peor Camila.
-En el comedor... respondió con voz ahogada Nico.
Con las últimas fuerzas que les quedaban, los dos hermanos fueron agarrados de la mano al comedor. Allí no vieron a Doña Pocha. Cami señaló la puerta trampa. Se asomaron y allí estaba, tirada en el suelo, no sabían si viva o muerta. Ni rastros de Michael Par.
-Te olvidaste de sacar la escalera, susurró Camila.
Nicolás asintió con un nudo en la garganta.
Michael Par había vuelto a escapar.
SOL RIEZNIK AGUIAR
7° B
EL HOSPITAL EMBRUJADO
Había una vez un grupo de chicos que estaban jugando a la pelota, cuando uno de ellos comentó que en esas épocas remotas el hospital tenía fantasmas, pero nadie le creyó.
Más tarde, uno de los chicos llamado Valentín pateó la pelota y, sin querer, rompió el vidrio de la ventana y sin darse cuenta le pegó a uno de los “pacientes” y se escuchó un grito tenebroso y todas las luces del hospital se apagaron. Los chicos se sintieron culpables y quisieron recuperar la pelota, por eso accedieron al hospital.
De repente Valentín escuchó un ruido, era la puerta que cerraba repentinamente. El hospital sufrió un temblor y en el piso de arriba se escucharon ruidos.
Los chicos subieron al piso de arriba cuando casualmente vieron un cadáver y unos centímetros delante una cuerda diciendo:
–¡Es el paciente al que le pegué accidentalmente!
Minutos después encontraron una puerta que se dirigía al cuarto donde se hallaba la pelota. Un chico amigo de Valentín, Felipe, entró, tomó la pelota y luego comentó que había un cementerio enfrente del hospital. El cementerio se llamaba “La Chaveta”, luego desde la ventana comenzaron a mirar el cementerio y desde entre las tumbas salió un monstruo que señaló a los chicos, y luego entró al hospital, se escuchó la puerta de entrada.
Los chicos tuvieron miedo y por eso cerraron la puerta, la aseguraron con llave de manera que desde afuera no pudiese abrirse.
Los chicos estaban muy nerviosos, estaban en silencio, cuando detrás de la puerta cerrada con llave, alguien subió la escalera. Valentín dijo, apenas susurrando:
–Es todo por mi culpa…
Pero también Felipe dijo:
–No es tu culpa, todos estábamos jugando.
Unos segundos después alguien intentó abrir la puerta y después de intentar mucho gritó de furia.
Valentín ideó un plan para escapar, lanzando una cuerda hasta abajo, pero había un problema: la cuerda quedó afuera de la habitación en la que estaban los chicos, por eso había que arriesgarse, pero si salían bien podrían escapar.
Abrieron la puerta, todo era silencio y tenebrosidad, los chicos miraron por todas partes: unos centímetros más adelante del cadáver del pasillo la cuerda seguía intacta y la tomaron, pero la puerta de la habitación anterior se cerró repentinamente. Valentín intentó abrirla, pudo, pero cuando estaban entrando apareció el monstruo corriendo. Valentín cerró inmediatamente la puerta con llave del lado de adentro y el monstruo comenzó a golpear la puerta como la vez anterior. Luego paró de golpear y luego comenzó de vuelta y no golpeaba con la mano sino con un martillo y la puerta en cualquier momento podía romperse, por eso los chicos empezaron con su plan: abrieron la ventana y comenzaron a lanzar la cuerda. Una vez sujeta empezaron a bajar.
Sólo tenía que bajar Valentín, pero la puerta cayó y el monstruo lo iba a asesinar y bajó lo más rápido, pero el monstruo cortó la cuerda y se cayó.
Valentín, Felipe y los demás siguieron corriendo sin darse cuenta que estaban entrando en el cementerio. Juan, otro de los chicos, miró hacia atrás y el monstruo los perseguía, se dividieron entre las tumbas y el monstruo empezó a perseguir a Juan y a Felipe. Rápidamente, Valentín ideó una trampa rápida con la cuerda en la que el monstruo cayó, gracias a que Juan y Felipe lo distrajeron, luego echaron a correr. Pero el monstruo logró soltarse y empezó a perseguirlos. Los chicos llegaron hasta un acantilado por el que habían venido para jugar.
Los chicos cruzaron por ahí y cuando estaba por romperse el puente por el que habían cruzado, el monstruo intentó cruzar al igual que los chicos, pero el puente se quebró y el monstruo cayó al vacío.
Desde ese día, ese lugar se conoció como la tierra del hospital embrujado.
LUCAS ROMERO Y NICOLÁS PULICE
7º B
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